Desirée Infante Psicología

Desirée Infante Psicología Psicóloga Desirée Infante

08/07/2026

Cada verano ocurre lo mismo.

Empiezan a aparecer los mensajes sobre la operación bikini.

Las dietas milagro.

Los retos para perder peso.

Los cuerpos "perfectos".

Y, sin darte cuenta, algo cambia en la forma en la que te miras.

Empiezas a fijarte más en tus inseguridades.

En aquello que no te gusta.

En lo que crees que deberías cambiar antes de ponerte un bañador.

Y muchas personas terminan creyendo que necesitan modificar su cuerpo para poder disfrutar del verano.

Pero el problema no suele estar en el cuerpo.

Está en la presión.

En la comparación constante.

En la idea de que hay una determinada apariencia física que da permiso para sentirse cómoda, atractiva o válida.

Desde la psicología sabemos que la exposición continua a determinados mensajes puede afectar a la autoestima y a la percepción corporal. Cuando nos comparamos constantemente con estándares irreales, es fácil sentir que nunca somos suficientes.

Pero tu cuerpo nunca ha sido un proyecto que necesite arreglarse para merecer vivir.

No necesita cambiar para bañarse en la playa.

Para hacerse fotos.

Para ponerse ropa fresca.

Para reírse con amigos.

Para disfrutar de unas vacaciones.

Tu cuerpo no tiene que ganarse el derecho a existir.

Y mucho menos a disfrutar.

Porque tu valor no depende de una talla, de un número en la báscula ni de la opinión de otras personas.

Este verano, ojalá te permitas vivir más momentos y juzgar menos tu reflejo.

Porque los recuerdos que construyas serán mucho más importantes que cualquier imperfección que hoy crees ver.

06/07/2026

Hay mensajes que nunca enviamos.

A veces porque la otra persona ya no está.

Otras porque sabemos que no obtendremos la respuesta que necesitamos.

Y muchas veces porque, en el fondo, no buscamos una conversación. Buscamos cerrar una herida.

En consulta utilizamos con frecuencia un ejercicio muy sencillo: escribir aquello que nunca dijimos.

No para enviarlo.

No para reabrir una historia.

Sino para dar espacio a emociones que llevan demasiado tiempo guardadas.

Porque cuando nos callamos algo importante, no desaparece. Suele quedarse dentro en forma de tristeza, rabia, culpa o resentimiento.

Nuestro cerebro necesita poner palabras a lo que siente para poder procesarlo. Por eso escribir tiene un efecto terapéutico tan potente. Nos ayuda a ordenar pensamientos, comprender emociones y dar sentido a experiencias que todavía duelen.

Quizá nunca envíes ese mensaje.

Quizá nunca recibas las explicaciones que esperabas.

Quizá nunca escuches el perdón que necesitabas.

Pero eso no significa que no puedas sanar.

Porque el cierre no siempre llega de la mano de otra persona.

Muchas veces empieza cuando te permites expresar aquello que llevas demasiado tiempo guardando.

Y a veces, el mensaje más importante no es el que escribirías a otra persona.

Es el que te escribirías a ti.

03/07/2026

Hay una presión silenciosa que muchas personas cargan sin darse cuenta.

La sensación de ir tarde.

Tarde para encontrar pareja.

Tarde para tener hijos.

Tarde para comprar una casa.

Tarde para conseguir estabilidad.

Tarde para cumplir aquello que imaginaban cuando eran más jóvenes.

Y cuanto más miramos la vida de los demás, más fácil es sentir que nos estamos quedando atrás.

Pero hay algo que pocas veces nos enseñan.

La vida no sigue el mismo ritmo para todo el mundo.

No existe una edad correcta para enamorarse.

Ni para cambiar de trabajo.

Ni para empezar un proyecto.

Ni para reconstruirse después de una etapa difícil.

Desde la psicología sabemos que gran parte de este malestar nace de la comparación social. Nuestro cerebro tiende a evaluar constantemente dónde estamos respecto a los demás, y cuando sentimos que no cumplimos determinadas expectativas, aparece la frustración, la tristeza o la sensación de fracaso.

