11/08/2026
¿TU VIDA SE PARECE A UNA SALA DE ESPERA?
Imaginemos a una persona sentada en la sala de espera de una estación. Sabe que está allí solo de paso. En algún momento llegará su tren y tendrá que marcharse. Y precisamente porque sabe que no va a quedarse, quizá no le importe demasiado cómo está ese lugar. Puede tirar algo al suelo, ensuciarlo, dejar las cosas desordenadas o simplemente no prestar atención. Al fin y al cabo, piensa: «¿Qué más da? Me voy a ir».
A veces me pregunto si nosotros hacemos algo parecido con nuestra propia vida.
Vivimos pensando que la vida de verdad empezará después. Después de terminar los estudios, de conseguir ese trabajo, de encontrar pareja, de tener hijos, de superar esta etapa, de ganar más dinero, de sentirnos mejor, de conseguir aquello que llevamos tanto tiempo esperando.Y mientras tanto, esperamos.
Esperamos que llegue ese momento en el que todo encaje y podamos empezar a vivir como realmente queremos.El problema es que, mientras esperamos, hay una vida que está sucediendo. Esta. La de ahora.
Y cuando ponemos toda nuestra atención en llegar a un lugar determinado, podemos terminar descuidando el camino que nos lleva hasta allí. Podemos dejar de cuidar nuestras relaciones, nuestro cuerpo, nuestros espacios, nuestro descanso o incluso nuestra manera de hablarnos. Podemos acostumbrarnos a vivir cansados, a posponer lo que necesitamos y a decirnos que ya habrá tiempo más adelante.Pero ese «más adelante» no está garantizado.Y tampoco sabemos cuánto durará esta etapa en la que estamos.
Por supuesto, tener objetivos es importante. Querer cambiar, crecer o conseguir determinadas cosas forma parte de la vida. El problema no está en querer llegar. Está en creer que "solo cuando lleguemos podremos estar bien".Porque entonces corremos el riesgo de sacrificar demasiadas cosas por el camino.
Y quizá un día consigamos aquello que tanto queríamos y nos demos cuenta de que hemos llegado muy lejos, pero bastante lejos de nosotros mismos.
La manera en la que vivimos mientras perseguimos nuestros objetivos también importa. Mucho.Nos va moldeando. Cada pequeña decisión, cada límite que ponemos o que no ponemos, cada vez que nos cuidamos o nos abandonamos, cada forma de relacionarnos, de afrontar una dificultad o de hablarnos cuando las cosas no salen como esperábamos, va dejando huella.
Por eso quizá sea interesante hacerse de vez en cuando una pregunta diferente. No solamente «¿a dónde quiero llegar?», sino «¿cómo estoy viviendo mientras llego allí?» Y quizá también: «¿Qué estoy dejando para después que podría empezar a cuidar ahora?».