01/10/2020
PARA TODAS LAS MUJERES QUE UN DÍA DECIDIERON DEJARSE ACOMPAÑAR
¿Alguna vez has entrado a un lugar sagrado?
Yo, de todos los lugares sagrados en los que he estado, recuerdo la luz de la Sagrada Familia, la majestuosidad de Abu Simbel, la oscuridad de Notre Dame, el silencio que reverbera en la Sinagoga de Budapest y el frío de la iglesia de mi pueblo. Pero también recuerdo la vulnerabilidad de Clara el primer día de terapia, la ternura de Paula, el miedo de Lucía, la fortaleza de Marta, el frío de Olivia, el tesón de Julia... Y un sin fin más.
Acompañar a cada una de las personas que llegan a consulta es, para mí, como entrar en un templo sagrado. Un templo donde se alzan fuertes muros que protegen de lo exterior. Donde se entretejen bosques de columnas que sostienen la estructura. Se pintan paredes, impregnadas de un lenguaje simbólico con significado propio. Se abren ventanas y rosetones que dejan entrar la luz para hacer magia. Y se ocultan cámaras donde se esconden los secretos de mayor valor.
Siempre surge en mí la misma sensación, la de tener frente a mí algo grandioso y desconocido ante lo que sólo puedo sentir curiosidad y admiración. Sabiendo que lo ven que mis ojos habla más del pasado que del presente. No hay templo que pueda ser entendido sin entender su contexto histórico y cultural. Del mismo modo no hay persona que pueda ser entendida sin reconstruir su contexto.
Cuando visito un nuevo templo, siempre me pregunto ¿cómo llevarían hasta ahí todas esas piedras? Del mismo modo cuando tengo una primera visita, ¿me pregunto cómo han llegado hasta aquí todos estos síntomas? Pero para poder responder esta pregunta y acompañar sin manchar su historia, me es necesario vaciarme de juicios, proyecciones, que no son suyos, sino míos. Como toda religión que tiene sus rituales de purficación antes de entrar al templo (descalzarse, cubrirse, santiguarse…), se hace imprescindible para mí acompañar desde una mirada lo más pura y esencial posible. Es la curiosidad, el respeto y el honrar esos patrones o síntomas como los fieles honran a los dioses del templo, lo único que puede hacer llegar la luz y calidez a esos rincones de sombra donde reina la oscuridad.