Silvia Abad Psicóloga

Silvia Abad Psicóloga Servicios de atención psicológica presencial u online, para niños, adolescentes y adultos. Atención individual, familiar o de pareja.

Evaluación, asesoramiento y acompañamiento en su búsqueda del bienestar.

Esta semana se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Pensar en ello me lleva a una obviedad que, en ocasion...
04/08/2026

Esta semana se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. 
Pensar en ello me lleva a una obviedad que, en ocasiones, parece pasar muy desapercibida: Detrás de cada lactancia hay una mujer. 
Una mujer que está atravesando uno de los cambios físicos, emocionales y relacionales más intensos de su vida. 

A veces la lactancia, sea del tipo que sea, se vive con disfrute. A veces con dudas, puede que con dolor. Con ambivalencia... Y, muchas veces, con una mezcla de todo ello. 
Por eso, cuando hablamos de lactancia, también merece la pena hablar de salud mental perinatal. 

Porque cuidar una lactancia no es solo acompañar cómo se alimenta un bebé. También es acompañar cómo está la mujer que lo alimenta, lo sostiene y aprende, al mismo tiempo, a habitar una nueva versión de sí misma. 

Podría decirlo desde mi parte profesional, también desde esa parte de mi que está inmersa en maternar a dos criaturas, o desde ambas. Pero aflora aún más fuerte mi parte más humana y socialmente consciente al verbalizar que una de las mejores formas de proteger la infancia que podemos hacer entre todos (seamos o no madres o padres, profesionales o no del tema) es no olvidar a quienes la sostienen cada día. A todas esas madres que ponen el cuerpo, y tantas veces también la mente y corazón, al servicio de la vida, independientemente del tipo de lactancia que practiquen. 

Quizá uno de los mejores regalos que podemos ofrecer a una madre reciente no sea sólo preguntarle cómo está el bebé. Sino preguntarle, con interés real, genuino y sin juicio: "Y tú, ¿cómo te encuentras?" 
Porque cuando una madre se siente vista, acompañada y sostenida, no sólo cuidamos de ella. Cuidar a las madres siempre será una de las formas más valiosa y potente de cuidar de la infancia. 

Aunque otras cuestiones a otros niveles debieran mejorar mucho para atender el cuidado de la infancia a través del real cuidado de quienes cuidan, hagamos lo que nos alcance en lo inmediato y cotidiano. Siempre suma. 

La lactancia merece ser protegida, apoyada y acompañada. Y las madres también ♥️

Resulta que hoy es el Día del Autocuidado y me ha parecido una buena razón para pasarme por aquí y aportar mi granito de...
24/07/2026

Resulta que hoy es el Día del Autocuidado y me ha parecido una buena razón para pasarme por aquí y aportar mi granito de arena hablando de una nueva estrategia de regulación emocional. 

Cuando una emoción es muy intensa, puede llegar a ocupar tanto espacio que parece que se convierte en todo lo que somos en ese momento. Puede paralizarnos, invadirnos y hacernos sentir que no tenemos recursos para atravesarla de una manera serena y cuidada con nuestro ser y la propia situación. 

En esos momentos nos ayudará empezar por algo sencillo: preguntarnos dónde está esa emoción en nuestro cuerpo: ¿En el pecho?, ¿en la garganta? ¿En el estómago? ¿en los hombros?... 

Ponerle una localización no hace que desaparezca, pero ayuda a delimitarla. Ya no está "en todas partes". Ahora tiene un lugar y, muchas veces, cuando algo deja de sentirse tan difuso, también deja de sentirse tan inmenso y, por tanto, pasa a percibirse como más manejable. 

Cuando ya sabemos dónde está, el segundo paso sería intentar conocerla un poco mejor otorgándole a esa sensación algunas características que nos ayuden a representar de una manera más concreta lo que estamos sintiendo. Por ejemplo, si esa sensación tuviera una forma, ¿cómo sería?, ¿de un color o de varios?, ¿pesada o ligera?, ¿fría o caliente?, ¿se mueve o permanece quieta?... 

Darle esta entidad física a la experiencia emocional puede ayudarnos a convertirla de intensa y difícil de abarcar a algo que podemos observar y acompañar. 
No porque la emoción sea literalmente eso que imaginamos, sino porque atribuirle estas características nos permite tomar cierta perspectiva, ponernos como observadoras y relacionarnos con ella de una manera algo más concreta y también más equilibrada. 

