23/11/2020
Interesante reseña sobre las depresiones. Luis Hornstein.
Suponer que la depresión no es más que algo químico es como suponer que el talento o la criminalidad son exclusivamente químicos. “Estoy deprimido, pero no es más que algo químico” es una frase equivalente a “Soy un asesino, pero no es más que algo químico”, o “Soy inteligente, pero no es más que algo químico”.
Las depresiones deben ser abordadas desde el paradigma de la complejidad. Y así entendemos el desequilibrio neuroquímico presente en las depresiones, debido a la acción conjunta, y difícilmente deslindable, de la herencia, la situación personal, la historia, los conflictos neuróticos y humanos, la enfermedad corporal, las condiciones histórico-sociales, las vivencias, los hábitos y el funcionamiento del organismo.
Reconocer los aspectos químicos de las depresiones no implica desconocer los aspectos psíquicos ni los socioeconómicos. Pero postular que las depresiones son solamente biológicas es científicamente falso.Las depresiones tienen que ver también con el desempleo, la marginación, la pobreza extrema y la crisis en los valores e ideales.
Las depresiones componen la cara oscura de la intimidad contemporánea.Este flagelo se incrementa ante esta catastrófica pandemia que transitamos.En este libro aspiro a dilucidar las distintas constelaciones conceptuales que dan cuenta de la clínica de las depresiones.Abordo el panorama desde un psicoanálisis cuyo pluralismo crítico no depende de las filiaciones, sino de una inserción en una clínica que se resiste a diluir las condiciones sociohistóricas del ejercicio real (y no ideal) del psicoanálisis.
Me nutro de la metapsicología freudiana y posfreudiana, de la clínica y de ciertas temáticas transdisciplinarias, como los sistemas abiertos, la determinación y el azar, y las teorías de la complejidad. Resulta indispensable confrontar el psicoanálisis con estas nuevas formas de pensamiento, no sólo para evitar los riesgos del reduccionismo, sino para alcanzar un psicoanálisis verdaderamente contemporáneo de su presente
Evitemos las generalizaciones descriptivas para encontrar lo propio de las depresiones. ¿Hay conflictos que les sean específicos? Están en juego muchos factores. Una cuestión insoslayable es la relación entre el sujeto y sus valores y metas. Para entender las depresiones, hay que abordar la relación yo/superyó-ideal del yo, los baluartes narcisistas, la modalidad de tramitación de duelos pasados y presentes, los efectos de la vida actual en las valoraciones del yo.
Los pacientes depresivos presentan pérdida de energía e interés, sentimientos de culpa, dificultades de concentración, pérdida de apetito y pensamientos de muerte o suicidio. El humor deprimido y la pérdida de interés o satisfacción son los síntomas clave de las depresiones. En ellas se manifiesta una pérdida de energía que empeora el rendimiento escolar y laboral y disminuye la motivación para emprender proyectos. La inhibición es su trastorno fundamental. Otros signos y síntomas son los cambios en las funciones cognitivas, en el lenguaje y las funciones vegetativas (como el sueño, el apetito y la actividad sexual). Cambios que casi siempre afectan al funcionamiento social, laboral e interpersonal.
Los deprimidos presentan una visión pesimista de sí mismos y del mundo así como un sentimiento de impotencia y de fracaso. Hay pérdida de la capacidad de experimentar placer (intelectual, estético, alimentario o sexual). La existencia pierde sabor y sentido. Se sienten aislados y abrumados por esa vergonzosa indiferencia hacia sus prójimos. El depresivo es un agobiado en busca de estímulo. Un ansioso en busca de calma. Un insomne en busca del dormir. Ese agobio se expresa en la temporalidad (“no tengo futuro”), en la motivación (“no tengo fuerzas”) y en el valor (“no valgo nada”). Muchos hombres deprimidos no son diagnosticados porque su actitud no consiste en recluirse en el silencio del abatimiento sino en el ruido de la violencia, el consumo de dr**as o la adicción al trabajo. Suelen mostrar lo que, con un eufemismo, se suele llamar ”irritabilidad”.
