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Espacio Dalia A través de mi programa LOTO, acompaño a mujeres a pasar de sobrevivir la maternidad a renacer como mujeres.

Si estás embarazada o acabas de ser mamá, cuida tu bienestar emocional desde la comodidad de tu hogar. Terapia perinatal online: acompañamiento cercano en cada etapa de la maternidad. ¡Agenda tu sesión hoy!

26/10/2026

Querer a tu hijo y echarte de menos a ti pueden convivir.

He creado un ejercicio gratuito, muy sencillo, para empezar a escucharte otra vez.

🌷 Comenta MAPA y te lo envío por privado.

23/10/2026

Tu hijo no necesita verte cuidándote perfectamente.

Pero sí crece observando muchas más cosas de las que le explicamos con palabras.

Ve qué haces cuando te equivocas.

Si te insultas o puedes hablarte con algo de respeto.

Si descansar aparece en casa como una necesidad humana o como un premio que solo llega cuando ya no puedes más.

Si pides ayuda.

Si dices que no.

Si todo el mundo puede necesitar algo de ti, pero tú siempre respondes:

“No pasa nada. Yo puedo”.

Y esto no significa que tu hijo vaya a copiar exactamente tu forma de vivir.

Ni que tengas que convertir cada decisión en otra pregunta del tipo:

“¿Qué le estaré enseñando ahora?”.

Eso sería añadir todavía más presión.

Pero sí puede merecer la pena preguntarte de vez en cuando:

**¿Qué modelo de adulto está viendo en casa?**

¿Uno que tiene que poder con todo?

¿Uno que se castiga cuando falla?

¿Uno que solo descansa cuando termina todo?

¿O también ve a una persona que puede decir:

“Necesito ayuda”.

“Hoy no llego”.

“Antes me he equivocado y quiero repararlo”.

“Esto también importa para mí”.

Porque cuidarte delante de tus hijos también puede enseñar.

Pedir ayuda enseña.

Poner límites enseña.

Equivocarte y reparar enseña.

Y mostrar que una persona adulta también tiene necesidades enseña.

No para convertirte en un ejemplo perfecto.

Sino para que ser madre no implique desaparecer como persona.

Si quieres criar sin olvidarte de ti por el camino, quédate por aquí.

19/10/2026

Hay una frase que estoy escuchando muchísimo últimamente:
“Me da miedo mirar atrás dentro de unos años y sentir que no disfruté de nada”.
Y no suele venir de madres que quieran poco a sus hijos.
Muchas veces viene precisamente de madres que llevan tanto tiempo pendientes de todo que apenas consiguen estar dentro de lo que está ocurriendo.
Hay que dormir.
Preparar.
Recordar.
Resolver.
Trabajar.
Anticipar lo siguiente.
Y mientras haces todo eso, aparece una promesa:
“Cuando duerma del tirón estaré mejor”.
“Cuando empiece el cole tendré más tiempo”.
“Cuando pase esta etapa”.
Pero después del recién nacido llega otra cosa.
Y después otra.
Y otra.
No porque la maternidad sea una condena interminable, sino porque probablemente nunca llegue ese momento mágico en el que la vida diga:
“Perfecto. Ahora ya no tienes nada que sostener. Puedes empezar a vivir”.
Por eso quizá la pregunta no sea:
“¿Cuándo se va a poner todo más fácil?”.
Sino:
¿Qué tendría que cambiar para que yo también pudiera estar dentro de mi propia vida mientras esto está ocurriendo?
Y ojo: disfrutar de la maternidad no significa estar feliz todo el tiempo.
Puedes estar cansada.
Puedes necesitar espacio.
Puedes tener días horrorosos.
No se trata de exprimir cada minuto porque “crecen muy rápido”.
Eso también puede convertirse en otra exigencia.
Se trata de que no tengas que esperar continuamente a la siguiente etapa para sentir que tú también vuelves a aparecer.
Porque tu vida no empieza cuando duerma mejor.
Ni cuando deje el pañal.
Ni cuando empiece el colegio.
Tu vida también está ocurriendo ahora.
Si llevas tiempo sintiendo que estás sobreviviendo más que habitando esta etapa, sígueme.
Aquí hablamos mucho de cómo volver a encontrarte sin necesitar dejar de ser madre para hacerlo.

