18/06/2026
Hay pérdidas que no siempre se reconocen socialmente,
pero que tienen un impacto emocional significativo.
El distanciamiento en las amistades es una de ellas.
Puede aparecer tras un conflicto no resuelto,
pero también de forma más difusa:
cuando disminuye la reciprocidad, la presencia o la intimidad compartida.
O, simplemente, cuando los ritmos vitales dejan de coincidir.
Y duele.
Porque no suele haber cierre,
ni una narrativa clara que permita comprender lo ocurrido.
Queda, en su lugar, una vivencia de pérdida difícil de elaborar.
De pasar de ocupar un lugar relevante
a percibirse en un segundo plano.
Es habitual que surjan preguntas:
qué ha fallado, qué responsabilidad propia existe,
si podría haberse hecho algo diferente.
Sin embargo, no todo responde a la lógica de la culpa.
En muchos casos intervienen variables evolutivas,
dificultades en la comunicación emocional
o procesos de cambio en direcciones distintas.
Crecer también implica atravesar reconfiguraciones vinculares:
algunas relaciones se transforman,
otras se distancian.
Nombrar este proceso como duelo
permite validarlo y empezar a integrarlo.
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