16/08/2026
Muchas de las personas a las que acompaño me suelen repetir algo parecido:
Cuando surge el conflicto, la ansiedad, la crisis, las herramientas aprendidas son difíciles de poner en práctica.
Es que, para volver a nuestro centro, o por lo menos para atravesar la tempestad, necesitamos entrenamiento.
En los períodos de más calma, más tiempo y menos exigencia, podemos hacer músculo.
Si agosto te lo permite, aquí te dejo una práctica para ampliar tu capacidad respiratoria y tu presencia.
Cuanto más interiorizada tengas una práctica, más fácil será recurrir a ella en momentos de mayor movimiento, ajetreo o ansiedad.
🧭🧭P R Á C T I C A🧭🧭
Las primeras veces, te invito a sentarte o tumbarte, y cerrar los ojos.
Presta atención a cómo entra y sale el aire de tu cuerpo.
Observa qué partes de tu cuerpo participan en la respiración.
Qué se mueve.
Quédate un tiempo ahí.
Quizá poco a poco empieces a notar que el aire no siempre encuentra el camino libre.
Hay zonas más rígidas.
Tensiones.
Músculos que permanecen contraídos.
Lugares donde el movimiento respiratorio se encuentra con un límite.
Cuando aparezca alguno de esos lugares, lleva allí tu atención.
Y también tu intención.
Durante la inspiración, puedes imaginar que el aire llega hasta esa zona y que, desde dentro, ayuda a crear espacio.
Como si el aire pudiera estirar suavemente, desde dentro, esa musculatura que retiene, que aprieta o que dificulta su paso.
No se trata de coger más aire, ni de forzar una respiración más profunda. Se trata de escuchar y acompañar.
De reconocer dónde hay espacio y dónde todavía hay resistencia.
Y de permanecer ahí el tiempo suficiente para que el cuerpo pueda empezar a aflojar, ampliar o abrir otras posibilidades.
Al principio necesitarás parar para practicarlo.
Sentarte. Tumbarte. Pero poco a poco esta atención puede empezar a acompañarte incluso haciendo otras cosas: caminando, cocinando, viajando.
El objetivo no es convertir la respiración en otra tarea más. Es aprender a estar en ella.
Y cuando llegue un momento de más dificultad, tú cuerpo sabrá el camino.