Haber llegado hasta aquí, ya nos permite ser más protagonistas del momento, sin dejar de estar en conexión con nuestro sentir para ayudarnos a atravesarlo y poder facilitarnos un cómo que nos cuide, acogiendo la intensidad y poniendo nuestros propios recursos en acción y a nuestro favor. 

¿Y después? Después toca "respirar la emoción" a través de sus diferentes entidades físicas otorgadas en el paso anterior. 

✍🏼 Continúa en comentarios

Hay días en el calendario que azarosamente se convierten en fechas significativas en nuestras vidas y para mí el día 4 d...
04/06/2026

Hay días en el calendario que azarosamente se convierten en fechas significativas en nuestras vidas y para mí el día 4 de Junio lo es por múltiples motivos que se han ido sumando con los años y, particularmente, el de este 2026, lo es hace de manera muy especial.

Hoy esta cuenta cumple 6 años.

Seis años divulgando sobre Psicología desde el otro lado de la pantalla, mientras "en el directo" del día a día de la consulta, y desde hace algo más de tiempo, muy dichosa de compartir y acompañar procesos de personas maravillosas que muchas veces empiezan sin hacer mucho ruido y terminan convirtiéndose en pequeñas revoluciones personales.

Curiosamente, la vida, que tiene estas maneras tan suyas de ordenar los tiempos, ha querido que hoy también se cumpla un año de la charla-coloquio en mi ciudad donde tuve la oportunidad de participar hablando sobre prevención en salud mental infantojuvenil.

Recuerdo perfectamente la sensación de responsabilidad personal y profesional ante dicho acto y relevancia del tema a tratar, y la imperiosa necesidad de transmitir también esa concienciación colectiva tan importante de pensar en todas esas infancias y adolescencias que merecen adultos presentes, atentos y emocionalmente disponibles, y de una sociedad que les cuide sin sobreproteger, pero que se haga cargo de su impacto, más o menos directo, en muestras generaciones venideras y se revise y cuide también para dar lo mejor de sí.

Y hoy, además, y esto me emociona especialmente, ha sido la última ecografía antes de tener a mi segunda hija a este otro lado de la piel.

Tres circunstancias muy distintas y tres versiones de mí coincidiendo en un mismo día.

Mi parte amante de la Psicología que hace seis años, y sin saber muy bien hasta dónde llegaría, decidió abrir este espacio con la intención de acercar esta Ciencia de manera sencilla, clara y accesible hablando de lo que nos atraviesa a todas las personas.

Mi parte más profesional que hace un año hablaba públicamente de cuidar la salud mental desde la raíz.

Y la mujer que soy y hoy miraba una pantalla en blanco y negro, aún asombrada y muy emocionada de lo que estoy viviendo, mientras escuchaba un corazón latiendo dentro de mi propio cuerpo.

Hace unos días fue mi último día de trabajo antes de parar para habitar plenamente este momento personal. Y al cerrar la puerta de la consulta sentí algo que me inundó: una conciencia muy clara de cuántas vidas llevo dentro y de cuántas vidas me permiten formar parte de las suyas.
Las historias que me confiáis. Los procesos que transitamos juntas. Las lágrimas que aparecen en muchos momentos por diferentes motivos. Los avances invisibles que sólo quien los vive sabe lo que cuestan...
Me sentí inmensamente agradecida y emocionada.

Ser psicóloga y tener el privilegio de acompañar a personas que confían en ti es, muchas veces, sostener pedacitos de vida ajena con un enorme respeto.

Y hoy me empapo de esa sensación de gratitud profunda, de ese sentir que se nota en el cuerpo y te atraviesa por poder dedicarme a algo tan maravilloso.
Porque mientras una nueva vida se está gestando dentro de mi, pienso inevitablemente en todas las vidas que me han atravesado estos años y que también me han ido construyendo.

Gracias por estar aquí desde hace 6 años y ser también impulso para seguir creciendo.
Gracias por confiar, por leer, por compartir, por estar al otro lado.

Y, como siempre, una gratitud especial a quienes, además de lo anterior, me permitís formar parte de vuestro equipo, me dejáis acceder a vuestra grandeza y hacéis cómplice de vuestras conquistas. Es y será un honor siempre.

Nos seguimos viendo por aquí, puede que desde otro ritmo, pero con el mismo corazón siempre. ♥️

GRACIAS INFINITAS

A raíz del último post sobre regulación emocional, me ha parecido buena idea hacer una propuesta con 5 ideas para practi...
02/06/2026

A raíz del último post sobre regulación emocional, me ha parecido buena idea hacer una propuesta con 5 ideas para practicar la atención plena que te ayuden a volver al presente. 
Si no lo leíste en su momento, te animo a hacerlo ahora para saber el sentido completo de este post. 