Sin embargo, compararte con el capítulo veinte de alguien cuando tú estás atravesando el capítulo diez rara vez es justo.

Cada persona tiene circunstancias, oportunidades, heridas y tiempos diferentes.

Quizá tu vida no se parece a la que imaginaste hace unos años.

Y eso puede doler.

Pero también puede abrir la puerta a algo importante: construir una vida real, en lugar de perseguir una vida idealizada.

Porque no estás llegando tarde.

Simplemente estás recorriendo un camino distinto al que habías imaginado.

01/07/2026

Durante mucho tiempo pensé que tenía tiempo para todo.

Para descansar más adelante.

Para bajar el ritmo cuando las cosas estuvieran más tranquilas.

Para cuidarme cuando terminara aquello que tenía pendiente.

Como tantas otras personas, vivía convencida de que siempre habría otro momento.

Hasta que mi cuerpo me obligó a parar.

Y cuando la salud se convierte en una preocupación real, hay algo que cambia dentro de ti.

Empiezas a entender que muchas de las cosas que ocupaban tu mente no eran tan importantes.

Que hay llamadas que no deberías posponer.

Abrazos que no deberías dejar para otro día.

Personas a las que deberías decirles más veces cuánto las quieres.

Desde fuera solemos admirar a quien no para, a quien puede con todo, a quien siempre sigue adelante.

Pero pocas veces nos enseñan el valor de escuchar las señales del cuerpo, de descansar o de priorizar nuestra salud física y emocional.

Quizá la mayor lección que me ha dejado esta etapa es que la vida no siempre nos pide que vayamos más rápido.

A veces nos pide exactamente lo contrario.

Parar.

Escuchar.

Y recordar que ninguna meta merece el precio de olvidarnos de nosotros mismos.

Porque cuando la salud falta, todo lo demás pasa a un segundo plano.

Y cuando vuelve, aprendes a valorarla de una forma que antes ni siquiera imaginabas.

29/06/2026

Hay una pregunta que pocas personas se hacen a tiempo:

¿Estoy cuidando esta relación o simplemente estoy intentando que no se rompa?

Porque no es lo mismo.

Muchas personas pasan años esforzándose para mantener una relación.

Ceden.

Se adaptan.

Callan cosas que les duelen.

Intentan evitar conflictos.

Buscan constantemente la forma de que todo funcione.

Y sin darse cuenta, dejan de preguntarse algo fundamental:

¿Estamos construyendo esto entre los dos?

Mantener una relación sana no consiste en no discutir.

No consiste en estar de acuerdo en todo.

Ni en hacer sacrificios constantes para evitar perder al otro.

Una relación sana requiere algo mucho más importante: implicación mutua.

Desde la psicología sabemos que las relaciones más satisfactorias no son aquellas en las que nunca hay problemas, sino aquellas en las que ambas personas se sienten vistas, escuchadas y valoradas.

Porque el amor no se mantiene solo con sentimientos.

También necesita cuidado.

Comunicación.

Interés.

Presencia.

Y responsabilidad afectiva.

A veces el desgaste aparece cuando una persona sostiene la relación mientras la otra simplemente permanece en ella.

Y sostener algo en solitario termina agotando.

Por eso, si llevas tiempo sintiendo que eres quien inicia todas las conversaciones importantes, quien busca soluciones, quien pide perdón primero o quien intenta reparar constantemente lo que se rompe, quizá merezca la pena detenerse un momento.

No para señalar culpables.

Sino para preguntarte cómo te estás sintiendo dentro de esa relación.

Porque una relación debería ser un lugar donde descansar, crecer y compartir el peso de la vida.

No un lugar donde tengas que cargar sola con él.

Y aunque el amor es importante, hay algo que también lo es:

Sentir que la otra persona está caminando a tu lado y no que eres tú quien lleva la relación a cuestas.

26/06/2026

Vivimos con la sensación constante de ir tarde.
De no estar donde “deberíamos”.

