02/02/2026
❤️🩹Nos enseñaron a romantizar el anhelo y desear lo que no está, no llega y no termina de materializarse. Como si cuanto más doliera, más “profundo” fuera el amor.
Crecimos viendo historias donde amar significaba esperar, aguantar, luchar por amor, sostener la incertidumbre... Vínculos donde la ausencia se vendía como misterio atractivo y la falta de compromiso o falta de reciprocidad como dificultades necesarias para que un vínculo sea deseable y "profundo". Y a base de repetición, el mensaje cala: si no anhelas en un estado de espera incierto y con dolor, "no amas de verdad".
Este aprendizaje tiene género: A las mujeres se nos ha enseñado históricamente que debemos ser pacientes, comprensivas, adaptarnos a las idas y venidas o inconsistencias del otro, aceptar vínculos incompletos donde nuestras necesidades no se ven cubiertas de forma sistemática. Sin embargo, a ellos, se les enseña a mantener las distancias, la ambigüedad y el “no sé lo que quiero” para priorizar lo que quieren o les apetece. Así se construyen relaciones asimétricas e inseguras, donde una desea más y la otra, se adapta y decide menos.
💔 Muchas veces eso que llamamos amor, no es amor.
Es nuestro sistema nervioso intentando encontrar coherencia y seguridad que están ausentes. Buscar validación, reciprocidad y certeza en un contexto que no las ofrece. El anhelo se vuelve "adictivo" porque promete algo que nunca termina de llegar.
El problema es haber aprendido que el amor implica estar a la espera de, quizás algún día, ser correspondidas. Nos enseñaron a confundir amor con ausencia.
✨️Pero las relaciones seguras no se sostienen en la espera eterna sin certeza. Se construyen sobre presencia, reciprocidad, cuidadoS, consistencia y coherencia. Se construyen cuando el deseo deja de ser persecución y sacrificio, y se convierte en "tranquilidad, reciprocidad y coherencia".
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