21/08/2026
El as*****to de Laura, congoja social y mediática… de cuatro días
Una reflexión sobre lo efímero de nuestra preocupación ante una de las problemáticas más graves de nuestra sociedad
Han pasado solo unos días y ya apenas si se te menciona, Laura. Un estruendoso silencio ha caído sobre tu as*****to. Cada vez todo es más efímero, no nos quedamos ni con los remordimientos de lo que se podía haber hecho para que no te matara tu ex de forma cobarde y cruel, disparándote en el cuartel, ante tus compañeros, en tu puesto de trabajo.
Cualquier noticia de fútbol dura más días en las noticias y en nuestras vidas.
Dicen que eras buena gente, Laura Cruz Vega, nacida en Madrid y vecina de Llanes, generosa, cabal, guardia civil vocacional y comprometida, entregada en cuerpo y alma a tu comunidad, que querías tan solo vivir en paz y que tus hijos crecieran tranquilos. Ha sido evidente que fuiste muy querida y apreciada, pero, ya ves, ni tu bondad ni la protección de tu gente fueron suficientes ante la sed de venganza de tu asesino.
Desde tu separación, hace 12 años, tu vida se convirtió en un calvario. Brutales agresiones ante tus hijos y ante tus compañeros (con anterioridad ya te había pateado y roto dos dientes en tu lugar de trabajo), amenazas y coacciones (“tú haces lo que yo quiero y como yo quiero”, te decía), control patrimonial y económico (viviste condenada a una hipoteca porque él no quería firmar), tortura psicológica (te llegó a denunciar, ¡por vía penal!, 45 veces por absurdeces, solo “por joder”, tal y como él mismo llegó a confesar).
Y te acabó matando por odio, Laura. Ese odio que, a diferencia de la ira, se va cronificando con permanentes rumiaciones mentales de venganza, de hacer daño. Ese odio que se nutre del sesgo atribucional de culpabilizar a los demás de los propios errores. Ese odio que nace de un ego inseguro y frágil. Ese odio que se aviva con la gasolina del discurso anti género y de la creciente difusión de contenidos misóginos en las instituciones, en las redes y en las conversaciones de amiguetes.
El que te hubieran denegado, además, las medidas de protección que habías solicitado en diciembre, no te fue de gran ayuda, la verdad. Que no había “situación objetiva de riesgo”, dijeron.
Tú diciendo claramente que te iba a matar.
Y lo hizo.
Y durante cuatro días nos hemos rasgado las vestiduras dando vueltas y vueltas al cómo pudo haber pasado.
Y los de siempre han vuelto a desparramar, cual ma****lo pilón, su interesada ideología, negando que la violencia machista requiera de un tratamiento específico, por su frecuencia, por su impacto, por los mecanismos psicológicos que la mantienen, desmantelando, en cuanto pueden, organismos y políticas de protección frente a las violencias machistas.
Pues nada...
Cuatro días y a otra cosa, Laura...
Ya, si eso, lo de formar en los buenos amores, en las relaciones igualitarias, en la tan necesaria educación afectivo-sexual, lo seguimos dejando a la buena voluntad de excelentes profesionales y de algunas administraciones sensibles con la educación como herramienta de prevención y de cambio.
Mientras, demasiadas mujeres, como tú, en peligro, demasiadas mujeres que viven cruzando los dedos para que el odio y la venganza no aniden en los corazones de aquellos con quienes compartieron o comparten un pedazo de sus vidas.
¿De verdad vamos a dejar que esta ruleta rusa siga girando?
¿De verdad nos vamos a olvidar de ti y de cómo se podía haber evitado tu as*****to?