16/10/2026

¿Mi ansiedad se la estoy pasando a mi hijo?
Esa es una de las preguntas que más miedo da hacerse como madre.
Y quiero empezar por algo importante: que tú tengas ansiedad no significa automáticamente que tu hijo vaya a tener ansiedad.
No funciona así.
Pero sí hay una pregunta que me parece mucho más útil:
¿Qué está viendo mi hijo cuando yo vivo constantemente acelerada?
Cuando todo parece urgente.
Cuando me cuesta parar.
Cuando salto por cosas pequeñas.
Cuando anticipo todo lo que podría salir mal.
Cuando descansar me da culpa.
Los niños no necesitan una madre perfectamente tranquila.
Necesitan convivir con adultos que, con sus límites y sus días malos, vayan aprendiendo a relacionarse de otra manera con lo que sienten.
Porque también aprenden de eso.
Aprenden viendo cómo nos hablamos.
Cómo reaccionamos.
Cómo nos regulamos.
Cómo reparamos después de un mal momento.
Cómo tratamos nuestro propio cansancio.
Por eso empezar a cuidarte no es solo una cosa "para ti".
También puede ser una forma de no enseñar sin querer que vivir es estar siempre en guardia.
Y esto no va de culpabilizarte.
Va de darte una razón más para mirar lo que te pasa con cariño y en serio.
Si alguna vez has pensado “no quiero que mi hijo aprenda a vivir así”. quédate por aquí.
En este perfil hablamos mucho de lo que pasa antes de gritar, mientras estás en alerta y después, cuando llega la culpa.

14/10/2026

Soy psicóloga y también necesité ayuda cuando fui madre. Psicológica y psiquiátrica.

Tenía formación, experiencia y había acompañado a madres, familias y niños. Vamos, que no me pilló recién salida de la carrera. Y aun así atravesé una depresión posparto.

Saber lo que me estaba pasando no bastó para atravesarlo sola. Mi currículum no me ahorró necesitar a alguien al otro lado.

Durante bastante tiempo, todo giraba alrededor de mi hija, sus necesidades, los horarios y lo que había que sostener. Y yo estaba ahí, claro. Haciendo cosas, pendiente de cosas, acordándome de más cosas. Pero cada vez me costaba más encontrarme en medio de todo aquello.

«¿Y dónde he quedado yo?».

Quería ser madre. Quería muchísimo a mi hija. Y echaba de menos sentirme yo también. Las tres cosas a la vez, aunque costara explicarlas.

De ahí nació Espacio Dalia. De querer hacer sitio en consulta a la mujer que está viviendo la maternidad y que quizá lleva demasiado tiempo dejándose para luego. Ese «luego» que, por algún motivo, siempre encuentra la agenda llena.

La que está cansada, salta y después se pasa horas culpándose. La que tiene pareja y aun así se siente sola en algunas cosas. La que sigue pendiente de todo y un día se escucha diciendo: «Desde que soy madre no me reconozco».

Mi historia explica por qué quise crear este espacio. Mi formación como psicóloga general sanitaria y mi experiencia clínica sostienen cómo trabajo.

Y tú tienes tu propia historia. No tiene que parecerse a la mía para que pueda escucharte.

Si vienes a terapia conmigo, hablaremos de qué te está pasando, qué llevas sosteniendo y qué necesitas. De cómo darte espacio en la vida que tienes ahora, siendo madre y siendo tú.

Aquí no tienes que aprender a criar mejor para merecer atención.

Podemos hablar de ti. Para variar un poco.

Bienvenida a Espacio Dalia 🌺

11/10/2026

Hay conversaciones que llegan tarde incluso antes de empezar.
Son las 23:00.
El bebé por fin duerme.
Los dos estáis agotados.
Lleváis todo el día resolviendo cosas, acumulando pequeñas molestias y funcionando con el margen justísimo.
Y justo ahí decidís hablar de:
quién hace qué,
la carga mental,
las visitas,
la familia,
lo que os está pasando desde que sois padres.
Temas pequeñitos, vaya.
Y entonces una frase normal suena a reproche.
Una petición se recibe como crítica.
Uno se defiende.
El otro sube el tono.
Y acabáis pensando:
“No sabemos hablar”.
Pero no siempre significa que haya desaparecido el amor ni que vuestra pareja tenga un problema enorme de comunicación.
A veces estáis intentando tener una conversación difícil cuando ninguno de los dos tiene apenas margen para sostenerla.
Elegir el momento no resuelve el problema.
Pero sí puede cambiar muchísimo cómo entráis en él.
Por eso he preparado un recurso muy concreto de 3 pasos para empezar estas conversaciones con algo más de estructura:
1. elegir mejor el momento;
2. formular una petición concreta;
3. cerrar con un acuerdo pequeño y revisable.
No para tener “la conversación perfecta”.
Sino para dejar de intentar resolver toda vuestra vida a las once de la noche después de un día imposible.

07/10/2026

Llevas meses pensando:

Cuando duerma mejor, volveré a sentirme un poco más yo.

