28/07/2026
La fase retrasada del sueño no es simplemente “ser nocturna” ni acostarse tarde por costumbre.
Es un trastorno del ritmo circadiano en el que el reloj biológico está desplazado varias horas respecto al horario social. La persona tiene sueño más tarde de lo habitual y, por tanto, también necesita despertarse más tarde.
Yo la tengo, y durante mucho tiempo pensé que simplemente se me daba mal madrugar. Pero no es una cuestión de voluntad.
Los síntomas más frecuentes son:
• Dificultad persistente para dormirse a una hora convencional.
• Problemas importantes para despertarse temprano.
• Somnolencia, niebla mental, irritabilidad o bajo rendimiento por la mañana.
• Mayor activación y concentración durante la tarde o la noche.
• Sueño normal y reparador cuando se permite dormir en el horario que el cuerpo pide.
Esta última parte es clave: muchas personas con fase retrasada no duermen mal. Duermen bien, pero en un horario incompatible con el trabajo, los estudios o las obligaciones familiares.
Por eso puede confundirse con insomnio, depresión, TDAH, hipersomnia, falta de disciplina o incluso pereza. También puede coexistir con estas patologías, así que no todo cansancio matutino se explica por un trastorno circadiano.
Cuando una persona se ve obligada a despertarse varias horas antes de su horario biológico, puede vivir en una especie de jet lag social permanente. Esto favorece la privación crónica de sueño, la dificultad para concentrarse, los cambios de humor y un mayor riesgo de errores o accidentes por somnolencia.
El diagnóstico no se basa únicamente en acostarse tarde. Debe existir un patrón persistente, dificultad real para adaptarse a horarios convencionales y una repercusión significativa en la vida diaria. Los diarios de sueño y la actigrafía pueden ayudar a identificarlo.
No todas las personas que se levantan tarde son vagas. Algunas llevan años intentando vivir en un horario que no coincide con el de su propio cerebro.