03/07/2026
«Creí que las nubes hacían ruido al chocar».
Confesó un hombre nacido sordo que recuperó el oido.
En las noches siguientes, al escuchar por primera vez a los grillos, pensó que era el sonido que hacían las estrellas.
Hay una belleza severa en esa confusión. Una pureza que nosotros, aturdidos por el ruido de fondo de la prisa y el descontento, vamos perdiendo.
Nos acostumbramos a que la vida pase de largo sin que nos toque.
¿Qué ocurre dentro de ? Justo lo contrario.
Esto no es un refugio de misticismo barato para evadirse del mundo, sino un laboratorio de desmantelamiento. Aquí venimos a desaprender el ruido. Nos movemos, respiramos y sostenemos el peso del cuerpo por el asombro animal de sentirnos vivos.
Quien aprende a mirar lo que ocurre debajo de su piel, aprende a mirar el mundo sin salir corriendo.
Hacemos esto juntos, en comunidad, para devolverle el misterio a lo cotidiano. Para entrenar la mirada, conmovernos con lo invisible y recordar, aunque sea por una hora, cómo sonaba el silencio antes de que lo llenáramos de palabras.
Venimos a encontrarnos con todo. Para volver a escuchar las estrellas.
Gracias por el vídeo