Marta Balsa Psicóloga

Marta Balsa Psicóloga Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Marta Balsa Psicóloga, Psicólogo, Policlínica Ciudad Norte. Avenida de la Coruña 301, Bajo. ( Lugo) R. S: C-27-000931, Lugo.

Querida yo de hace varios años: Sé cómo te sientes. Te sientes cansada de una manera que no se cura durmiendo.Hace meses...
02/06/2026

Querida yo de hace varios años:
Sé cómo te sientes. Te sientes cansada de una manera que no se cura durmiendo.
Hace meses que piensas en empezar terapia y no acabas de dar el paso. Buscas psicólogos en redes sociales a las tantas de la mañana y agotada apagas el teléfono.
Lo postergas porque piensas que no es para tanto. Que hay gente peor. Que estuviste peor. Que se te va a pasar.
No se te va a pasar. Un mes más así y colapsas. Te lo digo con cariño.
El día que pidas cita vas a temblar.
Vas a coger el teléfono, marcar y colgar 3 veces.
Te van a contestar amablemente, sin prisa. Y vas a llorar. Porque hace mucho que nadie te ve como persona y no como problema.
La primera sesión vas a llegar 10 minutos antes. Vas a pensar en irte. No te vayas.
Te voy a decir algunas cosas que vas a aprender en este proceso que te espera:

La terapia no es para gente débil.
Es para gente valiente que se responsabiliza de que su dolor no se convierta en una licencia para herir.

No te van a juzgar. No vas a tener que justificar porque sientes lo que sientes. Por primera vez en mucho tiempo alguien te va a creer sin pedirte explicaciones.

Te van a doler cosas que no sabías que dolían. El enfado con tu familia, con tus amigos, contigo misma. No es que la terapia lo inventara. Es que estaba ahí y ahora lo puedes mirar.

Vas a querer dejarla. Muchas veces. Vas a escuchar cosas que no te guste oír. Aguanta. En esa incomodidad es donde precisamente empiezas a crecer. Y aunque el dolor no desaparezca, te prometo que un día dejará de ocuparlo todo.

Vas a aprender a decir no sin sentir una culpa que te devora. Vas a empezar a poner límites y el cielo no se va a caer. Porque te darás cuenta de que aunque puedas con la carga no significa que tengas que llevarla.
Vas a llorar como nunca por primera vez en años, y vas a descubrir que eso no te debilita, te fortalece.
Vas a dejar un trabajo donde no te respetan, donde no te valoran.
Porque no vas a permitir que alguien que no te conoce te diga quién eres.
Vas a reedescubrir las cosas que te gustaban antes de que la vida te golpeara y te las hiciera olvidar.
Vas a hacer planes sola, y vas a disfrutarlos.
Vas a entender que lo que creías que era tu forma de ser, fue en realidad tu forma de sobrevivir.
Y vas a empezar a ser más tú que nunca, más auténtica, más real y menos perfecta.
Vas a darte cuenta de que tu valor tiene que ver contigo y solo contigo, no con la capacidad de otro de poder valorarte o no.
Vas a entender que el dolor la mayoría de las veces no necesita palabras. Porque a veces ninguna palabra estará a la altura del dolor que sientes.
Vas a darte cuenta de que no puedes cambiar a nadie. Pero sí puedes cuestionarte lo que estás aceptando y cambiar tú.

Vas a coger al miedo por los cuernos y no permitir que nunca más te robe algo que el corazón quiera intentar. Porque te darás cuenta de que no le tenías miedo al futuro, ahí no has estado, no lo conoces. Le tenías miedo a que el pasado se repitiera.

Vas a elegir no hacerte daño para aprender. Porque no es esa la forma en la que quieres tratarte para corregir los errores que cometes.

Vas a aprender a convivir con la tristeza y darte cuenta de que la única forma de que se vaya es dejarla estar el tiempo que necesite.

Vas a entender que no todo es personal. A veces solo eres el espejo incómodo de alguien.

