28/08/2026
La depresión posvacacional, ese estado de ánimo recurrente e insistente que nos invade cuando volvemos de un período vacacional más o menos largo.
Hemos conseguido desconectar, hemos estado fuera,hemos comido y bebido de más, nos hemos reencontrado con personas que hacía mucho tiempo que no veíamos; tal vez hemos estado en sitios nuevos, probado cosas nuevas o tenido experiencias nuevas, hemos gastado de más y nos hemos (seguro) divertido mucho.
Y es que en vacaciones miramos menos: el reloj, el dinero, relajamos la crianza, incluso nos despistamos de lo que normalmente nos molesta. En una palabra: estamos disdrutones/as.
Así es que sí: volver es duro. Tan duro que después de tantas endorfinas seguidas el cerebro se deprime en la normalidad. Pero podemos hacer cosas por sobrellevarlo mejor y una de las propuestas es llevar algunas cosas de las vacaciones a la vida normal para engañar al cerebro y que el aterrizaje no sea tan abrupto.
Podemos seguir disfrutando de nuestra vida, porque (en circunstancias normales) la felicidad no está en los daiquiris que me tomé a la luz de la luna en aquel hotel de playa (sirva el cliché como ejemplo de disfrute), sino en saber llevar la actitud que acompañaba al daiquiri a la vida normal... Y el daiquiri también jeje.