07/10/2026
En el camino del crecimiento personal, del autoconocimiento y de la sanación, hay una línea muy fina que a veces podemos cruzar sin darnos cuenta.
La que divide el trabajarnos a conciencia de empezar a creer que siempre hay algo más que mejorar.
Porque sí, trabajar en nosotros mismos puede ser profundamente transformador.
Pero ¿qué pasa cuando empezamos a no poder simplemente estar?
Cuando en una conversación, en un vínculo, en un día cualquiera, aparece constantemente el:
“Ah, tengo que trabajar en esto.”
“Uf, esto todavía lo tengo que sanar.”
“Tengo que ser más consciente.”
Y sin darnos cuenta, empezamos a mirar más lo que falta que todo lo que ya hemos recorrido.
Quizás una parte de trabajar en nosotros mismos también sea poder reconocer lo que ya transformamos.
Poder disfrutar.
Habitar un momento sin tener que encontrarle un aprendizaje.
Estar con alguien sin sobreanalizar lo que nos pasa.
Simplemente vivir nuestro día, nuestro cuerpo, nuestros vínculos, nuestra cotidianidad.
Porque quizás no todo momento tiene que ser un proceso.
Y entonces aparecen dos preguntas que también pueden ser parte del camino:
¿Qué pasa cuando no pasa nada?
¿Qué me pasa a mí cuando simplemente estoy?
Lu