22/06/2026
Nos han dicho que nuestro apego perjudica a quien ha partido.
Y esa creencia, lejos de ayudar, puede añadir una carga enorme al duelo.
Muchas personas terminan sintiendo culpa cada vez que lloran, recuerdan, extrañan o hablan con amor de quien ya no está.
Entonces aparece un pensamiento doloroso: "Si sigo sintiendo esto, quizá le estoy impidiendo avanzar."
Desde mi experiencia acompañando procesos de duelo, esta idea suele generar más sufrimiento que alivio.
El duelo necesita ser vivido, sentido e integrado. Intentar dejar de amar, de recordar o de sentir por miedo a perjudicar al otro puede convertirse en una forma de rechazo de la propia experiencia emocional.
Mi vivencia y comprensión espiritual es que los desencarnados no se ven perjudicados porque los sigamos amando o echando de menos. Lo que sí se ve perjudicada muchas veces es la persona que queda aquí, cuando transforma su amor en culpa.
Amar no es retener.
Recordar no es impedir.
Llorar no es perjudicar.
A veces, la verdadera trampa no es el apego, sino la culpa que nos enseñaron a sentir por amar.
🕊️ ¿Te habían dicho alguna vez que tu dolor podía afectar a quien había partido?