09/09/2026
Ay el cuerpo…
Qué poco invertimos en escuchar su susurro. Él, que está maravillosamente diseñado para mantenernos con vida (pese a nosotros), para detectar amenazas, para sostenernos, transportarnos. Él que se dedica de forma tan generosa a informarnos de forma casi instantánea de TODO cuanto sucede fuera y dentro. Y nosotros, ignorando sus señales, incluso hasta olvidar su lenguaje y perder totalmente la comunicación con él.
El cuerpo, esta carcasa que nos regaló la vida para experimentar su magia (y sus dolores, cómo no), este templo sagrado que siempre estuvo, está y estará con nosotros hasta nuestro último aliento, y con qué facilidad lo damos por sentado, lo olvidamos y ninguneamos.
¿Cuándo fue la última vez que tuviste una cita con tu cuerpo? ¿Cuándo fue la última vez que te sentaste a sentirlo? ¿Cuándo fue la última vez que le agradeciste el privilegio de poder respirar por ti misma, de poder oler, tocar, saborear, correr?
¿Cuándo fue la última vez que lo mimaste? ¿Desde cuándo no juegas con él? ¿Desde cuándo no lo acaricias?
¿Por qué no pruebas escucharlo?. Aunque ahora consideres que te está “fallando” porque no te da lo que te gustaría, porque llegó al límite, porque no pudo seguir compensado… siéntate y siéntelo!
Pregúntale: ¿qué intentas decirme con estos síntomas? ¿Qué necesitas de mí?
Os aseguro que os responderá y os sorprenderéis con la respuesta.
Te invito a con orgullo, honor y gratitud ese jardín sagrado que es tu cuerpo.