Y tiene todo el sentido.

Dormir importa muchísimo. La falta de sueño afecta al cuerpo, al ánimo, a la paciencia y a cómo vivimos el día.

Pero a veces ocurre algo desconcertante.

Una noche duermes algo mejor.

Alguien se queda con el bebé.

Consigues una tarde libre.

Y notas que tu cabeza sigue funcionando como si todavía tuviera que estar pendiente de todo.

Recordando.
Anticipando.
Comprobando.
Pensando qué viene después.

El cuerpo puede tener un rato de descanso y la cabeza seguir de guardia.

Eso no significa que dormir no importe.

Significa que quizá conviene ampliar la pregunta.

No solo:

¿Cuánto estoy durmiendo?

También:

¿Cómo estoy el resto del día?

¿Consigo bajar realmente cuando alguien me releva?

¿Sigo pendiente aunque otra persona esté cuidando?

¿Cuánto espacio ocupa todo esto en mi cabeza?

¿Hace cuánto que siento que no termino de volver a mí?

Porque no todo lo que ocurre en el posparto se explica únicamente por el número de horas que has dormido.

Y tampoco necesitas decidir tú sola si simplemente tienes que esperar a que pase.

He preparado una guía breve con 5 señales para ayudarte a observar cómo estás viviendo tu posparto con algo más de criterio.

No es un diagnóstico. Un PDF no puede hacer eso.

Es una forma de empezar a mirar lo que está ocurriendo.

**Comenta POSTPARTO y te la envío por privado.**

Pues eso, deja de confiar en la ia y busca una psicóloga que te acompañe en esta etapa tan importante para ti y tu famil...
05/10/2026

Pues eso, deja de confiar en la ia y busca una psicóloga que te acompañe en esta etapa tan importante para ti y tu familia.

04/10/2026

Es domingo.

En teoría, hoy toca descansar.

Pero tu cabeza ya está haciendo inventario:

mañana pediatra,
el martes hay que llevar algo al colegio,
el miércoles comprar el regalo,
el jueves viene alguien a casa,
el viernes cumpleaños.

Nada de eso está pasando ahora.

Y, aun así, ya está ocupando espacio.

Porque la carga mental no vive solo en las tareas que haces.

También vive en todo lo que tienes que:

recordar,
anticipar,
coordinar,
prever
y mantener abierto para que no se te caiga después.

Por eso alguien puede mirarte en el sofá y decirte:

descansa, que es domingo.

Y técnicamente sí.

Tu cuerpo está parado.

Pero tu cabeza ya ha hecho media semana.

Ese cansancio también cuenta.

No porque pensar en el martes sea un problema en sí mismo.

Sino porque cuando casi todo lo que viene después necesita pasar primero por ti, cerrar mentalmente el día se vuelve bastante difícil.

La pregunta entonces no es solo:

¿cuántas cosas hago?

También:

¿cuántas cosas todavía no han ocurrido y ya necesitan un hueco en mi cabeza?

Si sientes que rara vez consigues cerrar pestañas del todo, quédate por aquí.

Aquí hablamos de esa parte de la maternidad que casi nunca se ve, pero ocupa muchísimo.

Llevar a tu hijo al psicólogo puede ser exactamente lo que necesita.Y, aun así, puede no ser toda la intervención que ha...
01/10/2026

Llevar a tu hijo al psicólogo puede ser exactamente lo que necesita.

Y, aun así, puede no ser toda la intervención que haga falta.

Porque un niño no vive aislado.

Vive dentro de una familia con ritmos, conflictos, cansancio, maneras de hablar, formas de afrontar el miedo, límites, cambios y relaciones.

Eso no significa que si tu hijo está mal la culpa sea tuya.

Tampoco que cualquier dificultad infantil se explique mirando a los padres.

Significa algo bastante menos simplista:

a veces, para entender mejor lo que le ocurre a un niño, también necesitamos mirar el contexto en el que está ocurriendo.

No solamente:

¿Qué le pasa?

También:

¿Qué ocurre cuando tiene miedo?

¿Qué hacemos los adultos cuando estamos desbordados?

¿Cómo respondemos a sus emociones?

¿Cómo se vive el conflicto en casa?

¿Qué estamos pudiendo sostener y qué no?

Y en ocasiones eso implica trabajar también con los adultos.

No porque haya que "arreglar a los padres".

Sino porque cambiar algo en el entorno puede darle al niño nuevas experiencias sobre las que construir.

A veces ayudar a tu hijo también empieza preguntándote:

¿hay algo que yo pueda trabajar en mí que haga nuestra vida familiar un poco más habitable para todos?

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