13/07/2026
En una sociedad que empuja a los niños a crecer demasiado deprisa, el yoga se convierte en un acto de protección de la infancia. Protege el derecho del niño a ser niño, respetando sus ritmos naturales de crecimiento, desarrollo y maduración, sin imponerle las exigencias, preocupaciones o responsabilidades propias del mundo adulto.
El yoga preserva aquello que constituye la esencia de la infancia: la inocencia, la capacidad de asombro, la imaginación, la creatividad, la curiosidad y el juego libre. Jugar, explorar, crear y maravillarse no son actividades secundarias; son el lenguaje a través del cual el niño descubre el mundo, integra sus experiencias y construye una personalidad sana y equilibrada.
Cada práctica ofrece un espacio donde el niño puede habitar plenamente su infancia, sentirse aceptado tal como es y desarrollar una relación de confianza consigo mismo. Desde esa seguridad interior florecen la autoestima, la alegría, la sensibilidad y la libertad de expresar su auténtica naturaleza.
Educar en yoga es recordar que la infancia no es una etapa que deba acelerarse, sino un tiempo sagrado que merece ser cuidado, protegido y honrado.
Porque la calidad del adulto que llegará a ser depende, en gran medida, de cómo haya podido vivir plenamente su infancia.
PD. La foto es de hace unos cuantos años! Ahora mi cabello es blanco 😉