Iliana París

Iliana París Psicoterapia especializada en Maternidad y Crianza tanto individual como de pareja. Especializada en

La maternidad y la crianza son de las transformaciones más importantes que vivimos las mujeres. La llegada de un bebé a nuestras vidas representa mucha alegría, ilusiones y anhelos, pero el puerperio también tiene otra cara que normalmente no vemos, que casi nadie nos cuenta: el agotamiento, las horas sin dormir, la demanda física y emocional constantes por parte del bebé, las preocupaciones de si

lo estaremos haciendo bien, las “opiniones y consejos” de quienes están a nuestro alrededor, las dudas, etc. La familia también se transforma, y no siempre es fácil encontrar un nuevo equilibrio entre sus distintas partes (papá, mamá, bebé…) y los acuerdos, roles y responsabilidades de la pareja deben recolocarse; de hecho sucede con frecuencia que durante los primeros años de crianza aparecen algunos conflictos en la pareja. Todas estas cuestiones hacen que muchas veces nos encontremos ante una crisis vital, una nueva oportunidad para el aprendizaje, el autonocimiento y el crecimiento que no siempre es fácil de asumir. En este momento tan importante es crucial contar con apoyos efectivos, amorosos y cálidos, con alguien con quien compartir dudas y temores, que pueda ofrecernos soporte, guía y escucha en un espacio apropiado para sumergirnos en esta nueva transformación, en esta nueva búsqueda para que nuestra maternidad y crianza sean vividas más libremente, con más consciencia y con mayores herramientas emocionales que nos permitan mirar al Otro y abrirnos a nuevos acuerdos y a mejores maneras de relacionarnos con nosotras mismas, nuestros hijo/as, nuestra pareja y el entorno en general.

Un libro para visibilizar una herida silenciada y abre caminos de reparación para madres y profesionales.Psicoterapia de...
09/06/2026

Un libro para visibilizar una herida silenciada y abre caminos de reparación para madres y profesionales.

Psicoterapia del parto traumático nace precisamente desde ahí: desde la necesidad urgente de comprender mejor esta herida, darle un lugar clínico y humano, y ofrecer herramientas reales para su detección, evaluación e intervención.

Es un libro escrito desde la práctica clínica, la evidencia científica y una escucha profundamente comprometida con las madres. Pero también es una invitación a revisar cómo acompañamos el nacimiento desde los sistemas sanitarios, desde la cultura y desde los vínculos.

Porque el trauma obstétrico no es solo un tema individual. También es relacional, institucional y social.

Ojalá este libro ayude a que más mujeres puedan poner palabras a lo vivido.
Y a que más profesionales puedan acompañar desde una mirada informada en el trauma, más sensible, más ética y reparadora.

Porque sanar empieza muchas veces ahí: cuando alguien por fin entiende el dolor que no había podido ser nombrado.

04/06/2026

“Para algunos, hablar de partos y de trauma, en el mismo contexto puede parecer disonante e incluso contradictorio. ¿Cómo es posible que un acontecimiento tan bonito y trascendente, como la llegada de un bebé a los brazos de su madre, pueda, a su vez, ser vivido y recordado como algo aterrador, humillante, horroroso o violento? ¿Acaso la alegría y la ternura del recién nacido no deberían subsanarlo todo?...
Lamentablemente, no. Y este es un peso añadido que muchas madres llevan a cuestas: siempre que recuerden el nacimiento de sus hijos o hijas sentirán, al mismo tiempo, una punzada de dolor, un escalofrío. Puesto que, todo lo que la maternidad les ha despertado y les ha hecho vivir de positivo, no alcanza a diluir lo doloroso de la vivencia.”

Hay un momento en la maternidad en que muchas mujeres descubren, con dolor y desconcierto, que la madre que imaginaron s...
02/06/2026

Hay un momento en la maternidad en que muchas mujeres descubren, con dolor y desconcierto, que la madre que imaginaron ser no coincide con la madre que son.

Y quizá una de las experiencias más difíciles sea precisamente esa: aceptar la distancia entre el ideal y la realidad. Porque crecimos rodeadas de relatos imposibles sobre la maternidad. Relatos que hablaban de entrega absoluta, paciencia infinita, plenitud constante y amor sin fisuras, pero que pocas veces incluían el cansancio, la ambivalencia, la rabia, la soledad o el duelo.