Vas a aprender a confiar sin tener todas las respuestas ni garantías. O al menos no todas las que te gustaría.
Y eso no te convierte en una pesona ingenua. Te convierte en una persona que tiene la capacidad de afrontar lo que venga sin sufrirlo antes de tiempo.
Porque suceda lo que suceda hay algo que vas a lograr más importante que el resultado: te vas a retar, te vas a desafiar, te vas a poner a prueba, lo vas a intentar, te vas a dar permiso para fallar y vas a soltar el control...

Te vas a dar cuenta de que no todo lo que te pasa necesita soluciones. Necesita presencia, tiempo, sostén, empatía y acompañamiento. Y vas aprender a dártelo tú.

Y en ese camino que hoy inicias vas a sentirte muy orgullosa de ti. Porque te vas a perdonar y sentirte en paz con la persona que fuiste. Que lo hizo lo mejor que pudo y supo. Y que si no lo hizo mejor fue porque no sabía cómo.

Y sobre todo, y lo más importante que vas a aprender es que un hogar no es donde naciste sino donde por fin te ven.
Donde por fin te ves.

LA NAVE Y EL PLANETAElla tenía casi todas las respuestas para las preguntas de él. Quiso explicarle con mucha educación ...
25/04/2026

LA NAVE Y EL PLANETA

Ella tenía casi todas las respuestas para las preguntas de él. Quiso explicarle con mucha educación que veía inviable la transformación de la amistad en amor, la edad, las circunstancias, la distancia, los daños acumulados y tantos detalles que él no veía pero que ella le desmenuzó uno a uno mientras él la escuchaba.
Confesó sin vergüenza su miedo a amar. Un miedo muy grande de dejarlo entrar en su corazón.
Así que le propuso jugar sin quemarse. Quererse un poquito tal vez, un amor juguete, de sí pero no para esquivar el dolor.
Le explicó que él, caballerosamente, debía colaborar y evitar que ella se enamorase, que no debía ser demasiado cariñoso ni galante, ni demasiado atrevido y nunca jamás permitir que ese poquito de amor creciese más que un granito de arroz.
Aliviada por haber sido tan sincera y haberse explicado tan bien, sonrió con valentía mientras él la escuchaba y quiso rematar poniendo un buen ejemplo para que él entendiese bien la situación. Animada por lo acertadas que estaban saliendo todas sus palabras hasta el momento, dejó volar la imaginación y en pocos segundos encontró la metáfora perfecta.
Le explicó que ella era como una nave espacial, pero no cualquier nave, sino una nave dañada, con el tren de aterrizaje antiguo que no encajaría jamás en los anclajes de las modernas estaciones espaciales.

En algún lugar había leído que para facilitarle a las naves de cualquier nacionalidad poder aterrizar en cualquier estación espacial, en caso de necesidad o emergencia, los países se habían reunido y habían acordado padronizar los anclajes de aterrizaje. Así garantizaban la seguridad de todos los habitantes del espacio, fuesen trabajadores de las estaciones o tripulantes de las naves.
Él la escuchaba en silencio.
En principio no tenía nada contra las estaciones espaciales ni los acuerdos internacionales sobre aterrizajes de emergencia, pero realmente era asombroso hacia donde ella había llevado la conversación. Todo aquel discurso para concluir que el anclaje de su nave estaba fuera de padrón y por eso no podría aterrizar nunca en su estación ni en ninguna, era una nave errante condenada a vagar eternamente por el espacio interestelar del desamor.
Éste, y no otro, era el motivo principal de no poder amarlo y por supuesto no debían ni intentarlo.

Tal vez era por eso que la amaba un poquito, por esas cosas tan absurdamente gráficas, tan fuera de lo común, que le producían risa y ternura al mismo tiempo. Por su vena dramática y su pasión poética al defender teorías estrambóticas como aquella mientras trataba de justificar el miedo de resultar herida en caso de enamorarse.
Lo miraba tan contenta después de terminar su ejemplo, que él se vio obligado a escoger con el máximo cuidado las palabras precisas para responderle con su voz más dulce:

- Tú estás en mi planeta desde que te conocí.

