22/08/2026
"ANECDOTARIO DE LA CIRUGÍA" CUANDO LA VIDA ES UN TRATAMIENTO
Hubo un tiempo en que la industria farmacéutica necesitaba enfermedades para desarrollar medicamentos. Hoy, parece que los medicamentos están para crear enfermedades. Digamos que el medicamento es esa necesidad.
La medicina ha conseguido algunos de los mayores avances de la historia. Ha evitado sufrimiento, ha cambiado el pronóstico de muchas enfermedades y ha permitido vivir más y mejor. Precisamente por eso llama la atención que, cuanto más progresa, más personas parezcan convencidas de que necesitan tomar algo para seguir estando sanas.
No es difícil encontrar una explicación para cualquier molestia cotidiana. Tampoco cuesta mucho encontrar un producto dispuesto a aliviarla. Lo realmente complicado empieza cuando vivir deja de parecer una experiencia normal y comienza a necesitar supervisión permanente.
Hay etapas de la vida que durante siglos fueron simplemente eso: etapas. Con el tiempo, muchas de ellas han ido rodeándose de revisiones, recomendaciones, suplementos, tratamientos y controles. En muchos casos han supuesto un beneficio indudable. En otros, cuesta distinguir dónde termina el cuidado y dónde empieza la necesidad de intervenir.
Resulta curioso que cada cierto tiempo aparezca una nueva razón para preocuparse por aquello que hasta ayer parecía perfectamente normal. A veces cambia una cifra, otras una recomendación y, en ocasiones, basta con una nueva forma de interpretar la salud para que miles de personas descubran que necesitan hacer algo que jamás se habían planteado.
La industria vive de ofrecer soluciones. Es su razón de ser. Pero toda solución necesita un problema, y pocas cosas funcionan mejor que convencer a una sociedad de que todavía puede estar un poco más sana. Al fin y al cabo, siempre habrá algo que mejorar, reforzar, equilibrar, prevenir o corregir.
Hay personas que no toman un medicamento porque estén enfermas, sino porque temen llegar a estarlo algún día. Otras necesitan un complemento para reforzar unas defensas que llevan toda la vida funcionando solas. Y no faltan quienes viven convencidos de que, si dejan de tomar aquello que nunca necesitaron, algo malo acabará ocurriendo. La tranquilidad, a veces, también viene en una caja.
Y quizá ahí resida la paradoja. Nunca la medicina había sido tan capaz de aliviar el sufrimiento... y nunca había habido tantas personas convencidas de que necesitan algo para sentirse completamente sanas. Entonces, parece que vivir empieza a parecer una enfermedad.