Silvia Abad Psicóloga

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Silvia Abad Psicóloga Servicios de atención psicológica presencial u online, para niños, adolescentes y adultos. Atención individual, familiar o de pareja.

Evaluación, asesoramiento y acompañamiento en su búsqueda del bienestar.

Cuando hablamos de salud mental, solemos mirar hacia dentro. A nuestros pensamientos, nuestras emociones, a nuestros rec...
10/10/2026

Cuando hablamos de salud mental, solemos mirar hacia dentro. 
A nuestros pensamientos, nuestras emociones, a nuestros recursos para afrontar lo que nos ocurre, nuestra manera de relacionarnos... 
En definitiva, a lo que podemos cambiar o, al menos, estamos en disposición de poder hacerlo. 
Y todo eso importa. Obvio. 
 
Pero hay algo que también forma parte de nuestra salud mental y/o influye en ella y que, queda más lejos de nuestro margen de alcance: las condiciones en las que vivimos. 
 
No es lo mismo afrontar una dificultad teniendo estabilidad económica que viviendo con la preocupación constante de no llegar a fin de mes. 
 
No es lo mismo cuidar cuando existe una red que cuando toda la responsabilidad recae sobre ti. 
 
No es lo mismo hablar de límites cuando puedes permitirte decir que no que cuando dependes económicamente de una situación. 
 
No es lo mismo recomendar descanso cuando tienes tiempo para hacerlo que cuando llevas años intentando encajar trabajo, cuidados y responsabilidades en unas horas que no dan más de sí. 
 
Y no es lo mismo pedir ayuda cuando tienes acceso a ella que cuando el dinero, el tiempo, la distancia, la lista de espera o las circunstancias personales hacen que acceder sea difícil. 
 
No todas las personas disponemos del mismo margen ni condiciones para cuidarnos.  
 
Esto no significa que no tengamos responsabilidad sobre nuestra salud mental. 
Significa que nuestra capacidad para elegir, cambiar y cuidarnos también está condicionada por nuestra realidad. 
 
Por eso, quizá una mirada psicológica suficientemente amplia no debería preguntarse únicamente qué puede hacer una persona para encontrarse mejor. También debería preguntarse acerca de lo que está viviendo, sosteniendo, los recursos con los que cuenta... 
 
Porque hay problemas que pueden abordarse desarrollando recursos personales y hay otros en los que, además de acompañar a la persona, necesitamos mirar las condiciones que están generando o manteniendo parte de ese malestar. 
 
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Cuando tienes hijos pequeños, querer tener mil ojos, tres pares más de brazos y piernas y tanta energía como ellos es co...
08/10/2026

Cuando tienes hijos pequeños, querer tener mil ojos, tres pares más de brazos y piernas y tanta energía como ellos es comprensible.
Frustrarte a ratos porque nada de eso es posible, es absolutamente normal.
Vivir exigiéndote como si fuera real que dispones de todo ello y culpándote por no poder llegar a todo lo que te gustaría, no lo es. 
 
La exigencia, la culpa, la necesidad de control, que en muchas ocasiones nacen de nuestro deseo de hacerlo bien, de dar lo mejor, de "estar a la altura", nos desconectan de lo real, de lo alcanzable, de lo posible...  
 
Cruzar esa fina línea entre lo deseable y lo realmente alcanzable se convierte en la gran diferencia de vivir concentrados en procurar "hacerlo bien" en lugar de "tensionados" por ello. Porque no, no es lo mismo querer que poder, ni aceptar que resignarse, ni "vivir en paz y con paz" a "vivir en alerta". 
 
Donde yo ponía hijos, pon ahora lo que quieras. Porque no sólo la maternidad o la paternidad te coloca en estas tesituras de exigencias sin parangón con una/o misma/o. 
Cualquier circunstancia es compatible con ser sufrida, que no vivida, desde ahí. 
 
Ojalá no, pero si es el caso de encontrarte en un momento o situación de estar viviendo en piloto automático por la tiranía de la mente, deseo leer esto te ayude a detectarlo y estar más cerca de salir de ahí. 
 
Recuerda: concentrada sí, tensionada no.