Crecer emocionalmente implica aceptar que no siempre te van a querer como quieres, sino como pueden.Hay algo profundamen...
11/04/2026

Crecer emocionalmente implica aceptar que no siempre te van a querer como quieres, sino como pueden.

Hay algo profundamente liberador en comprender que las personas ( familiares, amigos, parejas...) solo pueden darte lo que tienen disponible en su interior. No por falta de voluntad, no siempre por falta de interés, sino porque cada quien carga su propia historia, sus propias limitaciones, sus propios miedos enquistados en lugares que ni siquiera conocen. Y es ahí, en ese reconocimiento, donde comienza la madurez emocional: dejar de esperar que los demás te entreguen versiones de amor, atención o validación que simplemente no están en su capacidad de dar.

Durante años construimos expectativas sobre cómo deberían querernos. Idealizamos gestos, anticipamos palabras, diseñamos escenarios donde el otro, finalmente, nos ve como necesitamos ser vistos. Pero la vida no funciona así. Las personas llegan con sus propios mapas internos, trazados por experiencias que desconocemos, por heridas que aún no han sanado, por aprendizajes que todavía no han alcanzado. Y cuando su forma de querer no coincide con lo que esperábamos, nos sentimos traicionados, decepcionados, como si hubiera habido un acuerdo tácito que solo existía en nuestra mente.

La verdad incómoda es que nadie firmó ese contrato. Nadie prometió quererte exactamente de la manera en que lo necesitas. Y aunque duela aceptarlo, esa desconexión entre lo que esperamos y lo que recibimos no siempre es negligencia o desamor. A veces es simplemente incompatibilidad de lenguajes emocionales. A veces es que la otra persona está dando todo lo que sabe dar, todo lo que aprendió a dar, y eso, en su mundo, es suficiente. Pero en el tuyo, se siente vacío.

Aceptar esto no significa resignarse a migajas de afecto ni justificar relaciones que te descuidan. Significa, más bien, dejar de exigirle a los demás que sean versiones mejoradas de sí mismos solo para satisfacer tus necesidades. Significa entender que si alguien no puede estar presente de la forma en que lo necesitas, no es porque no valgas la pena, sino porque sus recursos emocionales y prioridades están distribuidos de otra manera. Y eso está bien. No todo el mundo está equipado para amar como tú necesitas ser amado. No todo el mundo está en el mismo punto del camino. Y no todo el mundo quiere hacer el esfuerzo de ceder aunque eso no implique tener que traicionarse.

Y quizás lo más difícil de todo es aplicarte esa misma comprensión a ti mismo. Aceptar que tú tampoco siempre has podido querer como el otro necesitaba. Porque todos somos personas valiosas que no siempre sabemos amar de la manera en que otros necesitan. Que también has amado desde tus propias limitaciones, desde tus miedos, desde tus propios vacíos, desde lo que pudiste en ese momento. Porque todos cargamos con esa fragilidad humana: la incapacidad de ser todo para todos, de amar de forma perfecta, de estar siempre a la altura de las expectativas ajenas. Y si puedes perdonarte eso a ti mismo, entonces podrás perdonárselo también a los demás.

La paz no está en recibir el amor perfecto que imaginaste. Está en soltar la exigencia de que el mundo se ajuste a tu necesidad, y en aprender a valorar lo que sí te están dando, aunque sea diferente. Y cuando eso no sea suficiente o te haga daño, está en tener la claridad para alejarte, no con resentimiento, sino con la tranquilidad de quien entiende que simplemente no era recíproco ni compatible.
Y eso no vuelve falso lo vivido. No convierte el amor en error. No borra la ternura, ni los aprendizajes, ni la belleza de ciertos instantes.
Porque cerrar un vínculo con respeto también es una forma de amor. Una forma adulta. Una forma limpia. Una forma rara en un mundo que, cuando no sabe quedarse, suele preferir destruir.
Porque el amor maduro no pone al otro en un altar ni en una mesa de reparación. Lo pone frente a sí, como un ser humano completo, imposible de domesticar del todo, hermoso también en su diferencia. Y luego decide. A veces abraza. A veces se queda. A veces toma distancia. A veces suelta. Pero cuando es amor de verdad, no humilla para irse ni exige metamorfosis para quedarse. Sino que acepta como quien cierra una puerta con lágrimas en los ojos y gratitud en las manos.

