Iliana París

Iliana París Psicoterapia especializada en Maternidad y Crianza tanto individual como de pareja. Especializada en

La maternidad y la crianza son de las transformaciones más importantes que vivimos las mujeres. La llegada de un bebé a nuestras vidas representa mucha alegría, ilusiones y anhelos, pero el puerperio también tiene otra cara que normalmente no vemos, que casi nadie nos cuenta: el agotamiento, las horas sin dormir, la demanda física y emocional constantes por parte del bebé, las preocupaciones de si

lo estaremos haciendo bien, las “opiniones y consejos” de quienes están a nuestro alrededor, las dudas, etc. La familia también se transforma, y no siempre es fácil encontrar un nuevo equilibrio entre sus distintas partes (papá, mamá, bebé…) y los acuerdos, roles y responsabilidades de la pareja deben recolocarse; de hecho sucede con frecuencia que durante los primeros años de crianza aparecen algunos conflictos en la pareja. Todas estas cuestiones hacen que muchas veces nos encontremos ante una crisis vital, una nueva oportunidad para el aprendizaje, el autonocimiento y el crecimiento que no siempre es fácil de asumir. En este momento tan importante es crucial contar con apoyos efectivos, amorosos y cálidos, con alguien con quien compartir dudas y temores, que pueda ofrecernos soporte, guía y escucha en un espacio apropiado para sumergirnos en esta nueva transformación, en esta nueva búsqueda para que nuestra maternidad y crianza sean vividas más libremente, con más consciencia y con mayores herramientas emocionales que nos permitan mirar al Otro y abrirnos a nuevos acuerdos y a mejores maneras de relacionarnos con nosotras mismas, nuestros hijo/as, nuestra pareja y el entorno en general.

Muchas madres y padres viven con la sensación persistente de que nunca hacen lo suficiente.Que deberían tener más pacien...
04/09/2026

Muchas madres y padres viven con la sensación persistente de que nunca hacen lo suficiente.
Que deberían tener más paciencia.
Más energía.
Más presencia.
Más recursos.
Más respuestas.
Pero a menudo esa sensación no nace de la crianza actual.
Nace de haber crecido en una cultura que convirtió la crítica, la culpa y la vergüenza en herramientas de motivación.
Cuando has pasado años creyendo que nunca eras suficiente, resulta muy difícil confiar en que tu maternidad o tu paternidad sí lo son.
La pregunta es:
¿La voz que te juzga realmente te ayuda a crecer?
¿O te deja exhausta, desconectada y convencida de que siempre vas tarde?
Tus hijos no necesitan perfección.
Necesitan vínculo.
Reparación.
Presencia.
Humanidad.
Y eso incluye permitirte ser humana también.
💛 Si este mensaje era algo que necesitabas escuchar hoy, guárdalo para volver a él en esos días en los que la culpa intenta convencerte de que no estás haciendo suficiente.

Muchas madres evalúan su desempeño parental basándose en cómo se sienten. Si están cansadas, frustradas o desbordadas, c...
01/09/2026

Muchas madres evalúan su desempeño parental basándose en cómo se sienten.

Si están cansadas, frustradas o desbordadas, concluyen que algo debe estar fallando. Como si una buena madre fuera aquella que disfruta cada momento, que siempre tiene paciencia o que nunca duda de sí misma.

Pero las emociones no son una medida fiable de la competencia parental. Que la maternidad se sienta difícil no significa que la estés haciendo mal. Muchas veces significa exactamente lo contrario: que estás implicada, que te importa, que estás sosteniendo una responsabilidad enorme y que eres consciente de su peso.

Donald Winnicott hablaba de la "madre suficientemente buena", una figura muy distinta de la madre perfecta. No es una madre que nunca se equivoca, que siempre responde de manera ideal o que está disponible las veinticuatro horas del día. Es una madre real. Una madre que comete errores, que se cansa, que a veces pierde la paciencia y que después repara. Una madre que no necesita ser perfecta para ofrecer a su hijo aquello que necesita para desarrollarse de forma saludable.

Quizá una de las tareas más difíciles de la maternidad sea dejar de perseguir la perfección y empezar a confiar en que ser suficientemente buena es suficiente. Porque tus hijos no necesitan una madre perfecta. Necesitan una madre humana, disponible en la medida de lo posible, capaz de amar, reparar y seguir intentándolo una y otra vez.

Y eso, aunque a veces no lo parezca, ya tiene muchísimo valor.

“En ocasiones, la intervención requiere trabajar en estrecha coordinación con otros profesionales que atienden a la madr...
29/08/2026

“En ocasiones, la intervención requiere trabajar en estrecha coordinación con otros profesionales que atienden a la madre: fisioterapeutas del suelo pélvico, osteópatas, matronas, ginecólogas, entre otras. A menudo, es necesario comenzar por lo más elemental: el cuerpo necesita tiempo y cuidados para sanar. Estos cuidados son esenciales no solo para la recuperación física, sino también para restablecer el equilibrio biopsicosocial alterado por la desregulación postraumática.”

Psicoterapia del parto traumático.

