28/05/2026
LA MEDITACIÓN EN MOVIMIENTO
Es muy probable que los aficionados a la lectura conozcan a Haruki Murakami: escritor de éxito mundial y eterno aspirante en las últimas ediciones al Premio Nobel de Literatura. Sin embargo, lo que seguramente la mayoría no sabrá es que este hombre es un gran apasionado de las carreras de larga distancia, e incluso del triatlón. Representa un caso curioso de artista. Habitualmente, se asocia la figura del creador —ya sea cantante, pintor o escritor— a una vida bohemia, algo desordenada y, a veces, sumamente inestable como requisito para encontrar la inspiración.
Sin embargo, Murakami rompe ese molde.
En su libro “De qué hablo cuando hablo de correr”, realiza un viaje muy personal y profundo sobre cómo el asfalto y los kilómetros han marcado su existencia. De hecho, confiesa que todo lo que sabe sobre el oficio de escribir lo ha aprendido corriendo.
Somos muchísimos los que encontramos esa sensación completamente familiar. Las mejores ideas, los enfoques más claros, suelen aparecer en mitad de la naturaleza o mientras practicamos deporte.
Como psicólogo especialista en técnicas de relajación y mindfulness, la lectura de esta obra me sumerge en algo fascinante: la experiencia de meditar en pleno movimiento, descrita con la precisión de un maestro de las palabras.
Existe un punto exacto en el esfuerzo físico donde la mente, por fin, calla. El ruido del día a día se disipa y quedamos a solas con el presente. Murakami lo plasma magistralmente al evocar lo que experimentó en el kilómetro 90 de una ultramaratón: relata que, en ese instante, tras un largo período de agotamiento y dolores musculares y articulares muy intensos, alcanzó un estado idéntico al de la meditación profunda. Experimentó una sensación de serena e inmensa felicidad. Inspiraba y espiraba. "Yo era yo y, a la vez, no lo era… Una sensación muy agradable y silenciosa". Explica que, en ese punto, la consciencia dejaba de ser algo importante.
Quien practica la meditación o imparte formaciones sobre mindfulness identifica a la perfección este fenómeno. Al igual que ocurre en un maratón o en un momento vital complicado, la clave reside en simplificar; en vaciar la cabeza de las ideas sobrantes y concentrarnos, única y simplemente, en el compás de nuestra propia respiración.
Personalmente, siempre he tenido una capacidad mucho mayor para encontrar esa paz, ese instante de vacío mental, en las carreras de fondo y ultrafondo. Por eso la lectura de este libro me resulta tan reconfortante: por la sutil y profunda manera en que alguien como Murakami pone palabras a esa vivencia. Y, desde la inevitable modestia que exige compararse con un gigante de la literatura, no puedo evitar sentir una conexión íntima y profunda con sus reflexiones.
Es un libro que recomiendo a todo el mundo y, de forma muy especial, a quienes disfrutan de las travesías por la naturaleza y los deportes de resistencia.
P.D.: Cuenta Murakami que, si pudiera elegir su propio epitafio, le gustaría que rezara así: «Haruki Murakami. Escritor y corredor. Al menos aguantó sin caminar hasta el final».