Después de hablar de diferentes recursos que podemos utilizar desde el cuerpo para regularnos, toca detenernos en otra p...
30/09/2026

Después de hablar de diferentes recursos que podemos utilizar desde el cuerpo para regularnos, toca detenernos en otra parte que también participa en nuestra experiencia emocional: nuestra forma de interpretar lo que nos ocurre. 
Porque entre lo que pasa y lo que sentimos no siempre hay una relación tan directa como parece. 
 
Imagina que escribes a una amiga y pasan las horas sin respuesta. Podrías pensar "estará liada" y seguir con lo tuyo sin más, o pensar "le habrá sentado algo mal" y notar, diez minutos después, un n**o en el estómago y a ti atrapada en tu mente repasando vuestras conversaciones previas, debatiéndote con pensamientos al respecto y haciéndose cada vez más pesada esa bola en tu estómago.  
 
La situación es la misma, ese mensaje sin contestar. Lo que cambia es la lectura que hacemos de esa "no respuesta" y cómo esa diferente lectura puede condicionar cómo nos sentimos el resto del día y lo que hacemos o dejamos de hacer después. 
 
Esto no quiere decir que podamos controlar nuestras emociones simplemente pensando de otra manera. Ni que todo lo que sentimos sea consecuencia de nuestros pensamientos, pues intervienen muchos factores, más o menos inmediatos a ese preciso momento o hecho, que también ejercen su influencia en nuestra manera de interpretar el mundo y lo que nos pasa. 
 
Nuestra mente saca sus propias conclusiones, interpreta, anticipa, busca explicaciones y completa información continuamente. Y cuando estamos preocupados, asustados o bajo presión, este proceso puede hacerse todavía más rápido y de manera más catastrófica. Y si le sumamos nuestra historia personal y contexto también podrían añadirse muchos matices más. 
 
Por eso, una primera herramienta de regulación emocional a través del trabajo de lo cognitivo puede ser aprender a darnos cuenta de algo tan sencillo como esto: "lo que pienso sobre lo que está pasando no siempre es lo mismo que está pasando" porque, siento decirte que, pedirte no pensar o que tú mente no interprete por defecto, es batalla perdida. 
 
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Hoy es un buen día para... Mirarte al espejo y dedicarte una mirada amable Delegar y pedir ayuda Hablarte bonito Decir n...
04/09/2026

Hoy es un buen día para... 
Mirarte al espejo y dedicarte una mirada amable 
Delegar y pedir ayuda 
Hablarte bonito 
Decir no o poner en pausa algo que está pesando de más en este momento  
Permitirte dudar y no exigirte certezas 
Pedir ese abrazo que necesitas 
Sentir flojera y ajustar el ritmo de forma acorde 
 
Hoy es buen día para lo anterior y, la verdad, es que cualquier día lo es... 
 
Siempre es un buen día para dejarte ser lo que eres, ¡humana!

Esta semana se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Pensar en ello me lleva a una obviedad que, en ocasion...
04/08/2026

Esta semana se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. 
Pensar en ello me lleva a una obviedad que, en ocasiones, parece pasar muy desapercibida: Detrás de cada lactancia hay una mujer. 
Una mujer que está atravesando uno de los cambios físicos, emocionales y relacionales más intensos de su vida. 
 
A veces la lactancia, sea del tipo que sea, se vive con disfrute. A veces con dudas, puede que con dolor. Con ambivalencia... Y, muchas veces, con una mezcla de todo ello. 
Por eso, cuando hablamos de lactancia, también merece la pena hablar de salud mental perinatal. 
 
Porque cuidar una lactancia no es solo acompañar cómo se alimenta un bebé. También es acompañar cómo está la mujer que lo alimenta, lo sostiene y aprende, al mismo tiempo, a habitar una nueva versión de sí misma. 
 
Podría decirlo desde mi parte profesional, también desde esa parte de mi que está inmersa en maternar a dos criaturas, o desde ambas. Pero aflora aún más fuerte mi parte más humana y socialmente consciente al verbalizar que una de las mejores formas de proteger la infancia que podemos hacer entre todos (seamos o no madres o padres, profesionales o no del tema) es no olvidar a quienes la sostienen cada día. A todas esas madres que ponen el cuerpo, y tantas veces también la mente y corazón, al servicio de la vida, independientemente del tipo de lactancia que practiquen. 
 
