10/06/2026
Mitad de junio, los niños terminan el colegio y empieza el rompecabezas: cuadrar la escuela de verano, encajar los días con los abuelos, hacer malabares con el trabajo... Y en medio de ese caos, abrimos las redes sociales y se inundan de vídeos con planes idílicos, viajes increíbles y manualidades perfectas de verano.
La culpa aparece de golpe: “Siento que no les doy el verano que merecen”.
Deja la culpa.
Las redes sociales a veces son un escaparate poco realista que distorsiona el día a día de las familias trabajadoras.
Organizar el verano para poder cumplir con tus obligaciones laborales no te hace peor madre ni peor padre; te hace un adulto responsable en un sistema donde la conciliación real es, por desgracia, un mito.
Nuestros hijos no necesitan una agenda llena de planes extraordinarios para ser felices. El cerebro infantil y su bienestar emocional se nutren de la presencia y de las cosas más sencillas:
🍦 Bajar a por un helado a última hora de la tarde, cuando el sol ya no pica.
💬 Tener una charla larga y sin mirar el reloj, de esas que el estrés y las prisas del curso escolar no nos permiten.
🧩 Jugar un rato en el suelo de casa sabiendo que ya no hay que repasar ningún examen para el día siguiente.
A todos los papás y mamás que estáis ahora mismo haciendo malabares y encajes de bolillos para llegar a todo: lo estáis haciendo genial.
Yo soy Erika, de Neuroavanza,
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