07/09/2026
https://www.facebook.com/share/p/18KraPP2NF/
La terapia CAR-T ha despertado un enorme interés en el campo de las enfermedades autoinmunes porque plantea una idea muy diferente a los tratamientos convencionales: en lugar de limitarse a controlar la inflamación, busca reprogramar determinadas células del sistema inmunitario para eliminar aquellas que participan en el proceso autoinmune. En enfermedades como el lupus, la esclerosis sistémica o algunas formas de artritis, los primeros resultados habían generado esperanza porque algunos pacientes llegaron a presentar respuestas profundas y prolongadas sin necesidad de mantener el tratamiento convencional.
Pero esa esperanza ha sufrido ahora un importante revés. Novartis ha suspendido ocho ensayos de su terapia experimental rap-cel destinados a enfermedades autoinmunes y neurológicas después de que tres participantes desarrollaran una reacción inmunitaria grave conocida como síndrome hemofagocítico asociado a células efectoras inmunitarias (IEC-HS) y posteriormente fallecieran por complicaciones relacionadas con ella. La reacción es poco frecuente, pero puede provocar una activación descontrolada del sistema inmunitario y convertirse en una situación potencialmente mortal.
La noticia adquiere todavía más relevancia porque Bristol Myers Squibb también ha puesto en pausa determinados ensayos de su propia CAR-T, zola-cel, aunque en este caso la situación es diferente: la compañía informó de acontecimientos inflamatorios transitorios y reversibles y decidió detener temporalmente la incorporación de pacientes como medida de precaución. No se han comunicado muertes relacionadas con esa pausa de zola-cel.
Esto no significa que las CAR-T hayan dejado de funcionar ni que la investigación haya terminado. De hecho, estas terapias ya tienen aplicaciones consolidadas en determinados cánceres de la sangre, y los estudios en enfermedades autoinmunes se encuentran todavía en investigación. Lo que muestran estos acontecimientos es que “reiniciar” el sistema inmunitario tiene un precio potencialmente importante: cuanto más potente es la intervención sobre las defensas del organismo, mayor es la necesidad de comprender y controlar sus posibles respuestas adversas. Los ensayos se han detenido precisamente para analizar qué ocurrió, mejorar la vigilancia de los pacientes y determinar si es posible continuar de una forma más segura.
Por eso, más que hablar de un fracaso definitivo, estamos ante un momento de cautela en una de las áreas más prometedoras de la inmunoterapia. La gran pregunta ahora es si los investigadores conseguirán identificar qué pacientes tienen mayor riesgo, qué factores desencadenaron estas reacciones y cómo prevenirlas. El futuro de las CAR-T frente a las enfermedades autoinmunes dependerá en buena medida de encontrar ese equilibrio entre conseguir una profunda “reprogramación” inmunitaria y mantener bajo control una respuesta que, en casos excepcionales, puede resultar peligrosa.