01/09/2026
Cuando decimos trauma, casi todo el mundo piensa en lo extremo: la guerra, el accidente, la agresión. Y sí, eso es trauma. Pero los traumas no son el suceso.
Son un clima…
Que puede llegar también creciendo sin ser visto. Una madre presente de cuerpo y ausente de mirada. Un padre imprevisible al que había que leerle el humor antes de hablar. Cuidar de quien debía cuidarte. Callar durante años porque nadie preguntó.
El trauma no es exactamente lo que te ocurrió. Es lo que quedó dentro de ti cuando aquello ocurrió y no hubo nadie al lado para ayudarte a digerirlo.
Una herida en la capacidad de sentir, de confiar, de habitar el propio cuerpo.
Por eso alguien puede tener una vida “objetivamente buena” y vivir en alerta permanente. Su sistema nervioso no se ha enterado de que la guerra terminó. Sigue defendiéndole de un peligro que acabó hace treinta años.
Y aquí viene lo que nunca podemos olvidar cuando trabajamos con personas: la hipervigilancia, el bloqueo emocional, la desconexión, la disociación, no son fallos.
Son soluciones.
Fueron la manera más inteligente que encontró un organismo, muchas veces un niño, de sobrevivir a lo insoportable.
Nadie “se pone así” porque sí. Cada síntoma tiene biografía.
Y la biografía se convierte en biología…
Lo que vivimos, y sobre todo lo que vivimos sin poder contarlo, no se evapora. Se inscribe.
En el eje del estrés, en el sistema inmune, en la musculatura, en el sueño, en el intestino…
Uno de los mayores estudios, el estudio ACE, con más de 17.000 participantes, encontró exactamente eso: a más experiencias adversas en la infancia, más probabilidad de enfermedad física y mental en la vida adulta. No como castigo. Como huella.
El cuerpo no miente ni exagera. Está contando, en el único idioma que le queda, una historia que nadie escuchó a tiempo.
El síntoma no viene a molestar: viene a avisar.
Por eso en la escuela no tratamos enfermedades. Acompañamos a personas con historia…
❤️🩹 Esta foto para expresar que después de 37 años todavía no sé bien regular la temperatura de mi cuerpo, estoy aprendiendo a dormir mejor, y ya no tengo tantos dolores físicos…
Te entiendo…
Te acompaño…