28/08/2026
El miedo nos habla de cómo nos vemos ante lo que no conocemos.
Es una emoción que conecta con la valoración que hacemos de nuestra capacidad para afrontar la incertidumbre o la novedad. También nos habla de las herramientas que creemos tener (o no) en ese momento.
Sin darnos cuenta, cuando sentimos miedo es fácil engancharnos y anticipar resultados en base a experiencias pasadas o a creencias sobre nosotros mismos que hemos terminado asumiendo como verdades inamovibles.
Para abordar esto, desde mi experiencia, no hay fórmulas mágicas. Pero sí algunas claves que pueden darnos pistas:
🔹 Calmarnos antes de resolver.
Empeñarnos en buscar soluciones mientras el miedo nos atrapa puede nublarnos todavía más. Si primero ayudamos al cuerpo a calmarse, después podremos buscar opciones con mayor claridad.
🔹 Cambiar el foco.
A veces necesitamos concretar y traducir aquello que nos bloquea en pasos más sencillos y alcanzables. Incluso puede bastar con identificar e imaginar cuál es el siguiente movimiento.
🔹 Activar la curiosidad.
La curiosidad puede ser una buena llave para explorar opciones. Podemos empezar observando comportamientos hábiles en personas cercanas y atreviéndonos a probarlos, adaptándolos a nuestra propia manera de hacer.
El desbloqueo y la motivación no siempre llegan cuando conseguimos hacerlo bien.
Muchas veces aparecen cuando empezamos a alimentar la sensación de “soy capaz”: cuando damos pequeños pasos, terminamos cosas y comprobamos que podemos acercarnos, poco a poco, a aquello que deseamos.
Al miedo hay que tratarlo con cariño y paciencia.
Solo así, quizá, la posibilidad de fallar deja de ser un freno y empieza a formar parte del camino.
¿Te gustaría aprender a relacionarte de otra manera con el miedo?
¿Necesitas transitar algún proceso de cambio en compañía?
Estaré encantada de conocerte y escucharte.
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