12/08/2026
Con la vuelta al colegio reaparecen los horarios, el trabajo, las extraescolares, los deberes y la sensación de ir siempre con prisa.
Es comprensible que no podamos mantener el mismo ritmo de actividades que durante las vacaciones.
Pero podemos mantener algo mucho más importante:
La experiencia del niño de sentirse conectado con nosotros.
No hace falta organizar continuamente grandes planes.
A veces la conexión se construye en momentos aparentemente pequeños: una conversación en el coche, preparar juntos la cena, escuchar una historia sin mirar el teléfono o sentarse diez minutos con ellos sin pensar que tendré que hacer mañana en el trabajo.
Los recuerdos infantiles no se organizan por el precio de las experiencias.
Se organizan por su significado emocional.
Además, gran parte de lo que los niños aprenden no procede de nuestras explicaciones, sino de lo que nos ven hacer.
Si queremos que descansen, tendrán que vernos parar.
Si queremos que regulen el móvil, tendrán que vernos dejarlo.
Si queremos que disfruten del deporte, de la lectura o del tiempo en familia, tendrán que observar que esas actividades también tienen un lugar real en nuestra vida.
Somos mucho más que quienes establecen las normas.
Somos el primer modelo desde el que aprenden a relacionarse con ellos mismos, con los demás y con el mundo. Gran parte de su arquitectura humana será lo que vean y escuchen de vosotros.