11/06/2026
La diferencia enorme entre observar el daño recibido y mirar al que lo hace, es la capacidad de cada uno de sanar. Si enfocas tu vida en un agresor, el que sea, sin mirar tu dolor, el resultado es siempre nulo. Pues es el dolor el que te permite alejarte de cualquiera que quiera hacerte daño de la misma manera. Mirar el dolor, o la humillación, por ejemplo, es un ejercicio donde se pueden mezclar emociones. La culpa, profunda, y la vergüenza, paralizante, van a dejar una huella: el miedo. Para evitar ese miedo, este ejercicio es básico pues aprendes a tolerar mentalmente lo que hubo. No como un acto de masoquismo, sino de tolerancia para después poder tener una actitud más serena y no reactiva. Es un proceso que termina sin alterar tu centro a pesar de lo que te digan. La herida deja de dirigir tu vida. Conservas el control de tus emociones y tu respuesta gana en serenidad y cordura.