12/08/2026
Todos estamos conmocionados.
Un incendio de estas dimensiones no solo quema hectáreas de monte. También altera, aunque estemos a salvo, nuestra sensación de seguridad.
Quienes observamos desde la distancia podemos sentir miedo, angustia, rabia, impotencia, tristeza. Podemos estar pendientes de cada actualización, mirar una y otra vez el humo, las llamas, las noticias… intentando hacer algo cuando, en realidad, no está en nuestras manos detenerlo.
Y para quienes han tenido que abandonar sus casas, la incertidumbre es todavía más intensa: salir con lo imprescindible, dejar atrás tu hogar sin saber cuándo podrás volver, preguntarte qué encontrarás al regresar. El cerebro necesita certezas para sentirse seguro, y ahora mismo muchas personas están viviendo precisamente lo contrario.
También está el dolor de ver arder nuestros montes.
Lugares que hemos recorrido, que hemos visitado tantas veces, que forman parte de nuestros recuerdos, de nuestros paseos, de nuestra manera de sentirnos en casa. Verlos desaparecer ante nuestros ojos puede producir una tristeza profunda, incluso aunque no hayamos perdido físicamente nuestra vivienda.
En situaciones así es normal que aparezcan reacciones intensas: dificultad para concentrarnos, necesidad de estar constantemente informados, alteraciones del sueño, irritabilidad, miedo, sensación de irrealidad, tristeza o una enorme necesidad de hacer algo.
No significa que estemos reaccionando mal. Significa que estamos respondiendo a una situación extraordinaria.
Ahora toca cuidarnos, acompañarnos y sostenernos unos a otros. Informarnos por fuentes oficiales, evitar la sobreexposición a imágenes y noticias, respetar las indicaciones de evacuación y, sobre todo, recordar que no tenemos que gestionar solos todo lo que estamos sintiendo.
A quienes están desalojados: ojalá pronto podáis volver a casa.
A quienes están trabajando para contener el fuego y protegernos: gracias.
Y a todos los que hoy miramos nuestros montes arder con el corazón encogido: es comprensible que duela.
Porque algunos lugares no son solamente lugares. También son memoria, refugio, paisaje y parte de nuestra historia.
Hoy estamos conmocionados. Y necesitamos tiempo para asimilar lo que estamos viviendo.