02/06/2026
Hoy es el Día Mundial de Acción por los Trastornos de la Conducta Alimentaria. Me he tomado la molestia de improvisar esta publicación porque, honestamente, hay perfiles que cada vez me preocupan más en consulta precisamente porque casi nadie los identifica como un problema.
El que lleva toda la vida “cuidándose”, pero vive restringiendo alimentos, sintiendo culpa al comer y pensando constantemente en compensar.
Quien sobrevive con cafés y bebidas energéticas, que pasa horas sin comer porque “no tiene hambre”, “no le da tiempo” o siente que comer le descontrola.
Cuando se pasan semanas diciendo: “esto no puedo comerlo, estoy a dieta”
y después entra en el: “ya la he liado, así que da igual”.
Y no, no siempre hay un diagnóstico detrás.
No siempre hay bajo peso.
No siempre hay una imagen que “encaje” con lo que entendemos por una enfermedad.
Pero sí suele haber sufrimiento.
Mucho desgaste mental.
Mucho miedo.
Mucha sensación de pérdida de control.
Y a veces lo más difícil es que el entorno lo normaliza:
“¡cuánto te cuidas!”
“qué fuerza de voluntad”
“ojalá yo pudiera”.
Por eso creo que necesitamos empezar a hablar de esto de otra manera.
Dejar de opinar sobre cuerpos.
Dejar de comentar cómo come alguien.
Dejar de felicitar pérdidas de peso sin saber qué hay detrás.
Porque muchas veces lo que desde fuera parece control, por dentro se vive como agotamiento.
Y quizá, cuando nos vengan esas ideas automáticas, podríamos frenarlas y empezar a preguntar:
“¿cómo estás?”
“¿qué necesitas?”
“¿te puedo ayudar?”
A veces, acompañar sin juzgar puede cambiar mucho más.