Propuesta 1: 
De esta sugerencia existen muchas alternativas posibles con las que poder practicar: buscar cosas de diferentes colores o hacer rastreos en el entorno basados en tus sentidos (Ej. 5 cosas que puedas ver, 4 que puedas tocar, 3 que puedas escuchar...) 

Propuesta 2: 
Jugar con números haciendo cálculos mentales es una alternativa muy socorrida. Lo mismo que jugar con letras mientras vas por la calle, por ejemplo, pensando en el nombre de un animal que empiece por cada una de las letras que compongan la palabra con la que te has topado (Ej "Panadería" = Puma // Antílope // Nutria // Abeja ... ) 

Propuesta 3: 
Recurrir a lo gustosito y placentero de un automasaje con la suavidad de unas brochas al contacto con nuestra piel, creo que tiene un poder muy acorde al cometido de regularnos y devolvernos a la conexión con nuestras sensaciones corporales agradables. 

Propuesta 4:  
Este sencillo ejercicio involucra a tus sentidos, ayudando a calmar tu mente y relajando tú sistema nervioso. 

Propuesta 5: 
Verbalizar en voz alta tus acciones y sensaciones consecuentes mientras las vives, poniendo consciencia en todo ello, ayuda a estar anclados en el presente favoreciendo así el salirnos del automatismo o el bucle mental que a veces nos atrapa. 

Deseo que estas sugerencias te hayan resultado interesantes y, por supuesto, que puedas implementarlas de manera sencilla en tu día a día pero, sobre todo, en esos momentos donde especialmente necesitas regularte. Así que, guardate este post y no lo pierdas de vista ☺️ 

Me encantará saber si ya conocías estas propuestas y si te ayudan a volver al aquí y el ahora para sosegarte. 
♥️

Volvemos con otra propuesta accesible para aprender a regularnos emocionalmente.   En esta ocasión no se trata de una es...
29/05/2026

Volvemos con otra propuesta accesible para aprender a regularnos emocionalmente.  

En esta ocasión no se trata de una estrategia que implique hacer algo “activo” con el cuerpo, ya que, a veces, también ayuda algo mucho más sencillo como volver la atención a lo que está pasando aquí y ahora.  

Precisamente a esto se refieren las prácticas que te sugiero hoy como herramientas de regulación: el mindfulness o la atención plena. 

Y no, no consiste en “dejar la mente en blanco” ni en relajarse automáticamente. 
Muchas veces tiene más que ver con parar un momento y darnos cuenta de dónde estamos, qué está pasando a nuestro alrededor o cómo se encuentra nuestro cuerpo en ese instante. 

Porque cuando estamos muy ansiosas, preocupadas o atrapadas en pensamientos, es fácil que la atención se vaya constantemente hacia lo que podría pasar, hacia lo que ya pasó o hacia todo lo que sentimos que deberíamos resolver, revolucionando así nuestro sistema nervioso que, posiblemente, responda a través de nuestro cuerpo con incómoda sintomatología física.  

La atención plena intenta justamente lo contrario: ayudar al sistema nervioso a salir un poco de esa inercia o bucle y orientarse de nuevo al presente. 

No siempre calma de inmediato. 
Y no hace falta “hacerlo perfecto” para que resulte útil. Si bien, puede convertirse, poco a poco, en una forma de darle al cuerpo algo de pausa entre tanta alerta y/o sobrepensamiento. 

Si ya lo prácticas, cuéntame si hay alguna estrategia en esta línea que te resulte particularmente útil y así pueda ser también utilizada por otras personas que lean este post. 🥰 

¡Empiezo yo! El momento ducha es mi práctica diaria de atención plena: concentrarme en el sonido del agua, olor del jabón, divisar las salpicaduras del agua en la mampara, la temperatura del agua y mi piel reaccionando... 
Y es que, precise o no de regularme, entrenar este tipo de estrategias siempre suma 😊

Estoy convencida de que en todas las casas existe un espacio que podríamos declarar la zona del caos: un cajón que parec...
24/05/2026

Estoy convencida de que en todas las casas existe un espacio que podríamos declarar la zona del caos: un cajón que parece un agujero negro, una silla que ha renunciado a ser silla para ser perchero o ropero, o incluso habitaciones enteras que cumplen la función de trastero. 

