30/05/2026
LA MUJER QUE ESPERÓ TURNO PARA SER ABDUCIDA
La mujer oyó un golpe en la terraza, justo cuando la lavadora empezó a pitar, el móvil vibró por quinta vez y una bolsa del supermercado se abrió por abajo, dejando caer dos limones, un paquete de servilletas y una factura que ella estaba bastante segura de no haber comprado.
—Perfecto —dijo.
Miga apareció en la puerta de la cocina con una pinza de la ropa en la boca.
—¿Se ha roto algo?
—La tarde.
—Eso ya venía mal.
La mujer puso el móvil boca abajo, pero aquello seguía vibrando contra la mesa, insistente y administrativo.
En el salón había una silla con ropa encima, una caja sin abrir, tres papeles reclamando atención y una taza de café mu**ta desde hacía horas.
Sombra sacó la cabeza de una bolsa.
—Hay ruido fuera.
—Hay ruido en todas partes.
—Este tiene intención.
Pum.
La mujer salió a la terraza con un limón en la mano. En su defensa, la tarde no había ofrecido mejores recursos.
Abrió la puerta corredera y vió un ovni pequeño, redondo, plateado, luminoso. Flotaba sobre las macetas con una luz verde apuntando al suelo, tenía una abolladura en un lado y el aspecto de haber cruzado tres galaxias para acabar mal aparcado entre una albahaca y una fregona.
La mujer miró el ovni, el móvil, la bolsa rota y la factura.
—Llegas tarde —dijo.
Miga pasó corriendo con un cartón sujeto entre las patas. Se colocó bajo la luz verde y lo levantó con solemnidad.
“TAKE ME”
La mujer miró el cartel.
—¿Desde cuándo tienes eso preparado?
—Desde que la realidad empezó a pedir demasiado.
Zumo apareció en el marco de la puerta, observó el ovni y luego la terraza.
—Está cerca.
—Quizá viene a recoger.
—Entonces debería haber pedido cita previa en la web.
Luto llegó detrás, con las gafas rojas torcidas y una etiqueta pegada al costado.
—Si viene de fuera, seguro que trae condiciones.
El ovni emitió un pitido breve y la luz verde enfocó a Miga.
Miga enderezó el cartel.
“TAKE ME”
Sombra salió de la bolsa y olfateó el haz de luz.
—Huele a trámite.
—Eso es imposible —dijo la mujer.
—Todo acaba oliendo a trámite.
La parte inferior del ovni se abrió y desplegó una escalerilla metálica diminuta, brillante y ridícula.
Miga puso una pata en el primer peldaño mientras la mujer la agarraba por la barriga.
—Baja.
—Estoy siendo reclamada.
—Estás intentando irte con un plato.
—Los platos han demostrado más iniciativa que mucha gente.
El móvil volvió a vibrar dentro. El vecino de arriba arrastró algo pesado: un mueble, una decisión… quién sabe.
La mujer cerró los ojos un segundo y Miga subió otro peldaño.
—¡¡Miga!!
—Solo voy a mirar.
—Nadie se sube a un ovni a mirar.
—Eso mismo dijeron de las redes sociales y aquí estamos.
Del ovni salió una voz metálica, educada y agotada.
—Indique motivo del traslado.
Miga levantó el cartel.
“TAKE ME”
—Motivo insuficiente.
Miga bajó el cartel despacio.
—Qué poca sensibilidad.
Luto se sentó.
—Pon “agotamiento general del planeta”.
La mujer lo miró.
—No ayudes.
—Estoy redactando.
Zumo ladeó la cabeza.
—Podría poner “exceso de notificaciones”.
Sombra añadió:
—Y gente diciendo “un momentito”.
La mujer apretó el limón mientras la voz volvía a sonar.
—Indique destino.
Miga miró hacia arriba.
—Lejos.
El ovni pitó.
—Destino no válido.
La luz verde se movió por la terraza, entró en el salón, rozó la taza fría, los papeles, la silla con ropa, la factura y la bolsa rota. Durante un instante, todo pareció dispuesto a elevarse: los limones, las servilletas, los mensajes sin responder, el café mu**to, la lavadora ofendida y el martes entero.
Miga levantó el cartel con más fuerza.
“TAKE ME”
La luz enfocó el móvil. El móvil dejó de vibrar. Todos miraron.
—Eso sí ha sido útil —dijo Zumo.
El ovni pitó otra vez. De la compuerta cayó un papel que Luto atrapó con una pata.
—Notificación.
—Ni en el espacio se libra una —dijo la mujer.
Miga leyó por encima.
—“Solicitud pendiente de revisión.”
—Normal —dijo Sombra—. Está todo saturado.
El ovni empezó a subir.
Miga agitó el cartel.
—¡Cobardes!
La nave rozó la cuerda del tendedero, se enganchó con una pinza, giró sin elegancia y desapareció detrás del edificio de enfrente. Nadie salió a mirar, ya nadie preguntaba nada.
La mujer recogió la factura, metió los limones en la bolsa rota como pudo y miró a Miga.
—Guarda el cartel.
—¿Para la próxima visita?
—Para cuando venga el cartero.
Miga dobló el cartón con cuidado.
—Le puedo poner “take me” en español.
—Al cartero no.
—A la factura.
La mujer pensó que la propuesta tenía sentido.
Desde el sofá, Luto se acomodó las gafas.
—El ovni no se llevó a nadie, pero apagó el móvil. Ya es más de lo que hacen muchas visitas.
Sombra volvió a meterse en la bolsa.
—La próxima vez que traiga formulario.
El móvil seguía en silencio y la factura en el suelo.
—Bueno —dijo—. Algo hemos avanzado.
Miga levantó la pinza de la ropa.
—¿La lavadora?
La mujer miró hacia dentro y oyó el pitido de la lavadora
—Que espere.
La gente que ve un ovni en la terraza y vuelve a tender ropa entiende perfectamente el estado del mundo.
Mara Acosta (Casi se fue, pero la lavadora reclamó primero.)