26/08/2026
¿Y si el problema no fueran las vacaciones, sino nuestra forma de vivir el resto del año?
Cuando las vacaciones terminan puede aparecer algo parecido a un pequeño “bajón emocional”.
Durante unos días hemos vivido con otros ritmos: hemos dormido más, hemos tenido menos horarios, más tiempo para nosotros, más tiempo de descanso, más encuentros.
Y de repente, volvemos.
Al despertador.
A las prisas.
A las obligaciones.
A la agenda llena.
A la sensación de que el tiempo vuelve a pertenecernos un poco menos.
Y nuestro estado de ánimo puede notarlo.
Podemos sentir menos energía, cierta apatía, irritabilidad, dificultad para concentrarnos, tristeza o incluso una sensación extraña de vacío.
A veces simplemente necesitamos un tiempo para volver a ajustar nuestro mundo interno al ritmo de nuestra vida cotidiana.
Por eso, quizá no se trata de volver de golpe a todas nuestras obligaciones, sino de hacer una transición.
Dejar algún espacio para aquello que durante las vacaciones nos hacía bien.
Seguir viendo a determinadas personas.
Salir a caminar.
Dormir lo suficiente.
No llenar cada minuto de nuestro tiempo.
Y, sobre todo, preguntarnos:
¿Qué parte de la vida que he llevado estas semanas quiero conservar cuando vuelvan las rutinas?
Porque quizá las vacaciones no deberían ser solamente una pausa de nuestra vida.
Quizá también pueden servirnos para descubrir cómo queremos vivirla cuando regresamos.
El síndrome postvacacional no es más que un proceso de adaptación a la rutina al que podemos hacerle frente si tenemos en cuenta esta serie de consejos.