10/06/2026
Hubo un tiempo en el que las calles eran una extensión del hogar. Los niños salían después de comer y regresaban cuando el Sol comenzaba a esconderse.
Jugaban a la rayuela, a la comba, corrían detrás de una pelota o recorrían el barrio en bicicleta. Aprendían a convivir, a compartir, a perder, a ganar y a resolver sus diferencias sin que nadie organizara cada minuto de sus vidas. La calle era su escuela de humanidad.
Hoy las calles están asfaltadas, puede que parezcan más limpias y ordenadas, pero eso no significa que sea mejor. Cambiamos la carcajada infantil de las cinco de la tarde por el sonido de los coches, y por ello ahora los niños pasan más tiempo entre cuatro paredes que bajo el cielo.
Piénsalo: los niños de ahora conocen más pantallas que árboles y más perfiles digitales que vecinos.
Y me pregunto… ¿Dónde hacen tribu nuestros hijos?
La infancia no fue diseñada para vivirse en soledad. Un niño necesita otros niños. Necesita correr, ensuciarse, explorar, aburrirse, negociar, crear aventuras y sentirse parte de algo más grande que él mismo.
Quizás el mayor avance no sea construir más carreteras, ni más recreo de colegio techados, ni más parques tóxicos…Piénsalo también.
Las calles sin niños es un paso atrás para el futuro de una sociedad entera. ¿Esto es avance? ¿De verdad lo crees?