Hay algo que siempre aparece justo antes de crecer: el miedo.No el miedo que te protege, sino ese que te paraliza, que t...
03/04/2026

Hay algo que siempre aparece justo antes de crecer: el miedo.
No el miedo que te protege, sino ese que te paraliza, que te hace dudar, te limita, te dice que no eres suficiente o que algo va a salir mal.
Pero el miedo no es un enemigo, sino una señal.
Una puerta.

Porque casi siempre lo que más temes es exactamente lo que necesitas enfrentar.

El miedo aparece cuando estás cerca de algo importante: un cambio, una verdad, una versión más auténtica de ti.

Pero si huyes, te quedas igual.
Si lo enfrentas… te transformas.

El miedo no desaparece. Se integra.
Y al hacerlo, deja de controlarte y de tomar decisiones por ti.
La seguridad no nace de la capacidad de predecir la certeza de un resultado ni es la ausencia de miedo. Nace de soltar la necesidad de que todo tenga garantías en el proceso de enfrentar una situación incluso cuando una parte de ti duda.

Una creencia muy común pero desacertada es sentir que todo lo que me incomoda o genera malestar es negativo. Y que la comodidad es síntoma de lo contrario, de que algo me conviene.

Es algo que sucede a menudo en los vínculos.
Activan partes nuestras que suelen pasarnos desapercibidas.
Cuando no nos vinculamos es fácil sentirnos fuertes. Nadie nos confronta, nadie nos espeja, nadie toca nuestras heridas más sensibles.
Pero cuando alguien entra de verdad en tu vida, ahí es donde realmente se revela cuánto puedes sostenerte por dentro.
Una relación sana no viene a anestesiar tus miedos. Viene a mostrártelos. Porque te enfrenta a cómo reaccionas cuando no tienes el control, a cómo expresas lo que sientes, y qué haces cuándo conectas con la vulnerabilidad.
Por eso, no toda incomodidad es una señal para irte. Sino una invitación a mirar más profundo.
Las relaciones sanas son las que te incomodan para que crezcas porque te enfrentan a tus miedos y te obligan a mirar lo que no querías ver.
Crecer incomoda porque te invita a no huir cuando te cuesta enfrentarte a lo que temes.

Los vínculos no están para validarnos. Están para revelarnos. Para mostrarnos donde todavía hay miedo y defensas. Y para darnos la oportunidad de ir sobre ello.

Muchas veces lo que más incomoda es lo que más transforma.

Cansada de tanta demagogia.El dolor es la experiencia humana más subjetiva que existe. No podemos ni debemos opinar desd...
26/03/2026

Cansada de tanta demagogia.
El dolor es la experiencia humana más subjetiva que existe. No podemos ni debemos opinar desde fuera algo que se vive desde dentro.
Nos sobra opinión y nos falta empatía.
Amar a alguien también es respetar su decisión más difícil.

