14/07/2026
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El otro día tuve sesión con una pareja que vino a consulta porque él le había sido infiel a ella con otra chica.
En esta sesión, quizá la segunda juntos, estábamos hablando de cómo reparar ese daño que él había hecho y como ella podía llegar de nuevo a confiar en él.
➡️ les propuse que hiciéramos una dinámica en la que ella, que era la persona dañada, expresase sin cortarse y sin vergüenzas qué es lo que necesitaba de él o qué tenía que ver en él para ir sanando lo que había pasado. Y que lo dijera mirándolo a él.
⭐️Ella lo miró y le dijo : “yo ahora necesito que no escondas tu móvil, que si alguna vez te lo pido me lo des, y que cuando estés fuera si te pido que me mandes la ubicación me la compartas”.
⭐️Él la escuchó, me miró y me dijo: “pero Marina eso no es sano, eso es control, y ahora no vamos a basar la relación en que ella me controle a mí”.
Y le dije: “para nada, si esto que ella pide se hace permanentemente en la relación, no repara la relación porque lo que hace es crear otro problema que es perpetuar el control entre vosotros. PERO (y esto es muy importante que quede claro) cuando en la relación se daña la desconfianza durante un tiempo es en muchas ocasiones necesario que haya un control extra, porque ese control es el que va a ayudarla a ella a comprobar que tu palabra es coherente con tus actos, que no le estás mintiendo y que por tanto, puede volver a confiar en ti”.
Conforme vaya pasando el tiempo y él vaya demostrándole a ella que está cumpliendo con el compromiso, el control dejará de ser útil.
Como quien se hace un esguince, se pone una muleta, y el fin no es estar toda la vida con ella, si no que temporalmente la ayude a volver a andar.
En este caso es lo mismo.
Si el fin del control nunca llega, créeme que la confianza tampoco ha llegado.
La infidelidad rompe la confianza en la relación, y para volver a confiar se necesita un esfuerzo.
Si en este caso él no está dispuesta a ser su muleta temporalmente, mejor decir adiós.