Quizá uno de los mejores regalos que podemos ofrecer a una madre reciente no sea sólo preguntarle cómo está el bebé. Sino preguntarle, con interés real, genuino y sin juicio: "Y tú, ¿cómo te encuentras?" 
Porque cuando una madre se siente vista, acompañada y sostenida, no sólo cuidamos de ella. Cuidar a las madres siempre será una de las formas más valiosa y potente de cuidar de la infancia. 
 
Aunque otras cuestiones a otros niveles debieran mejorar mucho para atender el cuidado de la infancia a través del real cuidado de quienes cuidan, hagamos lo que nos alcance en lo inmediato y cotidiano. Siempre suma. 
 
La lactancia merece ser protegida, apoyada y acompañada. Y las madres también ♥️

Resulta que hoy es el Día del Autocuidado y me ha parecido una buena razón para pasarme por aquí y aportar mi granito de...
24/07/2026

Resulta que hoy es el Día del Autocuidado y me ha parecido una buena razón para pasarme por aquí y aportar mi granito de arena hablando de una nueva estrategia de regulación emocional. 
 
Cuando una emoción es muy intensa, puede llegar a ocupar tanto espacio que parece que se convierte en todo lo que somos en ese momento. Puede paralizarnos, invadirnos y hacernos sentir que no tenemos recursos para atravesarla de una manera serena y cuidada con nuestro ser y la propia situación. 
 
En esos momentos nos ayudará empezar por algo sencillo: preguntarnos dónde está esa emoción en nuestro cuerpo: ¿En el pecho?, ¿en la garganta? ¿En el estómago? ¿en los hombros?... 
 
Ponerle una localización no hace que desaparezca, pero ayuda a delimitarla. Ya no está "en todas partes". Ahora tiene un lugar y, muchas veces, cuando algo deja de sentirse tan difuso, también deja de sentirse tan inmenso y, por tanto, pasa a percibirse como más manejable. 
 
Cuando ya sabemos dónde está, el segundo paso sería intentar conocerla un poco mejor otorgándole a esa sensación algunas características que nos ayuden a representar de una manera más concreta lo que estamos sintiendo. Por ejemplo, si esa sensación tuviera una forma, ¿cómo sería?, ¿de un color o de varios?, ¿pesada o ligera?, ¿fría o caliente?, ¿se mueve o permanece quieta?... 
 
Darle esta entidad física a la experiencia emocional puede ayudarnos a convertirla de intensa y difícil de abarcar a algo que podemos observar y acompañar. 
No porque la emoción sea literalmente eso que imaginamos, sino porque atribuirle estas características nos permite tomar cierta perspectiva, ponernos como observadoras y relacionarnos con ella de una manera algo más concreta y también más equilibrada. 
 
Haber llegado hasta aquí, ya nos permite ser más protagonistas del momento, sin dejar de estar en conexión con nuestro sentir para ayudarnos a atravesarlo y poder facilitarnos un cómo que nos cuide, acogiendo la intensidad y poniendo nuestros propios recursos en acción y a nuestro favor. 
 
¿Y después? Después toca "respirar la emoción" a través de sus diferentes entidades físicas otorgadas en el paso anterior. 
 
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Hay días en el calendario que azarosamente se convierten en fechas significativas en nuestras vidas y para mí el día 4 d...
04/06/2026

Hay días en el calendario que azarosamente se convierten en fechas significativas en nuestras vidas y para mí el día 4 de Junio lo es por múltiples motivos que se han ido sumando con los años y, particularmente, el de este 2026, lo es hace de manera muy especial.

Hoy esta cuenta cumple 6 años.

Seis años divulgando sobre Psicología desde el otro lado de la pantalla, mientras "en el directo" del día a día de la consulta, y desde hace algo más de tiempo, muy dichosa de compartir y acompañar procesos de personas maravillosas que muchas veces empiezan sin hacer mucho ruido y terminan convirtiéndose en pequeñas revoluciones personales.

Curiosamente, la vida, que tiene estas maneras tan suyas de ordenar los tiempos, ha querido que hoy también se cumpla un año de la charla-coloquio en mi ciudad donde tuve la oportunidad de participar hablando sobre prevención en salud mental infantojuvenil.