Pensar en ello me recuerda en parte a una característica muy humana que habla de cómo funcionamos y nuestras posibilidades diarias. 
Y es que, tenemos una capacidad limitada de atención, de memoria, de energía, para tomar decisiones de forma más o menos fluida... y que, conforme va pasando el día y nos vamos enfrentando a retos, se va agotando o necesita ser cuidadosamente gestionada para asegurarnos de su disponibilidad para la importante. 

Por eso creo que en parte esos lugares del caos cumplen una función de "modo ahorro" de nuestro cerebro: cuando ya está fatigado, le parece que está de más determinar de qué aparato es ese cable misterioso que acabas de encontrarte y activa la estrategia de "pensarlo después"... Aunque es probable que ese "después" se demore más de lo que honestamente nos gustaría reconocer 😅 

Y así, poco a poco, casi sin darnos cuenta, nacen esos rincones, a modo de válvulas de escape y ahorro funcional. 
Un recordatorio de que somos humanos, que no podemos con todo y que, a veces, necesitamos dejar algo en pausa para no saturarnos. 

Y tú, ¿también tienes tu propia zona del caos?

¿Cuál ha sido tu gran conquista este mes?  A veces pensamos en conquistas como algo enorme, visible o extraordinario. Pe...
30/04/2026

¿Cuál ha sido tu gran conquista este mes? 

A veces pensamos en conquistas como algo enorme, visible o extraordinario. 
Pero cuando la vida aprieta, las verdaderas conquistas suelen ser las más cotidianas y silenciosas. 

- Levantarte cada mañana aunque no tuvieras ganas. 
- Haber atravesado una conversación difícil sin huir de ella. 
- Poner un límite para cuidarte, aunque te diera miedo decepcionar. 
- Elegir descansar cuando tu cuerpo pedía pausa. 
- Sostener a alguien importante para ti desde el cariño y la presencia. 
- Pedir ayuda en lugar de hacerlo todo en soledad. 
- Haber sido más amable contigo en un momento complicado. 
- Haber tolerado una emoción incómoda sin exigirte estar bien enseguida. 
- Seguir intentándolo, incluso en días en los que todo pesaba más, respetando tu ritmo. 
- Soltar algo que ya no podías sostener. 

Muchas de estas cosas parecen pequeñas. 
Y, sin embargo, cuando atravesamos momentos intensos, son justo el suelo firme que nos sostiene. 

Curiosamente, cuando la vida se calma, aquello que antes requería tanto esfuerzo empieza a salir de manera más natural… y dejamos de reconocer el trabajo interno que hay detrás. Lo normalizamos. Lo minimizamos. Lo damos por hecho. 

Por ello, la invitación que hoy te hago va en esa línea: Reconocer que lo básico también es valioso y lo es siempre. 
Que los mínimos cuentan. 
Que cuidarte, sostenerte y seguir presente ya es, muchas veces, una enorme conquista. 

No todo crecimiento es visible. 
No todo avance hace ruido. 
Pero todo aquello que te ayuda a permanecer, merece ser visto y celebrado. 

¿Cuál ha sido tu conquista silenciosa este mes? 
Te leo 👇🏼

Si alguna vez te has lavado la cara con agua fría para “espabilarte”, no era casualidad. Y quizá también hayas notado qu...
16/04/2026

Si alguna vez te has lavado la cara con agua fría para “espabilarte”, no era casualidad. 
Y quizá también hayas notado que, en momentos de ansiedad intensa, el agua fría te ha ayudado a frenar esa sensación de desborde. 
Aunque pueda parecer contradictorio, tiene sentido. 

La temperatura es una vía rápida de regulación porque nuestro sistema nervioso no sólo responde a lo que pensamos, sino, sobre todo, a lo que el cuerpo experimenta. 

Cuando sientas que todo va demasiado rápido, estás con ansiedad o percibas a tu cuerpo acelerado, el contacto con agua fría en la cara, las mejillas o la nuca, puede ayudarte activando una señal fisiológica clara en tu organismo que le ayudará a salir de ese exceso de activación haciendo que disminuya ligeramente el ritmo cardíaco y propiciando que la respuesta de alarma en la que te encuentras, pierda intensidad.  

Si bien, hay momentos en los que el problema no es sentir "ir demasiado rápido", sino notarte sin energía o sin agarre interno. Momentos en los que lo que necesitas no es calmarte, sino sentir sostén.  
En estados de tristeza, cansancio emocional o sensación de fragilidad o vacío, el calor suave puede resultar especialmente regulador: una manta sobre los hombros, una ducha templada o una fuente de calor en el pecho o el abdomen pueden ayudarte. 
El sistema nervioso asocia el calor con protección y descanso y cuando esa señal aparece, la desregulación empieza a disminuir y el cuerpo se apacigua poco a poco, reconociendo el calor como contexto seguro. 

