27/06/2026
Las experiencias adversas en la infancia pueden dejar huellas profundas en la forma en que sentimos, nos vinculamos y habitamos nuestro cuerpo. Dolores, tensión, ansiedad, cansancio o bloqueos emocionales pueden ser, en algunos casos, formas en las que el cuerpo expresa una historia que aún necesita cuidado.
Hablar de trauma y somatización no es buscar culpables. Es abrir un espacio de comprensión, reparación y acompañamiento.
Porque sanar también empieza cuando dejamos de preguntarnos “¿qué me pasa?” y comenzamos a mirar con ternura “¿qué me pasó?”.
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