19/08/2026
Sabes que tienes que empezar.
Sabes lo que tienes que hacer.
Incluso sabes que después te sentirás mejor.
Pero no empiezas.
Te distraes.
Ordenas algo que no necesitaba ser ordenado.
Miras el móvil “solo cinco minutos”.
Te dices que mañana estarás más preparado/a.
Y entonces aparece la culpa:
“Soy un desastre.”
“No tengo disciplina.”
“Siempre hago lo mismo.”
Pero quizá la pregunta no sea:
“¿Por qué no hago lo que tengo que hacer?”
Sino:
“¿Qué estoy sintiendo justo antes de evitarlo?”
Porque a veces no evitamos la tarea.
Evitamos lo que esa tarea despierta en nosotros:
miedo a equivocarnos,
ansiedad,
aburrimiento,
frustración,
perfeccionismo,
miedo a no estar a la altura…
Cuando entiendes qué estás evitando, puedes empezar a trabajar sobre la raíz… y no solo sobre el síntoma.