13/10/2026
Nace casi siempre desde el amor más profundo.
El deseo de evitarles dificultades, de abrirles puertas, de verles destacar para que el día de mañana todo les resulte más sencillo.
El problema aparece cuando la mirada solo se detiene en el resultado: las notas, el rendimiento deportivo o lo que consiguen frente a los demás.
Sin darnos cuenta, los niños aprenden a medir su valía en función de si cumplen o no con esa expectativa. Y el error, que forma parte indispensable del aprendizaje, pasa a vivirse con angustia y vergüenza.
Acompañar a un hijo también es enseñarle a tolerar la frustración, a disfrutar del proceso y a saber que su lugar en la familia no depende de una medalla ni de un sobresaliente.
Darte permiso como madre o padre para aflojar esa exigencia es, muchas veces, el mayor alivio para su salud emocional.