27/05/2026
La violencia económica no siempre deja heridas visibles.
A veces aparece en forma de control, dependencia y miedo constante.
Es impedirte trabajar, vigilar tus gastos, retener dinero, generar deudas a tu nombre o utilizar los recursos económicos como herramienta de poder y sometimiento.
No es “preocupación por las finanzas”.
No es “organización de pareja”.
Es una forma de violencia que limita la libertad, la autonomía y la capacidad de decidir sobre tu propia vida.
La violencia económica también desgasta emocionalmente: genera ansiedad, culpa, inseguridad y sensación de atrapamiento.
Nombrarla es el primer paso para reconocerla.
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