22/02/2024
En psicoanálisis le damos valor al lenguaje, claro que sí, las palabras nombran, los sujetos dicen. Sin embargo, también existen como saben multiplicidad de variantes que también se han hecho eco del lenguaje como modo abordaje, se me ocurren en principio dos. Existe una diferencia que tiene que ver con cómo es entendido el lenguaje y cómo éste nos determina, básicamente si somos moldeables o no somos moldeables a través del lenguaje, si somos diseñables y cuan diseñables somos a través de como “utilizamos las palabras”. Es muy frecuente hoy en día, la idea de que podemos rediseñarnos, simplemente por cómo hablamos y cómo nombramos las cosas, porque si nombramos conscientemente las cosas de otra manera, entonces eso cambia el modo en el que vemos el mundo. A mi me llama la atención cuando escucho a alguien decir algo y luego, rectificarse en su decir, para nombrar las casas como debería nombrarlas.
Me parece que hay una diferencia que pone un contrapunto fundamental, si pensamos que somos dueños del lenguaje o si nos pensamos como sujetos del lenguaje. Son dos modos diferentes de pensar que el lenguaje nos determina. Quienes trabajamos desde el psicoanálisis, nos resulta quizás un poco disruptiva la idea de creer que podemos manipular y hacer del lenguaje una experiencia moldeable, simplemente porque trabajamos con la distancia que existe entre enunciado y enunciación y además los actos fallidos por suerte siempre nos muestran que a pesar del intento de control voluntario, siempre se nos espacapa la perdíz por algún lado. Me resulta maravilloso como el inconsciente es una fuerza que pareciera siempre resistir a los embates de la época, de una y de otra, a un yo con la posibilidad ilusoria de calcularlo todo y controlarlo todo. Por suerte, todavía, no ha llegado el día de tal literalidad, donde lo equivoco del lenguaje no tenga lugar, aunque ese sea el intento. Donde la multiplicidad de sentidos no exista y en que sea posible hacer uso del lenguaje dejando por fuera lo que irrumpe y sorprende de ese lugar al que llamamos inconsciente, que sigue siendo un agujero y que se cuela y se escapa una y otra vez.