Recuerdo perfectamente la sensación de responsabilidad personal y profesional ante dicho acto y relevancia del tema a tratar, y la imperiosa necesidad de transmitir también esa concienciación colectiva tan importante de pensar en todas esas infancias y adolescencias que merecen adultos presentes, atentos y emocionalmente disponibles, y de una sociedad que les cuide sin sobreproteger, pero que se haga cargo de su impacto, más o menos directo, en muestras generaciones venideras y se revise y cuide también para dar lo mejor de sí.

Y hoy, además, y esto me emociona especialmente, ha sido la última ecografía antes de tener a mi segunda hija a este otro lado de la piel.

Tres circunstancias muy distintas y tres versiones de mí coincidiendo en un mismo día.

Mi parte amante de la Psicología que hace seis años, y sin saber muy bien hasta dónde llegaría, decidió abrir este espacio con la intención de acercar esta Ciencia de manera sencilla, clara y accesible hablando de lo que nos atraviesa a todas las personas.

Mi parte más profesional que hace un año hablaba públicamente de cuidar la salud mental desde la raíz.

Y la mujer que soy y hoy miraba una pantalla en blanco y negro, aún asombrada y muy emocionada de lo que estoy viviendo, mientras escuchaba un corazón latiendo dentro de mi propio cuerpo.

Hace unos días fue mi último día de trabajo antes de parar para habitar plenamente este momento personal. Y al cerrar la puerta de la consulta sentí algo que me inundó: una conciencia muy clara de cuántas vidas llevo dentro y de cuántas vidas me permiten formar parte de las suyas.
Las historias que me confiáis. Los procesos que transitamos juntas. Las lágrimas que aparecen en muchos momentos por diferentes motivos. Los avances invisibles que sólo quien los vive sabe lo que cuestan...
Me sentí inmensamente agradecida y emocionada.

Ser psicóloga y tener el privilegio de acompañar a personas que confían en ti es, muchas veces, sostener pedacitos de vida ajena con un enorme respeto.

Y hoy me empapo de esa sensación de gratitud profunda, de ese sentir que se nota en el cuerpo y te atraviesa por poder dedicarme a algo tan maravilloso.
Porque mientras una nueva vida se está gestando dentro de mi, pienso inevitablemente en todas las vidas que me han atravesado estos años y que también me han ido construyendo.

Gracias por estar aquí desde hace 6 años y ser también impulso para seguir creciendo.
Gracias por confiar, por leer, por compartir, por estar al otro lado.

Y, como siempre, una gratitud especial a quienes, además de lo anterior, me permitís formar parte de vuestro equipo, me dejáis acceder a vuestra grandeza y hacéis cómplice de vuestras conquistas. Es y será un honor siempre.

Nos seguimos viendo por aquí, puede que desde otro ritmo, pero con el mismo corazón siempre. ♥️

GRACIAS INFINITAS

A raíz del último post sobre regulación emocional, me ha parecido buena idea hacer una propuesta con 5 ideas para practi...
02/06/2026

A raíz del último post sobre regulación emocional, me ha parecido buena idea hacer una propuesta con 5 ideas para practicar la atención plena que te ayuden a volver al presente. 
Si no lo leíste en su momento, te animo a hacerlo ahora para saber el sentido completo de este post. 
 
Propuesta 1: 
De esta sugerencia existen muchas alternativas posibles con las que poder practicar: buscar cosas de diferentes colores o hacer rastreos en el entorno basados en tus sentidos (Ej. 5 cosas que puedas ver, 4 que puedas tocar, 3 que puedas escuchar...) 
 
Propuesta 2: 
Jugar con números haciendo cálculos mentales es una alternativa muy socorrida. Lo mismo que jugar con letras mientras vas por la calle, por ejemplo, pensando en el nombre de un animal que empiece por cada una de las letras que compongan la palabra con la que te has topado (Ej "Panadería" = Puma // Antílope // Nutria // Abeja ... ) 
 
Propuesta 3: 
Recurrir a lo gustosito y placentero de un automasaje con la suavidad de unas brochas al contacto con nuestra piel, creo que tiene un poder muy acorde al cometido de regularnos y devolvernos a la conexión con nuestras sensaciones corporales agradables. 
 
Propuesta 4:  
Este sencillo ejercicio involucra a tus sentidos, ayudando a calmar tu mente y relajando tú sistema nervioso. 
 