La ansiedad posparto no siempre se parece a lo que imaginamos. Muchas veces no se manifiesta como lágrimas visibles o co...
25/08/2026

La ansiedad posparto no siempre se parece a lo que imaginamos.

Muchas veces no se manifiesta como lágrimas visibles o como pedir ayuda abiertamente. A menudo se esconde detrás de una sonrisa, de una madre que parece estar funcionando, cuidando y cumpliendo con todo mientras, por dentro, se siente aterrada, agotada o desbordada.

Muchas mujeres experimentan pensamientos que las avergüenzan profundamente: preguntarse si tomaron la decisión correcta, echar de menos su vida anterior, sentir que no están disfrutando de la maternidad como esperaban o incluso pensar que no son buenas madres. Estos pensamientos suelen generar mucho miedo porque chocan con la imagen idealizada de lo que una madre "debería" sentir. Por eso tantas mujeres los guardan en silencio.

Pero tener estos pensamientos no significa que quieras menos a tu bebé. No significa que seas una mala madre. Tampoco significa que vayas a actuar sobre ellos. Significa que estás atravesando un momento de enorme vulnerabilidad física, emocional y psicológica, y que tu mente está intentando dar sentido a una experiencia que puede resultar abrumadora.

El silencio suele alimentar la vergüenza. Y la vergüenza suele alimentar el sufrimiento. Por eso compartir lo que te ocurre con una persona segura puede ser el primer paso para empezar a sentir alivio. No tienes que atravesar esto sola.
Si te reconoces en estas palabras, quiero que sepas algo: no te sentirás así para siempre.

La ansiedad posparto tiene tratamiento.
Mereces apoyo, comprensión y ayuda especializada.
Mereces sentirte mejor. 💜

Muchas mujeres llegan a terapia profundamente preocupadas porque durante el parto o después de él se sintieron desconect...
18/08/2026

Muchas mujeres llegan a terapia profundamente preocupadas porque durante el parto o después de él se sintieron desconectadas, ausentes o incapaces de experimentar aquello que esperaban sentir. Algunas recuerdan fragmentos difusos de lo ocurrido. Otras describen una sensación de estar observando la escena desde fuera. Muchas se juzgan duramente por ello.

Sin embargo, la disociación no es un fallo. Es una respuesta de supervivencia. Cuando una experiencia resulta demasiado intensa, aterradora o abrumadora para ser procesada en ese momento, el sistema nervioso puede recurrir a la desconexión como una forma de protección. No porque la persona elija hacerlo, sino porque su organismo intenta reducir el impacto de aquello que está viviendo.

Por eso, si te disociaste durante un parto traumático, no significa que fueras débil. No significa que no estuvieras presente para tu bebé. No significa que no fueras una buena madre. Significa que tu cuerpo y tu mente hicieron exactamente aquello para lo que fueron diseñados: intentar mantenerte a salvo cuando la situación superaba tus recursos de afrontamiento.

La recuperación no pasa por culparte por haber sobrevivido de la manera en que lo hiciste. Pasa por comprender con ternura las estrategias que te permitieron atravesar lo imposible y ayudar a tu sistema nervioso a descubrir que, ahora, ya no está allí. Que el peligro terminó. Que puede volver, poco a poco, a sentirse seguro en el presente.

Una de las ideas más dañinas que muchas madres y padres cargan sobre sus hombros es la de que para criar un apego seguro...
14/08/2026

Una de las ideas más dañinas que muchas madres y padres cargan sobre sus hombros es la de que para criar un apego seguro nunca deberían perder la paciencia, frustrarse, levantar la voz o equivocarse.
Pero el apego seguro no se construye desde la perfección. Se construye desde la relación.
Todos los seres humanos experimentamos frustración. Todos tenemos momentos en los que estamos cansados, sobrepasados o reaccionamos de una manera que no refleja los valores parentales que nos gustaría encarnar. La pregunta no es si eso ocurrirá. La pregunta es qué hacemos después.
Cuando una madre o un padre reconoce que ha herido a su hijo, se responsabiliza de lo ocurrido, repara el daño y ofrece una disculpa sincera, está transmitiendo mensajes profundamente valiosos: que las relaciones pueden atravesar rupturas sin destruirse, que los errores no tienen por qué convertirse en distancia emocional, y que el amor también se expresa asumiendo la responsabilidad de nuestros actos.
De hecho, la reparación es una de las experiencias más importantes para el desarrollo del apego seguro. Los niños y niñas no necesitan adultos perfectos. Necesitan adultos capaces de volver al encuentro después de la desconexión.
Porque el apego seguro no nace de hacerlo todo bien. Nace de saber regresar cuando algo no salió como esperábamos.

Los límites suelen tener mala prensa. Muchas personas han crecido creyendo que poner límites es ser egoísta, generar con...
11/08/2026

Los límites suelen tener mala prensa. Muchas personas han crecido creyendo que poner límites es ser egoísta, generar conflictos, faltar al respeto o alejar a quienes aman. Sin embargo, la realidad es justamente la contraria: los límites son saludables, normales y profundamente protectores. Nos ayudan a sentirnos seguros, enseñan a los demás cómo queremos ser tratados y establecen las bases de relaciones respetuosas y sostenibles en el tiempo.