Aceptar a la madre que somos no significa dejar de desear, crecer o transformarnos.
Significa empezar a mirarnos con menos dureza.
Comprender que maternamos atravesadas por nuestra historia, nuestras heridas, nuestros recursos emocionales y nuestras circunstancias vitales. Y también dentro de una sociedad que exige muchísimo a las madres mientras ofrece muy poco sostén real. A veces no necesitamos hacerlo mejor; necesitamos más red, más descanso, más tribu y más cuidado.

Y sí, en ese proceso puede aparecer un duelo. El duelo por la maternidad que imaginábamos. Por la mujer que creíamos que seríamos después de tener hijos. Por ciertas experiencias que no llegaron, por partes de nosotras que cambiaron o quedaron temporalmente suspendidas.

Nombrar ese duelo no nos convierte en malas madres.

Nos convierte en mujeres honestas con su experiencia emocional.

Quizá la calma no llegue cuando consigamos parecernos a la madre ideal que teníamos en la cabeza. Quizá llegue cuando podamos abrazar, con compasión y verdad, a la madre real que somos hoy.

Y estoy muy contenta y emocionada de invitarlas a la presentación de mi libro Psicoterapia del Parto Traumático en Barce...
27/05/2026

Y estoy muy contenta y emocionada de invitarlas a la presentación de mi libro Psicoterapia del Parto Traumático en Barcelona.

Cuando pensaba en el lugar para hacer este encuentro, aquí en casa, quería un sitio donde las criaturas pudieses estar sin “molestar” por lo que son, por eso me era difícil pensar en una librería, pero Andrea me ha abierto las puertas de su casa, que, en realidad, es la casa de todas.

Esta presentación será una conversación con ella, cosa que me emociona aún más por todo el trabajo de divulgación y cuestionamiento respecto a los cuidados maternos que Andrea lleva a sus espaldas.

Así que ¡no os lo podéis perder! El viernes 12 de junio, a las 18:30 te esperamos en el Refugi!

Hay experiencias en la maternidad que casi no tienen lugar en lo compartido. Una de ellas es la dificultad para sentir c...
26/05/2026

Hay experiencias en la maternidad que casi no tienen lugar en lo compartido. Una de ellas es la dificultad para sentir conexión con el propio bebé.

Cuando esto ocurre, muchas madres no solo atraviesan la desconexión, sino algo aún más doloroso: la sensación de estar fallando profundamente, de ser inadecuadas, de estar “rotas” en un lugar donde se espera que todo fluya de manera natural.

El problema no es solo lo que se siente, sino el silencio que lo rodea.

Vivimos en una cultura que sigue sosteniendo la idea de que el vínculo materno aparece de forma automática, inmediata e incondicional. Y cuando la experiencia real no encaja con ese ideal, lo que aparece es culpa, vergüenza y aislamiento.

Pero la dificultad para vincular no surge de la nada ni habla de falta de amor. Puede estar relacionada con partos difíciles o traumáticos, con agotamiento extremo, con falta de sostén, con historias previas no resueltas, con cambios hormonales bruscos, el inicio de algún trastorno perinatal que debería ser atendido, o con un sistema nervioso que está haciendo lo que puede para protegerse.

Nombrarlo no te convierte en peor madre.

Al contrario: abre la posibilidad de recibir ayuda, de aligerarte y comprender lo que te pasa y de empezar a construir ese vínculo desde otro lugar.

El vínculo no siempre es inmediato.
Pero puede crecer. Puede repararse.
Puede construirse y nunca es demasiado tarde.
Y, sobre todo, no tienes que hacerlo sola.

“El trauma siempre convoca algo en quien lo escucha. Acompañar el dolor de quien lo ha vivido es permitir que su desconc...
22/05/2026

“El trauma siempre convoca algo en quien lo escucha. Acompañar el dolor de quien lo ha vivido es permitir que su desconcierto roce nuestra propia piel; es sostener el desasosiego que deja a su paso y ser testigos de su impacto profundo, de la forma en que sus ondas se expanden por la vida entera. Pero acompañar el trauma es, también y, quizás, sobre todo, presenciar los brotes de renacimiento que emergen incluso en la tierra más arrasada: la tenacidad, la capacidad de volver a tejerse, de crecer y de encontrar sentido tras el derrumbe.
Quienes trabajamos en el territorio de lo traumático sabemos que en cada ser humano habita una reserva de resiliencia que se activa, o se multiplica, cuando hay sostén, cuidados y una red humana que acompaña.

