15/07/2026
La rendición en el masaje tántrico.
Al salir del masaje había cambios. Había paz y relajación, además de llevar conmigo todas las sensaciones y todo lo que mi cuerpo percibió.
La sesión fue un camino amoroso y acogedor, me sentí acompañado en todo momento, seguro, sin juicios ni prejuicios. El paso a paso de todo el proceso lo viví y sentí como un regalo delicado, amable y sensible que me guiaba y me introducía gentilmente en ese otro estado que el cuerpo, la mente, el espíritu, los sentimientos y las emociones desde la primera bocanada y la primera mirada hasta entrar profundamente en otro nivel de conciencia que se hace fácil con la presencia de Llucia.
Hubo dos clases de momentos importantes. Uno es que entré en otro espacio interior muy hondo y tan diferente que incluso dejaba, o así me lo parecía a mí, de respirar, me despertaba para hacer una respiración muy profunda que me devolvía a este estado de manera casi automática. El otro, que duró unos segundos, es que hay partes muy sensibles de mi cuerpo que generalmente resisten a toda clase de manipulación, pero la confianza en la amorosidad y la sabiduría de las manos de Llucia hicieron que en un instante pasara por encima de mis miedos. Me rendí al momento que estaba
viviendo y a Llucia. La sensación más nueva fue entrar y estar tanto tiempo en ese estado/espacio de conciencia y de sentir y vivir el cuerpo desde otro plano.
Lo que me he llevado a casa además de la paz es haberme rendido y confiar en Llucia y dejarme llevar, huir del control. Aún no sé cómo encajar esta vivencia, que todavía está conmigo, en mi día a día, pero sí que permanece ese estado de confianza y de paz. Desde el masaje hay más paz, más claridad emocional y de la sexualidad no sé qué decir. Puede ser una conexión más íntima y clara con mi deseo.
Cualquier persona inquieta y abierta de mente y de espíritu, capaz de dejarse llevar y de rendirse debería pasar, al menos una vez en la vida, por las amorosas manos de Llucia.
M.T.