¿Omitir también es mentir?Es una pregunta que me han hecho esta semana en consulta. Las mentiras no solo se dan con pala...
07/03/2026

¿Omitir también es mentir?
Es una pregunta que me han hecho esta semana en consulta.
Las mentiras no solo se dan con palabras, también se dan con silencios.
Con lo que evitamos decir por miedo a incomodar, a perder o a desatar una reacción que no nos agrada ver.
Muchas veces nos justificamos en el "no te lo dije porque te ibas a poner mal", "para qué hablar de eso si ya pasó", "prefiero guardármelo, no quiero problemas".
La pregunta es: ¿para qué omitir una verdad?, ¿estás cuidando al otro o evitando lo que no quieres enfrentar?, ¿lo haces por ti o por el otro?
Como el miedo disfrazado de prudencia o el control disfrazado de preocupación, a veces también disfrazamos la omisión de una verdad.
Porque la realidad es que cuando omites, estás controlando la narrativa. Es decir, le quitas la oportunidad al otro de conocer la realidad. Estás decidiendo por el otro.
¿Cómo saber si lo debería de decir?
Pregúntate si estás callando por miedo o por respeto y si lo que ocultas afecta a la decisión del otro.

Alguna gente cree que los psicólogos tenemos un manual para sobrevivirnos. Que cuando algo nos duele, analizamos el dolo...
01/03/2026

Alguna gente cree que los psicólogos tenemos un manual para sobrevivirnos. Que cuando algo nos duele, analizamos el dolor y se nos pasa. Como si ponerle palabras al vacío alcanzara para llenarlo.
Muchos pacientes creen que sabemos gestionar lo que nos pasa mejor que nadie, pero no, no tenemos ninguna herramienta mágica. Nos cuesta igual que al resto de los mortales.
No hay técnica que cambie el dolor del cuerpo cuando algo te atraviesa. No hay teoría que te abrace a las 3 de la mañana. No hay Freud que te salve cuando te duele la vida.
Porque ser psicólogo no es vivir ajeno al dolor, es vivirlo sabiendo un poco más sobre él, pero sin ningún mapa que nos garantice la salida.
A veces también nos quedamos bloqueados por el miedo, también rumiamos, nos equivocamos, nos cuesta comer, dormir... y también nos cansamos de ser el lugar donde otros depositan su mundo.
También necesitamos que nos cuiden y sentirnos cuidados. Nuestra labor es muy solitaria.
Y sin embargo, volvemos. Cada día volvemos.
Porque en ese acto de escuchar para comprender, de sostener el dolor de alguien que confía en ti al hablarte de lo que más le duele, de lo que nunca le ha contado a nadie... hay algo profundamente sagrado.
Pero no, no somos inquebrantables. No somos ese ser zen que imaginas.
Somos humanos, como todos.
A veces lo más honesto que tenemos para decirle a alguien es "No lo sé". Pero te ayudaré a encontrar tus respuestas.
A veces tampoco sabemos qué hacer con lo que nos duele, días en los que la teoría no sirve para nada. Y sólo queda el cuerpo.
El dolor también nos toca, nos habita, nos atraviesa, nos remueve y desordena.
También tenemos miedo, heridas y fantasmas.También nos rompemos y hacemos terapia. Y cuando nos rompemos lloramos, nos dolemos, nos hundimos y nos levantamos.
Como cualquiera.
El mejor regalo que te puede hacer un paciente es decirte: gracias por no juzgarme, gracias por tu delicadeza, gracias por permitirme ser yo mism@, gracias por hacerme sentir querid@.
Gracias por decírmelo y hacer de este mi trabajo (a pesar de las dificultades) el más bonito del mundo❤️

El miedo no evita la muerte,evita la vida.No nos protege del dolor,nos priva del camino.Nos hace quedarnos donde no somo...
25/02/2026

El miedo no evita la muerte,
evita la vida.
No nos protege del dolor,
nos priva del camino.
Nos hace quedarnos donde no somos felices,
callar lo que sentimos,
amar a medias,
vivir sin ilusión,
soñar en pequeño,
renunciar a lo que queremos.
¿ acaso eso no duele?
Y al final descubrimos
que lo único que realmente perdimos
fue el tiempo de haber vivido de verdad.