Poner límites no significa creer que nuestras necesidades son más importantes que las de los demás. Significa reconocer que también existen. Significa ser capaces de identificar aquello que necesitamos para sentirnos bien y comunicarlo de forma clara. En las parejas, esto puede resultar especialmente complejo cuando se trata de la familia de origen, porque cada persona llega con historias, lealtades, valores y expectativas diferentes sobre cuál debería ser el papel de la familia en su vida adulta.

Por eso, antes de discutir sobre un límite concreto, suele ser útil desarrollar curiosidad sobre lo que nos está ocurriendo. ¿Qué situaciones familiares te generan más malestar? ¿Por qué son importantes para ti? ¿Sientes que interfieren con tus valores como madre o padre? ¿Te hacen cuestionar decisiones que has tomado? ¿Te sientes invalidada, presionada o poco escuchada? Cuanta más claridad tengas sobre tus propias emociones y necesidades, más fácil será expresar y sostener los límites que necesitas.

A partir de ahí, la conversación con la pareja deja de girar en torno a quién tiene razón y pasa a centrarse en comprenderse mutuamente. Es normal no compartir exactamente la misma visión sobre los límites. Lo importante es poder construir acuerdos claros, coherentes y cumplibles, y decidir juntos cómo responder cuando esos límites no son respetados. Porque, aunque este proceso puede resultar incómodo —especialmente cuando la familia está involucrada—, los límites no son una forma de castigar ni de excluir. Son una forma de proteger el bienestar individual, la relación de pareja y la familia que estamos construyendo.

En esta época sin rutinas en las que compartimos más en familia, un pequeño recordatorio del gran Gabor Maté
07/08/2026

En esta época sin rutinas en las que compartimos más en familia, un pequeño recordatorio del gran Gabor Maté

La llegada de un segundo hijo suele venir acompañada de una idea silenciosa: que deberíamos ser capaces de atender las n...
04/08/2026

La llegada de un segundo hijo suele venir acompañada de una idea silenciosa: que deberíamos ser capaces de atender las necesidades de todos sin que nadie sufra demasiado por el camino.

Pero la realidad suele ser mucho más compleja.

Muchas madres se encuentran navegando sentimientos de culpa casi constantes. Culpa por no estar más con el mayor. Culpa por no estar más con el bebé. Culpa por disfrutar de uno cuando el otro reclama atención. Culpa por cansarse. Culpa por necesitar espacio. Culpa por no llegar a todo.

A esto se suma una realidad exigente: un hijo mayor que también está adaptándose a la nueva configuración familiar, un bebé con necesidades intensas, una enorme carga mental, poco tiempo para procesar emociones y un cansancio que a menudo se instala durante meses.

Por eso, más que pedirte que no sientas culpa, quizá la invitación sea otra: preguntarte qué necesitarías para sentirte más acompañada en esta etapa. Porque muchas veces el problema no es que estés haciendo algo mal. Es que estás intentando sostener demasiado con muy poco apoyo.

¿Qué otras cosas te habrían gustado saber sobre tus emociones cuando eras niña o niño? ¿Qué mensajes recibiste sobre ell...
30/07/2026

¿Qué otras cosas te habrían gustado saber sobre tus emociones cuando eras niña o niño? ¿Qué mensajes recibiste sobre ellas mientras crecías?

Quizá te enseñaron que algunas emociones eran aceptables y otras no. Que llorar era exagerar. Que enfadarse era faltar al respeto. Que sentir miedo era una señal de debilidad. O que expresar tristeza incomodaba a los demás. Muchas de las creencias que tenemos sobre nuestras emociones no nacen de nosotros, sino de los mensajes que recibimos en nuestras primeras relaciones.

Por eso, cuando hablamos de educación emocional, no estamos enseñando únicamente a identificar emociones. Estamos enseñando a relacionarnos con nuestra experiencia interna de una forma más amable y saludable. A comprender que las emociones no son enemigas que deban ser controladas o eliminadas, sino señales que contienen información valiosa sobre nuestras necesidades, nuestros límites, nuestros deseos y nuestra seguridad.

Nuestros hijos e hijas no necesitan aprender a no sentir. Necesitan aprender que pueden sentir sin perder el vínculo con quienes los quieren. Que ninguna emoción les convierte en malas personas. Que las emociones cambian, pasan y pueden ser acompañadas. Que lo que sienten tiene sentido, incluso cuando resulta incómodo.

Y quizá uno de los aprendizajes más importantes sea este: no dejaré de quererte porque estés enfadado, triste, asustado o decepcionado. Tus emociones no amenazan nuestro vínculo. Mi amor por ti no depende de cómo te sientas.
Porque cuando un niño aprende que puede traer todas sus emociones a la relación sin perder el amor de sus figuras de apego, desarrolla algo mucho más valioso que el control emocional: desarrolla seguridad emocional.

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