08/09/2026
Que no me elijas no significa que yo no valga.
Y esto es algo que necesitamos dejar de confundir.
Si tú decides estar cerca de mí o lejos,
si decides quedarte o marcharte,
si decides elegirme o no…
esa decisión habla de ti. No define mi valor.
Habla de tu momento vital.
De tus necesidades.
De tus heridas.
De tus límites.
De lo que puedes ofrecer.
De lo que quieres.
De lo que estás preparado —o no— para vivir.
¿Puede doler? Sí.
¿Puede removerme? Por supuesto.
¿Puede hacerme mirar hacia dentro? También.
Pero una cosa es preguntarme qué me está mostrando esto,
y otra muy diferente es preguntarme:
“¿Qué tengo de malo para que no me elijas?”
Porque no, cariño.
No voy a utilizar tu capacidad para quererme como termómetro de mi propio valor.
Tu elección puede darme información sobre ti.
Puede darme información sobre mí.
Puede darme información sobre nuestro vínculo.
Pero no tiene autoridad para decirme quién soy.
Y quizá el verdadero amor propio no sea pensar que todo el mundo tiene que elegirnos.
Quizá sea poder aceptar que alguien no nos elija
sin dejar de elegirnos nosotros.
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