29/07/2026
Hay un cansancio que no se quita durmiendo.
Un cansancio que no tiene que ver con cuántas horas trabajas, sino con cuánto te exiges.
Con cuántas veces te tragas el llanto,
con cuántas emociones dejas para después.
Vivimos en una sociedad en la que la hiperexigencia es una medalla y el rendimiento una identidad.
Pero, ¿a qué precio?
El cuerpo avisa con agotamiento lo que el alma no puede sostener.
Y, muchas veces, detrás del cansancio crónico hay dolor.
Dolor antiguo, no mirado.
Dolor de no ser quien somos.
Dolor de sostener vínculos que nos duelen.
Dolor de callarnos lo que grita dentro.
El cansancio es la forma que toma la tristeza cuando no se le da espacio.
Y también la rabia cuando se le pone una tapa.
Date permiso para parar, para sentir, para pedir sostén.