12/08/2026
Hace no tanto, parar de trabajar un par de días para hacer algo que simplemente quería hacer, era algo que no me permitía demasiado.
Pero hoy estaba aquí, en un pueblecito de Segovia, mirando un eclipse - porque las cosas, cambian. Y una, se permite hacer más cosas-.
Durante unos minutos no había nada que hacer nada más que estar - atenta, eso sí-.
Podía darme cuenta de la luz cambiando.
Sentir la emoción de las personas que estaban a mi alrededor.
Escuchar aplausos al cielo.
Y podía notar una sensación sencilla e inmensa,
qué suerte estar viva y ser consciente de estarlo.
Luego volverán el trabajo, la rutina, las prisas, las cosas pendientes.
La vida no va a quedarse detenida en este instante.
Pero quizá tampoco sea necesario.
Quizá se trate de aprender a estar tan presentes para un día cualquiera como hoy lo estuve mirando al cielo.
Y es que, si presto atención, mi vida cotidiana también está llena de cosas que merecen ser miradas así.
Me llevo un trocito de este momento conmigo.
No para aferrarme a él, sino para recordar que la plenitud no apareció porque todo en mi vida estuviera resuelto.
Apareció cuando, durante unos minutos, dejé de estar en otro sitio y me quedé exactamente donde estaba.
Imagina vivir un poco más desde aquí.
No desde la persecución de esta sensación.
Sino desde la presencia que permitió darme cuenta.
Al final, no necesité añadir nada.
Solo estar.
🥹