Los motivos de consulta en las depresiones se pueden agrupar en categorías:A) Estados de ánimo y afectividad: tristeza, baja autoestima, autorreproches, pérdida de placer e interés, sensación de vacío, apatía, ansiedad, tensión, irritabilidad, inhibiciones varias. B) Pensamiento: concentración disminuída, indecisión, culpa, pesimismo, crisis de ideales y de valores, pensamientos suicidas. C) Manifestaciones somáticas: alteración de algunas funciones (insomnio, hipersomnia, aumento o disminución del apetito, disminución del deseo sexual); dolores corporales (cefaleas, lumbalgias, dolores articulares) y síntomas viscerales (principalmente gastrointestinales y cardiovasculares)
El sistema inmunológico no es inmune a las emociones. Los estados depresivos pueden aparecer a raíz de cualquier alteración somática. Y habrá que apelar al tacto clínico para decidir entre tres posibilidades: a) que los estados depresivos hayan provocado los síntomas somáticos; b) que sean ellos, en cambio, los resultantes de una enfermedad médica; c) que condicionen la evolución de la enfermedad médica. Las enfermedades médicas que más se asocian a la depresión son el colon irritable, la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, la insuficiencia renal, las enfermedades autoinmunes y las cardiovasculares
Un paciente depresivo genera múltiples interrogantes: ¿Qué déficit tendrá? ¿Afectivo? ¿De logros? ¿De narcisización? ¿De una combinación de ellos? Cualesquiera que sea el polimorfismo de los estados depresivos, hallaremos ciertos elementos fundamentales: una pérdida y un retraimiento que agobia al sujeto.En las depresiones, el trabajo del duelo se traba. El depresivo es acosado por todos lados: por el objetal (pérdida de objeto), por el narcisista (condicionada por la función del objeto en la economía narcisista) y por la ambivalencia (defusión pulsional). Se trata de una batalla. Predominan los batallones de la pulsión de vida cuando el análisis (o la vida) consiguen ligar y contrarrestar lo mortífero.
Según la OMS: “Se espera que los trastornos depresivos, en la actualidad responsables de la cuarta causa de muerte y discapacidad a escala mundial, ocupen el segundo lugar, después de las cardiopatías, en 2020”.Las problemáticas de la salud son principalmente: envejecimiento de la población e incremento en la mortalidad relacionadas con el tabaco y la obesidad. Las depresiones se ubican, como causa de discapacidad, por delante de los accidentes de tránsito, las enfermedades vasculares cerebrales, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las infecciones de las vías respiratorias y la tuberculosis
Muchos psiquiatras opinan que el psicoanálisis es ineficaz para las depresiones y muchos psicoanalistas que lo es la psiquiatría. En el escenario actual se agrega un nuevo personaje: la industria farmacéutica. No debemos tolerar tampoco que los tratamientos sean regulados por el protocolo de la obra social o de la prepaga, demasiado apegada al costo.
Es cierto que la bioquímica puede aliviar ciertos padecimientos. Pero la propaganda (no sólo la publicidad) de la industria farmacéutica suele presentar a la farmacoterapia como la llave maestra. Y la teoría de ninguna enfermedad debería estar en manos de una industria.
Suponer que la depresión no es más que algo químico es como suponer que el talento o la criminalidad son exclusivamente químicos. “Estoy deprimido, pero no es más que algo químico” es una frase equivalente a “Soy un asesino, pero no es más que algo químico”, o “Soy inteligente, pero no es más que algo químico”. “Me conmueven las sonatas de Mozart, pero no es mas que algo químico”. Todo en una persona es meramente algo químico, si se quiere pensar en esos términos.
Incluso cuando se dice que el cerebro es un sistema químico hay que aclarar que es un sistema químico complejo. Las depresiones deben ser abordadas desde el paradigma de la complejidad. Y así entendemos el desequilibrio neuroquímico presente en las depresiones, debido a la acción conjunta, y difícilmente deslindable, de la herencia, la situación personal, la historia, los conflictos neuróticos y humanos, la enfermedad corporal, las condiciones histórico-sociales, las vivencias, los hábitos y el funcionamiento del organismo.
Reconocer los aspectos químicos de las depresiones no implica desconocer los aspectos psíquicos ni los socioeconómicos. Pero postular que las depresiones son solamente biológicas es científicamente falso.Las depresiones tienen que ver también con el desempleo, la marginación, la pobreza extrema y la crisis en los valores e ideales. Tampoco en esto disponemos de estadísticas confiables. Pero en la Argentina no es aventurado vincular la depresión a los duelos masivos y traumas devastadores que hacen zozobrar vínculos, identidades y proyectos, personales y colectivos.
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