24/06/2026
Pedrito creció en un hogar marcado por la ausencia y la frialdad. Su padre, transportista, pasaba semanas fuera; su madre, distante, rara vez respondía a sus gestos de cariño. A los seis años, cuando le mostró orgulloso un dibujo, ella lo ignoró por completo, dejándole una sensación de vacío difícil de nombrar. A los ocho, su padre lo empujó violentamente por no hacer una tarea, grabando en él un miedo profundo a la autoridad. En varias ocasiones, fue testigo de discusiones violentas en casa y de insultos que lo hacían sentirse pequeño e indefenso. A los nueve, un vecino mayor se burló cruelmente de él frente a otros niños, reforzando su sensación de humillación. A los diez, su madre se fue con otra pareja, dejándolo al cuidado de una abuela poco afectuosa y estricta. Desde entonces, vivió con miedo constante a ser herido o abandonado, acumulando heridas invisibles que moldearon su forma de sobrevivir.
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El 𝐭𝐫𝐚𝐮𝐦𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐥𝐞𝐣𝐨 se refiere a la 𝐞𝐱𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐫𝐞𝐩𝐞𝐭𝐢𝐝𝐚 𝐲 𝐩𝐫𝐨𝐥𝐨𝐧𝐠𝐚𝐝𝐚 𝐚 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐫𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐚𝐝𝐯𝐞𝐫𝐬𝐚𝐬 en la infancia especialmente cuando provienen de figuras de apego o del entorno que deberían haber brindado cuidado y protección. No se trata de un solo evento traumático, sino de una acumulación de vivencias que deterioran la confianza, la seguridad y el sentido de valía personal. A diferencia del 𝐭𝐫𝐚𝐮𝐦𝐚 𝐬𝐢𝐦𝐩𝐥𝐞, también llamado de tipo I, (que suele originarse en un único evento intenso como un accidente, masacre o catástrofe natural) el 𝐭𝐫𝐚𝐮𝐦𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐥𝐞𝐣𝐨 se construye poco a poco, capa sobre capa, dejando secuelas más profundas y persistentes.
La historia de Pedrito ilustra bien este proceso. Creció en un ambiente donde sus necesidades emocionales eran ignoradas, el afecto escaso y las interacciones con sus cuidadores podían ser abusivas o violentas. Además, l𝐚 𝐢𝐧𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐟𝐚𝐦𝐢𝐥𝐢𝐚𝐫 𝐲 𝐥𝐚𝐬 𝐬𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐚𝐟𝐞𝐜𝐭𝐢𝐯𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐟𝐨𝐫𝐳𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐞𝐧 𝐞́𝐥 𝐮𝐧 𝐬𝐞𝐧𝐭𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐢𝐬𝐭𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐢𝐧𝐬𝐞𝐠𝐮𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝. Su desarrollo emocional se vio condicionado por la necesidad de adaptarse a un entorno hostil lo que implicó ocultar sus emociones, minimizar sus necesidades y estar en 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐚𝐥𝐞𝐫𝐭𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐯𝐢𝐭𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐫𝐞𝐜𝐡𝐚𝐳𝐨 𝐨 𝐞𝐥 𝐝𝐚𝐧̃𝐨.
La 𝐓𝐞𝐫𝐚𝐩𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐄𝐬𝐪𝐮𝐞𝐦𝐚𝐬 es un modelo 100% adecuado para abordar casos como el de Pedrito. Nuestro enfoque reconoce que la 𝐦𝐚𝐲𝐨𝐫𝐢́𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐬𝐪𝐮𝐞𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐝𝐚𝐩𝐭𝐚𝐭𝐢𝐯𝐨𝐬 𝐭𝐞𝐦𝐩𝐫𝐚𝐧𝐨𝐬 surgen precisamente de experiencias del 𝐭𝐫𝐚𝐮𝐦𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐥𝐞𝐣𝐨. A través del trabajo con esquemas y modos, la terapia no solo identifica las heridas centrales, sino que ofrece intervenciones experienciales, cognitivas y conductuales para sanar las raíces del problema.
Además, mediante técnicas vivenciales y la relación terapéutica, el modelo ayuda al paciente a reconstruir una sensación interna de cuidado, protección y valor personal. En este proceso, el modo 𝐀𝐝𝐮𝐥𝐭𝐨 𝐒𝐚𝐧𝐨 empieza a tomar fuerza: esa 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐧𝐚 𝐜𝐚𝐩𝐚𝐳 𝐝𝐞 𝐩𝐨𝐧𝐞𝐫 𝐥𝐢́𝐦𝐢𝐭𝐞𝐬, 𝐝𝐞 𝐜𝐮𝐢𝐝𝐚𝐫𝐬𝐞, 𝐝𝐞 𝐡𝐚𝐛𝐥𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐨 𝐲 𝐝𝐞 𝐞𝐥𝐞𝐠𝐢𝐫 𝐜𝐚𝐦𝐢𝐧𝐨𝐬 𝐦𝐚́𝐬 𝐬𝐚𝐥𝐮𝐝𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬. Y cuando esto ocurre, es como si dentro de la persona se encendiera una luz que había estado apagada por años. Lo he visto muchas veces: el momento en que el paciente se da cuenta de que ya no depende de otros para sentirse seguro, porque ahora lleva consigo a alguien que siempre estará ahí… él mismo, en su versión más sana y compasiva.
𝐏𝐬‧ 𝐏𝐚𝐭𝐫𝐢𝐜𝐢𝐚 𝐔𝐠𝐚𝐫𝐭𝐞
Entrenadora y Supervisora Certificada por la International Society of Schema Therapy, ISST
www.cetep-esquemas.com