Pero cada proceso tiene su tiempo.
Cada persona, su ritmo.

Ir más lento no es fallar.
Es respetarte.

No necesitas correr para que tenga valor.

Guárdalo para recordarlo en los días de duda.

24/06/2026

Soltar no es olvidar ni dejar de sentir.
Es aprender a sostener el dolor sin quedarte atrapada en él.

Si nunca te enseñaron a hacerlo,
es normal que te cueste.

Pero eso no significa que no puedas aprender ahora.

A tu ritmo.
Sin exigencia.
Sin culpa.

Guárdalo para volver a él cuando lo necesites.

22/06/2026

No fue de un día para otro.

Fue poco a poco…
dejándote para después
diciendo “ya tendré tiempo”
poniendo siempre a otros primero

hasta que un día te das cuenta
de que te has perdido.

Volver a ti también es un proceso.
Y puedes empezar por lo pequeño.

Guárdalo para recordarlo.

19/06/2026

Hoy había una silla vacía en consulta.

Y aunque pueda parecer algo insignificante, algunas sillas vacías tienen un significado muy especial.

Porque detrás de esa ausencia suele haber una historia de esfuerzo, de lágrimas, de miedos enfrentados y de pequeños pasos que nadie ve.

A veces pensamos que el objetivo de la terapia es sentirse bien. Pero en realidad va mucho más allá.

La terapia consiste en aprender a comprenderte, a relacionarte de otra forma con tus emociones, a poner límites, a cuidarte y a desarrollar recursos que te acompañen incluso cuando ya no necesites acudir a consulta.

Muchas personas llegan pensando que pedir ayuda es un signo de debilidad. Sin embargo, reconocer que algo duele y permitir que alguien te acompañe en el proceso requiere una enorme valentía.

Y quizá por eso una de las cosas más bonitas de esta profesión es ver cómo, poco a poco, las herramientas dejan de estar en la consulta para empezar a estar dentro de la persona.

Porque el objetivo nunca es que alguien dependa de la terapia.

El objetivo es que un día pueda seguir adelante sin ella.

Que sepa sostenerse cuando la vida vuelva a ponerse difícil.

Que confíe en sí mismo.

Que sepa que puede.

Hoy había una silla vacía.

Y lejos de sentir ausencia, sentí orgullo.

Porque detrás de esa silla había alguien que un día pensó que no podría salir adelante y que ahora está viviendo su vida con más libertad, más recursos y más confianza.

Y creo que eso merece ser celebrado.

17/06/2026

Cuando pensamos en un trastorno de la conducta alimentaria, solemos pensar en la comida.

En lo que una persona come.

En lo que deja de comer.

En su peso.

En su cuerpo.

Pero pocas veces miramos lo que hay detrás.

Porque la mayoría de los TCA no empiezan con el deseo de enfermar.

Empiezan con el deseo de sentirse suficiente.

Con la necesidad de encajar.

Con la esperanza de gustarse más frente al espejo.

Con el intento de controlar algo cuando todo lo demás parece escaparse de las manos.

A veces empiezan con una dieta aparentemente inofensiva.

Con un comentario que se quedó grabado.

Con una comparación constante.

Con la sensación de que el propio cuerpo necesita cambiar para merecer aceptación.

Y poco a poco la vida empieza a reducirse a números.

Calorías.

Peso.

Tallas.

Ejercicio.

Control.

Hasta que aquello que parecía una solución termina convirtiéndose en una prisión.

Por eso los trastornos de la conducta alimentaria nunca son simplemente un problema con la comida.

La comida es solo la parte visible.

Debajo suele haber sufrimiento, inseguridad, miedo, autoexigencia o una profunda dificultad para relacionarse con uno mismo desde el respeto y el cuidado.

Y quizá una de las cosas más importantes que necesitamos recordar es que la recuperación no consiste únicamente en cambiar la forma de comer.

También implica sanar la relación con el cuerpo, con las emociones y con uno mismo.

Porque nadie merece vivir en guerra con quien ve cada día frente al espejo.

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