Propuesta 5: 
Verbalizar en voz alta tus acciones y sensaciones consecuentes mientras las vives, poniendo consciencia en todo ello, ayuda a estar anclados en el presente favoreciendo así el salirnos del automatismo o el bucle mental que a veces nos atrapa. 
 
Deseo que estas sugerencias te hayan resultado interesantes y, por supuesto, que puedas implementarlas de manera sencilla en tu día a día pero, sobre todo, en esos momentos donde especialmente necesitas regularte. Así que, guardate este post y no lo pierdas de vista ☺️ 
 
Me encantará saber si ya conocías estas propuestas y si te ayudan a volver al aquí y el ahora para sosegarte. 
♥️

Volvemos con otra propuesta accesible para aprender a regularnos emocionalmente.   En esta ocasión no se trata de una es...
29/05/2026

Volvemos con otra propuesta accesible para aprender a regularnos emocionalmente.  
 
En esta ocasión no se trata de una estrategia que implique hacer algo “activo” con el cuerpo, ya que, a veces, también ayuda algo mucho más sencillo como volver la atención a lo que está pasando aquí y ahora.  
 
Precisamente a esto se refieren las prácticas que te sugiero hoy como herramientas de regulación: el mindfulness o la atención plena. 
 
Y no, no consiste en “dejar la mente en blanco” ni en relajarse automáticamente. 
Muchas veces tiene más que ver con parar un momento y darnos cuenta de dónde estamos, qué está pasando a nuestro alrededor o cómo se encuentra nuestro cuerpo en ese instante. 
 
Porque cuando estamos muy ansiosas, preocupadas o atrapadas en pensamientos, es fácil que la atención se vaya constantemente hacia lo que podría pasar, hacia lo que ya pasó o hacia todo lo que sentimos que deberíamos resolver, revolucionando así nuestro sistema nervioso que, posiblemente, responda a través de nuestro cuerpo con incómoda sintomatología física.  
 
La atención plena intenta justamente lo contrario: ayudar al sistema nervioso a salir un poco de esa inercia o bucle y orientarse de nuevo al presente. 
 
No siempre calma de inmediato. 
Y no hace falta “hacerlo perfecto” para que resulte útil. Si bien, puede convertirse, poco a poco, en una forma de darle al cuerpo algo de pausa entre tanta alerta y/o sobrepensamiento. 
 
Si ya lo prácticas, cuéntame si hay alguna estrategia en esta línea que te resulte particularmente útil y así pueda ser también utilizada por otras personas que lean este post. 🥰 
 
¡Empiezo yo! El momento ducha es mi práctica diaria de atención plena: concentrarme en el sonido del agua, olor del jabón, divisar las salpicaduras del agua en la mampara, la temperatura del agua y mi piel reaccionando... 
Y es que, precise o no de regularme, entrenar este tipo de estrategias siempre suma 😊

Estoy convencida de que en todas las casas existe un espacio que podríamos declarar la zona del caos: un cajón que parec...
24/05/2026

Estoy convencida de que en todas las casas existe un espacio que podríamos declarar la zona del caos: un cajón que parece un agujero negro, una silla que ha renunciado a ser silla para ser perchero o ropero, o incluso habitaciones enteras que cumplen la función de trastero. 
 
Pensar en ello me recuerda en parte a una característica muy humana que habla de cómo funcionamos y nuestras posibilidades diarias. 
Y es que, tenemos una capacidad limitada de atención, de memoria, de energía, para tomar decisiones de forma más o menos fluida... y que, conforme va pasando el día y nos vamos enfrentando a retos, se va agotando o necesita ser cuidadosamente gestionada para asegurarnos de su disponibilidad para la importante. 
 
Por eso creo que en parte esos lugares del caos cumplen una función de "modo ahorro" de nuestro cerebro: cuando ya está fatigado, le parece que está de más determinar de qué aparato es ese cable misterioso que acabas de encontrarte y activa la estrategia de "pensarlo después"... Aunque es probable que ese "después" se demore más de lo que honestamente nos gustaría reconocer 😅 
 
Y así, poco a poco, casi sin darnos cuenta, nacen esos rincones, a modo de válvulas de escape y ahorro funcional. 
Un recordatorio de que somos humanos, que no podemos con todo y que, a veces, necesitamos dejar algo en pausa para no saturarnos. 
 
Y tú, ¿también tienes tu propia zona del caos?

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