06/11/2020
La culpa es y ha sido sido esa herramienta judeocristiana usada por el patriarcado para hacernos responsables a las mujeres (madres en este caso) de lo que es responsabilidad del sistema.
Culpa por llevar a nuestras hijas e hijos a guarderías, culpa por no llevarlas/os, culpa por dar el pecho muchos años, culpa por no darlo, etc.
Cuando el otro día publicamos sobre las escuelas infantiles eramos conscientes de que muchas de nuestras elecciones no suelen ser libres, sino que están condicionadas, entre otras cosas, por la ausencia de alternativas y la escasez de medidas para la crianza. Necesitamos salario o ingresos para poder vivir y no perder nuestro empleo o nuestro negocio.
Las madres feministas planteamos desterrar de una vez la culpa y luchar por una transformación del sistema, que está diseñado para aumentar las ganancias de los que más tienen y hecho por y para los varones, sin tener en cuenta la ciclicidad de las mujeres, nuestras necesidades y las de nuestras criaturas. El mercado se debe adaptar a la vida, no a la inversa.
Por otro lado, la crianza en nuestra sociedad no tiene valor ni tribu, por lo que muchas madres sentimos que no somos nada mientras estamos criando, que no hacemos nada (a pesar de hacer el trabajo más importante de la vida) y sentimos una profunda soledad. La falta de apoyo en la crianza hace que muchas madres acudamos a espacios externos para poder tener tiempo para nosotras mismas. También muchas sentimos que cuando nos incorporamos al empleo la sociedad vuelve a valorarnos. Es difícil vivir en esa situación de invisibilidad. Por eso, aunque deseemos maternar más tiempo, no siempre es fácil, por la escasez de recursos, o por nuestra salud, que al final también será la salud de nuestras criaturas.
Las madres que decidimos coger excendencias o abandonar el empleo, para maternar más allá del mísero permiso de 16 semanas, también sentimos culpa porque dejamos de producir y así nos lo hacen ver. Nos volvemos invisibles y dejamos de tener derechos y recursos, comenzamos a vivir en la precariedad. Además se nos juzga desde las instituciones, sistema sanitario, servicios sociales, etc. donde nos muestran la externalización de los cuidados como la única opción posible y la nuestra como un capricho que malcría a nuestras/os hijas/os.
Las madres de PETRA queremos no volver a sentirnos culpables por tomar la decisión que elijamos. Por eso exigimos una transformación del sistema, para que, con toda la información y una gran variedad de recursos, la elección de cualquier madre sea realmente libre y jamás se nos vuelva a juzgar.
PETRA está formada por madres con muy diversas situaciones, todas acostumbradas a lidiar con la culpa.