02/07/2021
Lo que les decimos les influye, con buenas intenciones mandamos mensajes a los niños y niñas, pero a veces las buenas intenciones no son suficientes y hace falta más conexión, escucha y reflexión.
"No necesitas ir en brazos, no eres un bebé", le decimos al niño que aprenderá que pedir consuelo o cariño a través del contacto físico es algo infantil, a evitar y que parece que tiene una coraza protectora sobre su piel.
"Tú no les hagas caso" le decimos al niño que nos pide ayuda siendo pequeño en sus conflictos con otros niños y niñas, y que luego nos extrañará lo "poco que expresa" y diremos que "se guarda todo para sí mismo".
"Los demás se reirán de tí si...", le decimos al niño que para que cambie su comportamiento o que deje de realizar algún hábito (que en realidad nos remueve a nosotros) pero que aprenderá que los demás tienen el poder de hacerte sentir mal por mostrar lo que necesitas.
"qué cara más sucia, los demás pensarán que...", "¿esa ropa te vas a poner?", le decimos al niño que la intención de motivarlo y realice alguna acción, pero aprenderá a estar más pendiente de lo que los demás piensan que de lo que él siente o necesita.
"Si no te comes todo me pondré triste" o "qué contenta estoy cuando haces..." le decimos al niño que aprenderá que la felicidad o la tristeza de los demás dependen de lo que él haga o deje de hacer (¡ojo! las emociones son propias y cómo las gestionamos es algo propio, no podemos utilizar a otra persona en nuestro beneficio y felicidad).
"Qué pesadico que eres" le decimos al niño para que vaya a jugar solo, pero que aprenderá que es una carga, que no debe de molestar para ser aceptado y que pondrá por delante lo que los otros necesiten aunque sea en detrimento propio (Cuando en realidad lo que necesitábamos era más tiempo para nosotros mismos, menos carga laboral o más ayuda en casa).
Pero no sólo les influye lo que les decimos, también lo que hacemos, lo que toleramos, lo que no decimos o lo que callamos.