Punch al principio no fue elegido. No empezó en los brazos correctos.Y aún así, seguía acercándose. Seguía confiando.Y y...
23/02/2026

Punch al principio no fue elegido.
No empezó en los brazos correctos.
Y aún así, seguía acercándose. Seguía confiando.
Y yo pensé... ¿cuántas veces en la vida nos pasa lo mismo?
No te eligen en un trabajo.
No encajas en un grupo.
No eres la primera opción de alguien.
Y sin darte cuenta, empiezas a pensar que quizá deberías cambiar algo.
Ser menos complicad@.
Menos amable.
Menos sensible.
Más como otros y
menos como tú.
Pero Punch no cambió nada.
No dejó de ser cariñoso.
No dejó de mirar con ternura.
No dejó de acercarse al mundo.
Solo necesitaba llegar al lugar adecuado.
Y cuando llegó...
No tuvo que esforzarse más.
No tuvo que demostrar nada.
No tuvo que dejar de ser él mismo.
Simplemente era.
Y eso fue suficiente.
Y creo que ahí está la lección:
Que a veces no es que no valgas.
Es que todavía no has llegado a los brazos que saben abrazarte❤️‍🩹

¿Por qué a veces alguien se agobia y se aleja justo cuando empieza a sentir algo y califica a la otra persona de intensa...
18/02/2026

¿Por qué a veces alguien se agobia y se aleja justo cuando empieza a sentir algo y califica a la otra persona de intensa?

Porque nos resulta mucho más fácil mirar hacia fuera que hacia dentro y tomar conciencia de que:

No sabemos sostener lo que sentimos. No todo el mundo tiene la madurez emocional para afrontar lo que el corazón le dice.
A veces el sentimiento puede estar, pero el momento interno no. No siempre se está preparado para sostener lo que se dice querer.

Porque sentir nos quita el control.
Cuando la emoción es real, la mente deja de mandar. Y para alguien que vive desde la cabeza.... eso asusta mucho.

Porque se activa una herida que nunca se cerró.
No se aleja de ti. Se está defendiendo de un dolor antiguo que tú no causaste y que el vínculo contigo está activando.

Porque a veces los vínculos incomodan. Cuando algo se vuelve más real aparecen los miedos: miedo a fallar, a no ser suficiente, a que nos dejen... Es una incomodidad que nos muestra dónde están nuestras heridas. Si la enfrentamos es una oportunidad que nos invita a crecer, mirar lo que necesitamos ver y cicatrizar esas heridas que solo estarán dormidas mientras no nos relacionemos con nadie.

Porque empieza a necesitarte.
Y necesitar implica mostrarse, abrirse, depender. Y eso es vulnerabilidad pura.

A veces alguien no se aleja porque no siente sino porque siente demasiado y le abruma no saber qué hacer con lo que siente.

Intentar querer más, explicar mejor, ser más paciente... no convierte a alguien emocionalmente indisponible en disponible.
Porque el problema no es la falta de amor, sino la falta de capacidad y disponibilidad emocional.

Distanciarse no soluciona nada, solo pospone afrontar una herida que está pidiendo a gritos ser mirada.
No necesitamos ser perfectos para tener una relación, solo necesitamos estar dispuestos a aprender mientras nos quedamos en ella. ¿Cómo?
1. No decidas por el otro. Habla desde ti. Por ejemplo, en lugar de decir " te voy a hacer daño " di "tengo miedo a fallarte".

2. Vas a cometer errores. Muchas veces. Cuanto antes lo aceptes mejor. El amor no nos exige ser perfectos, nos pide ser responsables: quedarnos cuando fallamos, reparar e intentar mejorar.

3. Ese miedo no desaparece quedándote. Cierto. Pero cada vez que no huyes se hace un poquito más pequeño. Y cada vez que lo haces, un poco más grande.
No tienes que huir para proteger a nadie. Basta con quedarse y aprender a sentirse suficiente incluso con tus imperfecciones.

Dirección

Policlínica Ciudad Norte. Avenida De La Coruña 301, Bajo. ( Lugo) R. S: C-27-000931
Lugo
27003

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Marta Balsa Psicóloga publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Consultorio

Enviar un mensaje a Marta Balsa Psicóloga:

Compartir

Categoría