Así, en ambos estados (sobreactivación o hipoactivación) y sin apenas esfuerzo, se abrirá un primer espacio y margen de calma en tu organismo en el que seguir ahondando para reconquistar tu serenidad. 

Ya ves que regularnos no tiene porque suponer cosas complejas, ni siquiera perfectas...  
Lograr ayudarnos a mejorar nuestro estado, por poco que sea, siempre es bien.

“El descanso del guerrero” suena épico, pero también es una trampa.  En consulta ocurre con frecuencia que llegan person...
01/04/2026

“El descanso del guerrero” suena épico, pero también es una trampa. 

En consulta ocurre con frecuencia que llegan personas muy cansadas que aún dudan de si “les toca” parar, que se piden poder haber hecho y seguir haciendo más, aguantado más, llegado más lejos...  

Nos han enseñado que hay que darlo todo, aguantar, rendir, apretar los dientes. Y sólo entonces, cuando ya no puedes más, parece que el descanso sea lícito y esté justificado. Como si parar antes fuese debilidad. Como si no hubieras “hecho lo suficiente” para merecerlo. 
Y ahí es donde algo no encaja. Porque si el descanso sólo aparece cuando ya estás al límite, no es descanso, es reparación. 

El cuerpo no debería ser un campo de batalla. Ni la vida una guerra constante. 
Bajar el ritmo sin una crisis de fondo, es válido y necesario. 

Sé que no es fácil, porque va bastante en contra de lo que hemos aprendido y de lo que nos han enseñado, pero no:  
No hace falta romperse para parar. 
No hace falta agotarse para validar lo que haces. 
No hace falta vivir en modo supervivencia para ser digno de descanso. 

El descanso no es una recompensa. Es una necesidad, una forma de cuidado, de prevención y de respeto hacia ti. 

Habrá momentos en los que parar no sea posible. O no del todo. 
Etapas que exigen, que aprietan, que no dejan mucho margen. 
Y no se trata de negar esa realidad. Pero sí de no convertir ese sobreesfuerzo sostenido en norma. 
No todo descanso tiene que ser heroico o, al menos, no debería. 

(Imagen: )

Esta es mi primera aparición por aquí este 2026. No hay un motivo exclusivo ni tampoco de peso. Simplemente me he dedica...
04/02/2026

Esta es mi primera aparición por aquí este 2026. No hay un motivo exclusivo ni tampoco de peso. Simplemente me he dedicado a bailar el día a día y el son no me ha traído por estos lares. 
Sin más, me he dejado llevar, he ido fluyendo con lo que pasaba al otro lado de la pantalla... 
Observar esto me ha ayudado a decidirme por la propuesta que hoy te comparto dentro de este hilo conductor sobre las estrategias de regulación emocional de las que llevo hablándote algún tiempo. 

Hoy te hablo de la posibilidad de regular nuestro sistema nervioso permitiendo a nuestro cuerpo dejarse llevar por la música, fluir con ella, moviéndonos según lo que ésta nos haga sentir. 

No se trata de aprender pasos, ni de entrenar una coreografía perfecta, sino de escuchar nuestro cuerpo, responder a lo que sentimos y permitirnos expresar esas emociones de manera libre y respetuosa al ritmo de la música. 

La ciencia respalda esta conexión: estudios en psicología y neurociencia muestran que el movimiento corporal y la música activan sistemas cerebrales relacionados con la emoción, reducen el estrés y regulan nuestro estado de ánimo.  
Movernos al ritmo de la música aumenta la liberación de endorfinas, disminuye el cortisol (la hormona del estrés) y nos ayuda a procesar emociones difíciles, canalizándolas de manera saludable. 

Además, la fluidez que requiere este tipo de movimiento es en sí misma un acto regulador. Nos invita a soltar tensiones, a responder de manera espontánea y a reconectar con nuestra intuición corporal. En otras palabras, nos enseña a acompañarnos emocionalmente, a sentir sin juicio y a equilibrarnos desde dentro hacia afuera. 

Fluir con la música y con nuestro cuerpo es, por tanto, un ejercicio simple pero poderoso: un recordatorio de que nuestras emociones necesitan ser escuchadas, sentidas y liberadas, y que nuestro cuerpo puede ser un aliado fundamental en esa regulación. 

¿Te animas a probar cómo te hace sentir el dejarte llevar por la música?

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