06/08/2021
Esta semana hablabamos de parar, de escucharnos, de bajar el volumen de lo de fuera y dejarlo en un sonido imperceptible que no me impida nunca escucharme a mí.
Hablabamos de señales en la terapia, de casualidades y sus tornados, de búsquedas furtivas en medio de la más absoluta incertidumbre.
De ser pollos sin cabeza cuando nos convertimos en autómatas practicantes pero no convencidas. De no saber y no querer saber y no poder saber.
Ayer una paciente me decía algo con lo que he despertado hoy, hay días en los que el trabajo se mezcla con mi vida porque yo de super poderes a veces voy justita y no sé siempre dejarlo fuera, no siempre lo quiero dejar.
Por eso parar en esta profesión es tan importante aunque reconozco que me cuesta la distancia, pero a respirar no podemos anteponer nada, a coger aire no nos podemos negar.
Otra semana de oasis para llenar bien los pulmones y vuelvo, otra revisión de lo que escondo para no ponerlo fuera sinsentido.
Yo, si no me escucho, me convierto en una kamikaze atolondrada.
Yo, si no me hago caso, me tropiezo con las mierdas que escondí debajo de la alfombra y me sorprendo ingenua de que estén ahí.
Además esta semana me habéis regalado un pito para que no me pierda en la montaña y un boli de astronauta para que anote mis viajes espaciales, lo meto en la maleta, no se me ocurre un equipaje mejor ❤️