Hay, sin embargo, etapas vitales teñidas por una vulnerabilidad específica. Son momentos en los que la herida puede calar más hondo porque el tejido es más tierno. La infancia, la adolescencia, la vejez... y, de manera muy particular, el periodo perinatal.

Cuando el trauma irrumpe en el umbral de lo perinatal –el embarazo, el parto o el posparto–, deja marcas singulares que dificultan el devenir posterior pues, allí donde se esperaba júbilo, esperanza y celebración por la llegada de un bebé, de un nuevo miembro de la familia, se cuelan la angustia, el miedo, el dolor o la desconexión”



Acompáñame el sábado 30 en la feria del libro de Madrid, de 12:00 a 13:00 en la caseta de la editorial Síntesis!

Y no os olvidéis que la semana que viene, el último sábado del mes de mayo, estaré en feria del libro de Madrid de 12:00...
21/05/2026

Y no os olvidéis que la semana que viene, el último sábado del mes de mayo, estaré en feria del libro de Madrid de 12:00 a 13:00, con mucha ilusión y muchas ganas, firmando libros en la caseta 175 de , acompañada de

¡Allí nos vemos! 📚📚🌸🌸

A veces no recordamos el momento exacto en el que empezamos a dejar partes de nosotras atrás. No suele ser una decisión ...
19/05/2026

A veces no recordamos el momento exacto en el que empezamos a dejar partes de nosotras atrás.

No suele ser una decisión consciente. Es algo mucho más sutil, más silencioso.

Ocurre en miradas que no llegan, en gestos que se retiran, en palabras que aprueban unas formas de ser mientras otras quedan fuera. Y entonces aprendemos. Aprendemos muy rápido qué partes son “seguras” y cuáles es mejor esconder para no perder el amor, la pertenencia, el lugar.

Porque cuando somos niñas, pertenecer no es opcional. Es una necesidad profunda.

El problema no es que nos adaptemos. El problema es el coste de esa adaptación cuando implica desconectarnos de aspectos esenciales de quienes somos.

Muchas personas adultas viven con una sensación difícil de explicar: como si algo no terminara de encajar, como si hubiera partes propias inaccesibles, apagadas o incluso desconocidas. Y, en muchos casos, ahí están esas partes que un día tuvieron que ser reducidas para poder seguir vinculadas.

El camino de vuelta no consiste en “arreglarse”, sino en reencontrarse. En abrir espacios internos donde lo que fue rechazado pueda, poco a poco, tener lugar.

No es inmediato. No es lineal.

Pero es profundamente transformador.

¿Qué parte de ti sientes que ha estado esperando ser mirada de nuevo?

Recuerda, Instagram no es un espacio terapéutico

En la maternidad se activa con mucha fuerza una capacidad profunda de cuidado, de ternura y de presencia hacia nuestras ...
14/05/2026

En la maternidad se activa con mucha fuerza una capacidad profunda de cuidado, de ternura y de presencia hacia nuestras criaturas. Sabemos —o intuimos— cómo sostener, cómo acompañar, cómo calmar.
Pero muchas veces, esa misma calidad de mirada no está disponible hacia nosotras mismas.
Nos exigimos, nos juzgamos, nos comparamos, nos hablamos con dureza en momentos en los que, en realidad, necesitaríamos comprensión.
Desarrollar una voz interna amorosa y compasiva no es algo superficial ni accesorio. Es una práctica profundamente transformadora.
Porque esa voz no solo impacta en cómo nos sentimos, sino también en cómo habitamos la maternidad: en la culpa, en el agotamiento, en la autoexigencia, en la forma en que transitamos los errores inevitables.
Una voz compasiva no elimina la dificultad, pero cambia radicalmente la experiencia de atravesarla.
Nos permite:
— reconocer nuestros límites sin castigarnos
— sostenernos en la vulnerabilidad
— reparar en lugar de cronificar la culpa
— y modelar, de forma implícita, una relación más amable con una misma
Ser un lugar seguro para nuestras criaturas no es solo lo que hacemos hacia fuera. También es el clima interno que habitamos.
Y ese clima se construye, poco a poco, en cómo nos hablamos.
Quizá no aprendimos esto. Quizá nadie nos habló así.
Pero es algo que puede cultivarse. Con intención, con práctica, y con mucha paciencia.
Porque también merecemos ser sostenidas por nuestra propia voz.

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