19/10/2020
¿POR QUÉ SE EVALÚA LA APTITUD PSICOFÍSICA?
Conducir es una tarea compleja que requiere que el conductor mantenga las capacidades perceptivas, cognitivas y motoras que le permitan conducir con seguridad, capacidades que se alteran por algunos trastornos o enfermedades con el consiguiente incremento del riesgo de colisión y lesiones.
La Directiva Europea 2006/126 regula el permiso de conducción y establece, entre las condiciones para obtener o renovar el permiso, mantener los requisitos mínimos de aptitud psicofísica.
Enfermedades como el síndrome de apnea obstructiva del sueño, la diabetes mellitus, algunos defectos visuales, los trastornos convulsivos, ciertos deterioros cognitivos o algunos trastornos psiquiátricos… se han asociado a accidente de tráfico.
La participación de numerosos factores en el origen de una colisión hace complicado el estudio de la enfermedad como factor de riesgo, pero sabemos que además de la enfermedad, generalmente el tipo de trastorno, el grado de control y de cumplimiento del tratamiento son circunstancias que van a influir en el riesgo de accidente.
En España, los requisitos de aptitud psicofísica se desarrollan en el Anexo IV del Reglamento General de Conductores y la valoración de los conductores es competencia de los centros de reconocimiento cuya misión preventiva es fundamental.
VALORACIÓN DEL CONDUCTOR.
El médico y psicólogo del CRC tienen la responsabilidad de determinar si el riesgo de un conductor que padece una enfermedad es “asumible” y si se puede reducir con medidas preventivas, pero ha de contar con la colaboración del conductor, que no tiene menos responsabilidad, y que en ocasiones, desconocedor del peligro que asume al volante da prioridad
a la obtención de un permiso “limpio” (sin ninguna limitación) ocultando su enfermedad y perdiendo en su reconocimiento la
oportunidad de recibir consejos preventivos que van a reducir la
probabilidad de sufrir un accidente grave.
¿Alguien permitiría conducir a un invidente o a una persona que no es capaz de orientarse en espacio y tiempo,….?
Sin embargo para una gran parte de los conductores que padecen una enfermedad existe la posibilidad de adaptar las condiciones en las que se conduce a sus necesidades, para que su movilidad sea segura.
Finalmente, no todas las personas pueden conducir. Son casos graves con pérdidas de visión muy importantes o con alteraciones neurológicas, cognitivas, etc. que suponen un riesgo inasumible.