04/08/2026
Hay despedidas de curso que se escriben con unas pocas palabras.
Esta vez, para mí, no podía ser así. No suelo compartir algo tan personal, pero siento que este año merece ser nombrado.
A veces existe la imagen de que la psicóloga/o simplemente la persona que escucha, acompaña y sostiene. Y sí, eso forma parte de nuestro trabajo. Pero detrás de cada sesión hay mucho más de lo que no se ve: horas de estudio, reflexión, supervisiones, dudas, aprendizajes y un compromiso constante con seguir creciendo para cuidar mejor de quienes confían en nosotrs.
Pero este año también ha habido otro recorrido. Antes de sentarme frente a cada uno de vosotrs como terapeuta, he tenido que sentarme frente a mí misma, atravesar mis propias heridas y hacer terapia para poder estar más disponible y presente.
Porque detrás de la terapeuta también hay una persona. Una persona a la que la vida también le ocurre.
Este año perdí a alguien muy querida porque ya no encontraba la manera de seguir viviendo. Hay experiencias que te cambian por dentro y dejan preguntas sin respuesta. Volver a colocarme frente a cada paciente después de eso ha sido, muchas veces, un verdadero viaje.
Algunos días encontraba en vosotrs una fuerza inmensa: vuestra valentía y vuestra luz incluso en medio del dolor. Otros compartíamos la frustración de procesos largos, y entendía que acompañar también es permanecer y sostener la esperanza cuando todavía no puede sentirse.
Por eso quiero daros las gracias. Gracias a cada persona que este año ha compartido conmigo una parte de su historia. Sin saberlo, también habéis sido un aprendizaje para mí.
Ahora llega el verano.
Y esta vez sí me hago una promesa: descansar de verdad, disfrutar, respirar y volver con el corazón disponible.
También me prometo no olvidarme de acompañarme a mí misma. Porque cuidar significa saber detenerse y recordar que, para sostener a otros, primero hay que seguir sosteniendo la propia vida.
Gracias por caminar conmigo este curso.
Nos vemos a la vuelta. 🤍