19/08/2026
Cuando una etapa termina, es normal sentir que has perdido algo importante. Una relación, un trabajo o un proyecto dejan un vacío que cuesta aceptar. En ese momento, la mente suele centrarse en lo que ya no está y es difícil imaginar que ese final pueda tener algún sentido.
Sin embargo, muchas veces no es el final lo que más nos hace sufrir, sino la resistencia a aceptar que una etapa ya ha cumplido su función. Hay puertas que solo pueden abrirse cuando otras se cierran. Nuevas personas, nuevas oportunidades y nuevas versiones de nosotros mismos necesitan un espacio que antes estaba ocupado.
Esto no significa que todo lo que termina sea fácil o que no duela. Significa que algunos finales no llegan para castigarte, sino para hacer posible algo que, mientras seguías aferrado a lo anterior, no podía entrar en tu vida.
Con el tiempo, muchas personas descubren que aquello que un día vivieron como una pérdida... fue, en realidad, el comienzo de una etapa mucho más auténtica. 🌿