06/05/2026
Hoy es el Día Mundial de la Salud Mental Materna. Y este año lo vivo distinto. Por empezar, sé cuándo es, el primer miércoles de mayo.
Y aunque, como siempre, he dudado si compartir esto o no, al final me he decidido. Porque yo también he sido (soy) esa madre que, desde fuera, parecía que estaba bien. Que tenía un embarazo controlado. Que iba pasando etapas. Que escuchaba “todo está bien” y aun así no conseguía apagar del todo el miedo. Y, sigo sin apagarlo a día de hoy.
El postparto me ha caído como un tsunami. Nunca había sentido tanta bipolaridad en mis emociones como ahora.
Y luego está : La caída emocional. El agotamiento. No dormir durante meses. La lactancia. El duelo de no poder dar más pecho. El dolor físico. La soledad. No reconocerte en el espejo. Sentir que no llegas. Sentir que no siempre te entienden. Sentir que no tienes suficiente apoyo.
Y aun así, escuchar demasiadas veces que “es normal”. Pero que algo sea frecuente no significa que no importe.
La salud mental materna no siempre se ve como una depresión de manual. A veces es ansiedad. Insomnio. Rumiación. Pensamientos intrusivos. Alerta constante. Culpa. Irritabilidad. Desconexión. Sensación de estar sosteniéndolo todo por fuera mientras por dentro te estás rompiendo.
Desde que comparto mi experiencia con la maternidad recibo muchísimos mensajes de madres contando que también están desbordadas, solas, agotadas o sintiendo que no pueden más. Y me parece demasiado. Y me preocupa que tras ese mensaje se esconda algo más que nadie ha detectado, que nadie se ha preguntado, que todos han normalizado. Y si este post ayuda aunque sea a una persona, ya me sentiré contenta por haberlo hecho.
Porque cuidar a una madre también es cuidar a un bebé.
Si esto te resuena, no lo vivas sola. Habla con tu matrona, gine, médica de familia, psicóloga perinatal o profesional de confianza. Y si aparecen pensamientos de hacerte daño, de desaparecer o de que tu familia estaría mejor sin ti, pide ayuda urgente.